Por qué se trabó el acuerdo para suspender las PASO que el Gobierno daba por cerrado
Tras la derrota por la Ley de Tierras, los aliados endurecieron su postura. En la UCR suenan Pullaro, Valdés y Cornejo, pero ninguno se muestra interesado.
Javier MIlei y Diego Santilli y el desafío de las PASO.
N/AEl proyecto para suspender las PASO, que el Gobierno daba por resuelto hace apenas tres semanas, entró en zona de turbulencia.
a combinación de un traspié legislativo y un movimiento inesperado dentro del radicalismo dejó en veremos una reforma que el oficialismo necesita cerrada antes de que termine septiembre.
El plan original: colectoras para todos
La ingeniería electoral que diseñó el Gobierno era sencilla. Eliminadas las primarias, entraría en escena el sistema de listas colectoras: el mecanismo por el cual los gobernadores aliados pueden colgar sus nóminas de legisladores provinciales de la boleta presidencial de Javier Milei, que irá por la reelección en 2027.
Para los mandatarios radicales, ese esquema resolvía una ecuación incómoda. En sus distritos conviven un electorado compartido con el oficialismo nacional, un nivel de adhesión considerable a la figura del Presidente y, sobre todo, la falta de una figura capaz de encarnar una alternativa competitiva frente a La Libertad Avanza.
Sin candidato propio a la vista, colgarse de la boleta libertaria aparecía como el camino más redituable.
Lo que rompió el clima
El primer golpe llegó desde el Senado. La caída de la Ley de Tierras no solo significó una derrota parlamentaria: reconfiguró el vínculo con los gobernadores.
Varios aliados terminaron votando en contra de una iniciativa que decían compartir y que, además, favorecía a sus propias provincias.
El contraste con las semanas previas es marcado. Tras el desembarco de Diego Santilli en la Jefatura de Gabinete, la Casa Rosada había desplegado una ofensiva de seducción hacia los socios que parecía dar frutos: la suspensión de las PASO contaba con los votos de la UCR y del PRO y se descontaba su aprobación.
El segundo golpe fue interno del radicalismo. Un sector del partido empezó a advertir que renunciar a las primarias implicaba resignar la única herramienta institucional para dirimir liderazgos, un problema mayor si llegara a emerger un candidato con chances de representar a la centroderecha.
En los últimos días, algo movió esa ficha y reavivó en la UCR una expectativa que parecía clausurada: la de competir por la Presidencia.
Lo que el Gobierno todavía tiene atado
No todo se le desarmó al oficialismo. En Balcarce 50 dan por descontado el acompañamiento del PRO, especialmente después del acercamiento entre Karina Milei y Mauricio Macri, que derivó en la creación de una mesa política orientada a construir una alianza electoral.
A ese bloque suman el radicalismo que responde a Alfredo Cornejo y a los gobernadores del norte y la zona cordillerana, con quienes La Libertad Avanza busca sellar un entendimiento rumbo a 2027.
La urgencia, en todo caso, no es política sino administrativa: la Cámara Nacional Electoral exige tener el cronograma definido para octubre, lo que obliga a que el Congreso resuelva el destino de las PASO durante septiembre.
En el oficialismo se muestran confiados. Admiten el error de cálculo con la Ley de Tierras, pero exhiben como prueba de buena sintonía los dictámenes conseguidos en Diputados para la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central y para Inocencia Fiscal.
La discusión que se abrió puertas adentro de la UCR
En el último encuentro de "Radicales, estamos a tiempo" —el espacio que nuclea a dirigentes históricos como Ernesto Sanz, Jesús Rodríguez y Mario Negri— se planteó una definición que hasta hace poco sonaba impracticable: que el partido lleve candidato propio a la Presidencia, para no repetir el naufragio de la estrategia de 2023. En la misma reunión se pronunciaron en defensa de las primarias.
De aquella exigencia surgieron algunos brotes verdes. Se habla de construir una candidatura, aunque nadie se anima todavía a poner un nombre sobre la mesa.
El radicalismo tiene en su poder cinco provincias y numerosas administraciones boutique con gestiones bien evaluadas, pero no logra traducir eso en volumen nacional.
Entre los militantes circulan las opciones de Maximiliano Pullaro, Gustavo Valdés y el propio Cornejo. En los entornos de los tres, sin embargo, no aparece por ahora ninguna señal de que estén dispuestos a dar esa pelea.