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El cura Contreras, Doctor Honoris Causa

La Universidad Nacional de Cuyo lo distinguió esta tarde. En una sala colmada de gente allegada al sacerdote y de personas que no lo conocían, amigos y autoridades universitarias ofrecieron unas palabras para homenajear la obra del padre.

Con la presencia  de las autoridades de la Universidad Nacional de Cuyo, alumnos, familiares, amigos –del clero y de la vida- y personas que querían conocer a un ser ejemplar, esta tarde se distinguió al padre Jorge Contreras con el título Doctor Honoris Causa.

Para celebrar el acto se escogió el Aula Magna Profesor Mauricio López de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales. El lugar no es casual ya que López fue uno de los compañeros de estudios de Contreras que desapareció durante la dictadura.

Su “íntimo compromiso con los sectores más necesitados de la sociedad”  fue la excusa suficiente para motivar el pedido de los alumnos del Centro de estudiantes para reconocer al cura Contreras. Alberto Molina, consejero superior por los estudiantes, se refirió al padre como “un hombre que ha sabido comprometerse en su praxis cotidiana y en su labor intelectual”.

Este elogio sólo fue el comienzo de tantos a lo largo de los discursos. El estudiante también señaló “la lucha incansable y el compañerismo incondicional para la transformación de esta realidad de pobreza”. Estas palabras fueron reforzadas por el padre Roberto Juárez, actual capellán de la Penitenciaría provincial, quien dijo que “el maestro es quien transmite vida” y continuó, mirando a Contreras: “ha sido uno de los regalos más grandes que Dios me ha dado el tenerte como maestro”.

Continuaron las palabras del decano de la Facultad, el magister Juan Carlos Aguiló, y el vicerrector de la UNC, Arturo Somoza, quién destacó que “los cargos honran al hombre pero, en este caso, el padre Contreras honra al doctorado”.

Sin embargo, la alocución más sentida fue la de su amigo y ex compañero de clero, Rolando Concati. El ex sacerdote no escatimó elogios: el padre Jorge “honra la especie humana y a los sacerdotes. Porque uno no es lo que dice, es lo que hace”.

Concati recordó los tiempos compartidos en el Seminario y exclamó, lo que muchos no se atreven a decir, “si alguien estaba destinado a ser obispo, era Jorge; pero se suicidó clericalmente al irse con un grupo marginal”. Esto lo decía en referencia al apoyo de Contreras a los padres tercermundistas y a los sacerdotes que fueron parte –Concati entre ellos- del Movimiento de los 27 cuando hubo un éxodo masivo de los hombres consagrados.

Finalmente fue el turno de Contreras, quien con su voz hizo emocionar, reír y hasta llorar a los presentes del auditorio. Su sola presencia bastaba para transmitir su paz a quienes habían ido a reconocer su lucha incansable.

Con su humildad característica, el sacerdote no habló de él sino que ocupó su tiempo para agradecer a la Universidad –en donde se graduó en Historia y Geografía- y dar un mensaje a los jóvenes estudiantes: “cuando uno pisa estas aulas tiene que estar agradecido porque aquí está el alma máter de la cultura de Mendoza. Pero no se puede sólo estudiar, quedarse en una burbuja; tiene que haber una proyección hacia la sociedad.”

Su paso por la cárcel y distintos barrios marginales de la provincia, como su acción cotidiana en el Bº La Gloria, lo convierten en “palabra autorizada” para aconsejar a los jóvenes sobre la labor social y el rol que a cada uno le toca.

Además de un mate, el diploma y la placa, el inesperado regalo vino por parte de su sobrina, Maria Soledad Contreras. Ella tomo el micrófono y comenzó a cantar, previa dedicación a su tío Jorge “ya que fue quien me impulsó a la música”.

Y fue así que sólo la actuación de Simpecao –la agrupación de flamenco que ha trascendido las fronteras provinciales- pudo cerrar el acto emotivo que a todos dejó como enseñanza que vale la pena luchar por un mundo mejor, tal como lo hace a diario el cura Contreras.

Ejemplo de vida

Marcelino Altamirano, ex presidiario y actual director de La casita Puente Afectivo, se refirió al padre Jorge Contreras como un ser “que para mí es todo”.

Altamirano conoció al padre cuando Contreras era capellán del penal y mencionó, que al igual que todos, está muy emocionado porque los homenajes se deben hacer en vida. Para destacar la labor del cura contó la siguiente anecdota: “En una navidad al padre le regalaron pollo, pan dulces y otros alimentos. Él repartió todo y se quedó sin comida para él, ése es el padre Contreras”, finalizó el hombre.