"Trabajamos hasta 70 horas semanales": los repartidores de apps reclaman ante la reforma laboral
María Belén D’Ambrosio advierte que los repartidores ya viven el modelo que la reforma laboral busca expandir al resto del mercado.
Belén D'Ambrossio habló con MDZ a propósito de la reforma laboral.
Santiago Aulicino/MDZEn las calles de Buenos Aires, los repartidores pedalean bajo el sol, la lluvia y el frío extremo para cumplir con pedidos que muchas veces no alcanzan a cubrir sus propios gastos. Trabajan hasta 70 horas por semana, facturan como monotributistas y no cuentan con cobertura médica ni ART. Sin embargo, las plataformas que organizan su trabajo insisten en que no son empleados, sino “colaboradores independientes”.
María Belén D’Ambrosio, secretaria general del SiTraRepA (Sindicato de Base de Trabajadores de Reparto por Aplicación), sostiene que esa definición encubre una relación de dependencia. Para ella, el algoritmo es el verdadero “medio de producción”, y la base de lo que considera un fraude laboral que se arrastra desde la llegada de estas empresas al país.
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En medio del debate por la reforma laboral impulsada por el Gobierno, D’Ambrosio habló con MDZ y advierte que el modelo que hoy rige para los repartidores podría convertirse en norma para el resto del mercado de trabajo. “Nosotros ya vivimos lo que quieren hacer con la contrarreforma”, afirma.
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¿Para arrancar, quería consultarte algo más elemental, si se quiere, que tiene que ver con la jornada laboral de los repartidores hoy?
La jornada de los repartidores excede la jornada legal semanal. Los trabajadores de reparto que vivimos de las aplicaciones llegamos a estar 70 horas por semana trabajando. Eso implica jornadas de 8 a 10 horas, seis días a la semana, e incluso de 12 o 16 horas.
Estamos en un contexto de recesión y baja demanda. Dependemos de la cantidad de pedidos que hacemos por día y eso varía muchísimo. Entonces, para alcanzar un ingreso cercano a un millón o un millón y pico —que tampoco nos permite vivir— tenemos que trabajar esa cantidad de horas, alrededor de 70 horas semanales.
¿Durante la pandemia ustedes fueron considerados trabajadores esenciales, pero no gozaban de derechos laborales. Desde ese momento hasta hoy, qué cambió?
La realidad es que el problema sigue vigente. El problema central es que nos niegan nuestra condición de trabajadores. Las empresas argumentan que somos independientes, autónomos, con el discurso del “propio jefe”. Sobre esa base nos niegan todos los derechos que se desprenden de una relación laboral.
Dicen que no dependemos de la empresa, pero nosotros dependemos del algoritmo. Nuestro medio de producción es el algoritmo, que desarrollan las empresas. Dependemos de los ritmos que nos imponen, de los pedidos que nos asignan y de la empresa para facturar y cobrar. Es la empresa la que deposita el pago semanal. Hay una relación de dependencia encubierta y eso configura un fraude laboral que se comete desde que estas empresas llegaron a la Argentina en 2017 hasta hoy.
¿En el sindicato, si bien como decías no tiene representación legal por el momento, por quién está compuesto? ¿Cómo podemos describirlo en términos heterogéneos?
Nuestro sindicato de base está compuesto por trabajadores de distintas aplicaciones: de traslado de alimentos y de personas. Hay compañeros de Pedidos Ya, Rappi, Cabify, Uber, Mercado Envíos. Todos desarrollan sus tareas a través de plataformas.
Son trabajadores y trabajadoras que vemos la necesidad del reconocimiento de la relación laboral, de nuestros derechos y del reconocimiento legal del sindicato como herramienta para revertir esta situación de extrema precariedad, vulnerabilidad y superexplotación.
¿Y cómo es la negociación colectiva o el reclamo en el marco de plataformas digitales?
Primero hay un “operativo esconderse”. Se presentan como empresas fantasmas, sin edificios visibles. Pero existen: Pedidos Ya depende de Delivery Hero, con sede en Alemania; Rappi es colombiana; Mercado Envíos depende de Galperín, con sede fiscal en Uruguay.
Nuestro reclamo es doble: a las empresas por el reconocimiento de la relación laboral y al Estado por su rol complaciente. Han permitido que estas empresas operen burlando la Ley de Contrato de Trabajo y la Ley de Riesgos del Trabajo. Trabajamos sin ART. El reclamo es a ambos.
¿Cómo debería ser una reforma laboral óptima que los beneficie?
La discusión está mal encarada desde el inicio. Esta reforma laboral no es una reforma, es una contrarrevolución laboral. Es un ataque global a todo lo que conocemos como derecho laboral. Se habla de destruir el derecho a la indemnización, el derecho al salario, incluso a fraccionar vacaciones.
Se habla de “común acuerdo”, pero entre empleado y empleador no hay igualdad de condiciones. La legislación vigente protege al trabajador en esa asimetría. Con esta contrarreforma quieren desmantelar ese marco.
Nosotros ya vivimos ese modelo: salario por productividad, jornadas de 12 o 16 horas, sin vacaciones, sin cobertura. Quieren legalizar la figura del repartidor independiente y convertir en norma lo que hoy es un fraude laboral.
¿Qué puntos debería tener una reforma laboral para que se acerque a algo positivo?
No creemos que este sea el contexto para debatir una reforma. Este gobierno declaró una guerra contra los trabajadores. Lo que buscan es eliminar el derecho laboral.
Nosotros reclamamos algo concreto: reconocimiento de la relación laboral, blanqueo de nuestra condición y un convenio colectivo adaptado a las plataformas. La Ley de Contrato de Trabajo debe defenderse. Puede discutirse un convenio específico, pero no desmantelar derechos.
¿Sabemos si se están sindicalizando en otros sectores de Latinoamérica?
Sí. Hay experiencias en México, Colombia, Ecuador, Italia, Filipinas, Hong Kong. En todo el mundo hay organizaciones contra la figura del falso autónomo.
En 2023 impulsamos el primer Congreso Internacional de Trabajadores por Plataforma en California, con representantes de 17 países. La “uberización” no se va a quedar solo en la logística y el reparto. Puede extenderse al periodismo, la docencia o la medicina.
¿Cómo notan la recepción social a la hora de plantear sus reclamos?
Recibimos mucho apoyo. A veces parecemos invisibles, pero se empieza a visibilizar que detrás del pedido hay personas. Estamos expuestos a accidentes, clima extremo, cargas irracionales. No tenemos obra social.
También se habla más de las propinas y del algoritmo como “caja negra”. No sabemos cómo se calculan kilómetros o pagos. Todo eso se está haciendo visible.
¿Cuál es el reclamo más urgente hoy o cómo viene la negociación por la personería jurídica?
Tenemos un expediente en el Ministerio de Trabajo desde 2021, con alrededor de 2.500 afiliados. El reclamo urgente es el reconocimiento del sindicato y de la relación laboral.
Modernizar no puede significar esclavitud moderna. Las tecnologías deben servir para resolver necesidades sociales, no para explotarnos. Queremos derechos plenos y un convenio colectivo acorde. Este miércoles movilizamos contra la reforma laboral. Creemos que es regresiva de principio a fin.

