Séneca, el filósofo que aconsejó a Nerón, tiene razón: ningún viento sirve si no hay plan
El autoabastecimiento energético, la suba de los precios de materias primas, la apertura de importaciones no son suficientes si no hay un proyecto sensato de Nación.
Ningún viento es favorable para quien no ha decidido a qué puerto quiere arribar. Aunque no exacta, es una posible lectura de una de las reflexiones de Séneca, aquél filósofo que aconsejó a Nerón hasta que el emperador fue capturado por la paranoia y la desmesura. Nerón forzó a su viejo maestro al suicidio, luego él mismo se quitó la vida.
Bien vale la parábola para la Argentina, hoy. No porque en la cúspide del poder se encuentre Nerón, aunque al emperador también al principio de su mandato le festejaban sus excentricidades. Mucho menos porque tenga como consejero a un estoico, intelectual profundo e incorruptible. El aforismo es útil cuando se revisan datos, estadísticas, números, comportamientos en nuestro país ante el panorama de un Mundo inasible, abrumado, sorprendente.
De la tempestad a la brisa
Aquietar el vendaval inflacionario y detener la fiebre en la cotización del dólar han gozado de aplausos inéditos y no sólo por palmas, sino por votos en una segunda elección, la de medio término, en la que la gestión Milei fue rescatada como Margarita en el Fausto de Goethe. La campana antes de un knockout seguro que hizo tañer Trump desde el norte, permitió ese crédito extendido a la gestión del gobierno. El sonido de la campana se apaciguó demasiado pronto. Cobró lugar el ruido que genera el malestar social con la economía, con el desfinanciamiento del PAMI, con los recortes en zonas sensibles del presupuesto, con el desacato del poder ejecutivo para dar cumplimiento a la ley de financiamiento universitario. El trato hostil y contestatario del presidente ante cualquiera que destaque esa insensibilidad y los dislates, provocan reacciones que por violentas suenan caricaturescas, pero no menos lesivas. Los hechos de corrupción funcionan como alcohol en las heridas. Irrita, duele, arde, pero aún hay una porción que mantiene esperanza en que después ese padecimiento habrá valido para soportarlo.
La realidad no es la única verdad, pero es la que más se le parece
El apotegma aristotélico que con tanta destreza supo utilizar Perón, hoy permite otras lecturas. Hay realidades múltiples pero además, la verdad ha perdido su espesor y su cotización ha caído. El discurso (relato, según prefieren muchos) tiene más potencia que el hecho. La imposibilidad de constatación fáctica conspira y confunde. El auxilio de la inteligencia artificial colabora. Vemos escenas que nunca ocurrieron. Escuchamos declaraciones que no pertenecen al actor que sugiere decirlas y en simultáneo, un presidente interpreta su propia carictura.
Límites confusos
Aunque el sistema persiste en imponer sus límites, cuando son los propios líderes quienes los transgreden, resulta imposible atender las líneas del plano. Pretender pasar la manzana por la caja del autoservicio modificando su precio o peso puede resultar tentador, pero habrá una encargada avispada o un detector que impedirá la fechoría, el pecado será anulado y todo recuperará su previsión. Habrá impedimento (represión) o castigo. Siempre que se trate de unas manzanas o algunas cuestiones menores. Si acaso se trata de narcotráfico, lavado de activos, extorsión a gran escala, fuga de capitales, malversación de fondos públicos, pagos excesivos, licitaciones amañadas, compras directas, comisiones impropias, dineros de remitentes desconocidos, habrá que esperar que el sistema corrija esos desvíos. Un verdadero acto de fe y una importante dosis de ingenuidad. Insoportable
El único proyecto es el poder
Detectar que no existe un proyecto, ni de nación ni de sociedad, por parte de quienes ocupan hoy los lugares preeminentes en el poder ejecutivo, no exige un gran esfuerzo. La aspiración se agota en detentar el poder. Se ve en los números. En los resultados. La balanza comercial arroja cifras que despertarían sonrisas en cualquier gestión que tenga como meta producir más y mejor. Pero sólo es más. Los volúmenes de bienes exportados se multiplicaron por cuatro, sin embargo esa adición no tuvo correlato en los ingresos de divisas, que apenas superaron el 20%. Se extrajo más. Se consiguió más cantidad de bienes para sacar al mundo, pero el rédito (la eficiencia) fue muy menor en comparación. Y las importaciones, que crecieron en menor medida, no fueron en bienes de capital. Ni maquinaria ni tecnología, el crecimiento enorme estuvo dado por la importación de objetos que hasta hace algunos meses se fabricaban y se comercializaban acá. Las ofertas chinas abundan. Acaso sólo engrosan en el tejido local un poco más de gestión en la distribución. Esto lesiona dos pilares en la estructura económica: la industria y el comercio. Ambos sectores son los que más empleo registrado demandan. Vamos sacando cuentas.
Anatomía de la Argentina.
Ignorar o adulterar la historia nubla el presente y amenaza el futuro Si la historia clínica es de otro paciente el diagnóstico será errado y el tratamiento incorrecto. Ocurre hoy en nuestro país. Los padecimientos y dolores por decisiones erradas han atenuado el crecimiento, sí. Hay razones para pensar que Argentina debería tener una mejor calidad de vida, sí. Enamorarse y enredarse en el debate anacrónico (colonizante) que suele plantearse entre derechas e izquierdas esconde un análisis más determinante: quiénes son merecedores de formar parte de la Nación y cuál es el punto de equilibrio entre sus habitantes.
Lo simbólico omnipresente
Han pasado 29 meses desde que asumió Milei, o sea, ya perdió su condición de nuevo, pues ha usado el 60% del tiempo de su gobierno y la síntesis puede estar muy bien representada con el símbolo distintivo: la motosierra. No es la pluma y el martillo radical, ni las manos estrechándose en el escudo del peronismo, tampoco el botón de play del pro. Un artefacto que funciona con el aporte de combustibles fósiles y su utilidad se reduce a talar, fragmentar, romper, en definitiva: amputar. Sin una discriminación inteligente, ese artefacto se convierte en un arma que amenaza y destruye. Una motosierra que entre varias instituciones, ha estropeado la investidura presidencial, con actitudes hostiles, ofensivas, agresivas, insultantes e insensatas. Y con pulso errático ha mutilado la confianza de quienes aspiraban ver una gestión decente.
El equilibrio más sensible es de orden mental
El índice GINI es un indicador que evidencia las desproporciones. Es el dato que desnuda una distribución concentrada y una pobreza extendida. Hoy en Argentina un 10% tiene 13 veces más recursos que los que menos tienen. Esto no es nuevo, pero sí lo que señala el Banco Mundial. Le asigna un récord. Argentina, en el último año está entre los 4 países que más ha crecido en inequidad. Cuando los números ayudan a consolidar el ansiado equilibrio fiscal, dilapidar el capital político no tiene precio. Resulta difícil explicarlo. Los recursos naturales, la extensión de su geografía, la capacidad productiva, las posibilidades de generar alimentos y energía; la historia educativa, sanitaria; las cualidades intelectuales en lo científico, tecnológico, artístico, deportivo, sugieren que Argentina lo posee todo, pero carece de lo que hoy es vital: una definición política propia, traducido a conceptos clásicos: carece de soberanía en el diseño de políticas. Como reza el axioma: la única posibilidad para poder romper un plan es: tenerlo. La improvisación es sólo apta para genios pero aquí ya no se fabrican lámparas y no hay manos dispuestas a seguir frotando en vano

