Uspallata: riqueza bajo tierra, pobreza en la superficie
El autor, legislador provincial, defiende el proyecto minero San Jorge y asegura que la minería podría impactar positivamente en Uspallata.
Hay lugares que tienen todo para salir adelante, pero llevan años atrapados en el mismo laberinto. Uspallata es uno de ellos. Un pueblo cordillerano lleno de historia, belleza natural y gente trabajadora. Un lugar que alguna vez fue clave en nuestra independencia y que, sin embargo, hoy convive con cifras durísimas: más del 60% de su población está bajo la línea de pobreza y uno de cada cuatro vecinos vive en la indigencia.
¿Cómo se llega a eso? La gente de Uspallata trabaja, se esfuerza, la pelea todos los días. Pero lo cierto es que no hay muchas más oportunidades que el empleo estatal —hospital, escuelas, Gendarmería— o actividades como el comercio local y el turismo, que tiene picos de movimiento solo en ciertas épocas del año, como el verano o los fines de semana largos. Y cuando esos momentos pasan, la economía se queda sin impulso.
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Y hay algo que duele aún más: ver cómo los jóvenes se van porque no encuentran un futuro en su propio lugar. No porque quieran irse, sino porque no les queda otra.
Pero lo más desconcertante es que esto pasa en un lugar que tiene recursos. Uspallata está asentada sobre un territorio con potencial geológico enorme. Y fue minera antes que nada. Ya en el siglo XIX, de esas minas salió el mineral que permitió a San Martín fabricar municiones y armas para el Ejército Libertador. Este pueblo fue parte de la historia grande de la Argentina. Hoy, esa misma tierra sigue esperando una oportunidad para su futuro.
No podemos naturalizar que un pueblo con recursos y con historia viva empobrecido. No podemos seguir aceptando que las oportunidades pasen de largo mientras la gente se conforma con sobrevivir. Porque Uspallata no nació para ser pobre. Y mucho menos para resignarse.
Por eso, cuando vuelve a hablarse del proyecto San Jorge -que no prosperó en 2011-, hay que hacerlo con la seriedad que el presente exige. Por eso hoy vuelve reformulado, con otra ingeniería, con una mirada ambiental más exigente, con nuevas tecnologías y sistemas de control. Se llama PSJ Cobre Mendocino. Y puede ser esa oportunidad que se perdió hace 15 años. Un punto de partida para empezar a cambiar la historia.
La minería no es la única solución, pero puede ser una parte clave. Puede generar empleo genuino, registrado, con salarios dignos. Puede mover el comercio, mejorar los servicios, ofrecer futuro a los que hoy no lo tienen. Sobre todo a los jóvenes, que merecen quedarse y crecer donde nacieron.
Y tiene que hacerse bien. Con controles, con participación de la comunidad, con respeto por el ambiente. Como se hace en otras provincias, como se hace en muchos países del mundo. Mendoza no es menos. No puede seguir postergando a su gente por miedo, prejuicio o conveniencia política.
Este no es un debate técnico. Es una decisión humana. Es elegir entre seguir como estamos o animarnos a dar un paso para adelante. Entre seguir viendo cómo se empobrece un pueblo entero o apostar por una actividad que, bien hecha, puede traer desarrollo de verdad.
Uspallata tiene historia minera. Tiene potencial geológico. Tiene gente que quiere trabajar. Lo que necesita ahora es una oportunidad. Y esa oportunidad está ahí, bajo nuestros pies. Solo hace falta dejar de mirar para otro lado.

