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Mendoza underground: las dos realidades ocultas que salen a la luz

Las contingencias climáticas sacan a superficie problemas soterrados, una Mendoza oculta en medio de la promoción del "sálvese quien pueda". Hay otra realidad bajo tierra: qué pasa con el caso Bento y sus vinculaciones.

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La premisa que se ha instalado es algo peligrosa para épocas de crisis: “a los mendocinos les importa su metro cuadrado”, priorizando la individualidad con un concepto geográfico. Mientras esa idea se impone, hay una Mendoza “bajo tierra”, únderground, que en las últimas semanas salió a la superficie por la fuerza de la naturaleza, más que por la voluntad de otros. “Fue un rugido”, repetían los vecinos de la Sexta Sección cuando escuchaban el ruido del agua que bajaba por el zanjón. El ruido llegó antes que el agua y la ayuda más tarde que la necesidad: la creciente se llevó a Rita, una mujer que vivía en ese curso de agua y que desapareció. No era la única, pues los canales aluvionales de la provincia se convirtieron en el último sitio de resguardo, de escondite de personas que, marginadas, construyen su vida allí. Por obvias razones son lugares que los visitan más máquinas que agentes del Estado, pero al recorrerlas se conoce el extremo de la marginación mendocina, del deterioro.

El bramido del agua despertó a la provincia con una de las tormentas más severas que se recuerde en los últimos años y, nuevamente, la naturaleza hizo despertar las crisis soterradas de Mendoza. “Otra vez a empezar”, decía una vecina de Las Heras a la que el agua la dejó sin casa; otra vez. Es una de las 100 mil familias que demandan vivienda y que no tendrá chances en el mediano plazo de cambiar de modo de vida. El agua, dice, pasó con furia. Fue una tromba. Más de 70 mil familias sin luz, cerca de un millón sin agua. Bienes propios destruidos por el agua y, gracias a la prevención en la contingencia, no hubo dramas peores. Sí un desastre cuando el agua se va. “Todo quedó destrozado”, repetía la mujer que había visto navegar autos y, también, su ropa, comida y los juguetes de sus hijos.

Zanjon Tormenta Mendoza

Nuevamente, la naturaleza avisa y es un catalizador de los problemas estructurales que están soterrados. Y va a seguir pasando. Así lo advierte el Panel Intergubernamental para el Cambio Climático, que desde hace décadas tiene un cartel en rojo: los fenómenos meteorológicos extremos serán más frecuentes y dañinos. Las consecuencias no son solo material para documentales: quedará más expuesta la desigualdad de acceso a recursos, habrá más enfermedades relacionadas con el cambio climático (algunas trasmitidas por vectores, como el dengue), riesgo crítico para la salud y también la economía, en la forma de producir. En Mendoza habrá menos agua disponible desde la cordillera (así lo advierte el IANIGLA), más lluvias y más intensas en algunas épocas y riesgos latentes surgidos en base al cambio climático.

San Martín - Daños tormenta
San Martín - Daños tormenta

San Martín - Daños tormenta

Que en pocos minutos caigan 53 milímetros de agua en calle Boulogne Sur Mer genera ríos de agua, pero además una catástrofe habitacional para los vecinos de los barrios Olivares, Flores, Soberanía y la Sexta. Que en el Este el viento destruya árboles centenarios deja a la intemperie a miles de vecinos que se quedaron sin luz y hasta con escuelas en riesgo. Que en el Sur las mangas de piedra sean más frecuentes hacen dudar hasta de la matriz productiva futura. Las crisis ambientales generan más pobreza y hacen salir a la superficie la Mendoza que convenía mantener bajo tierra. Lo ocurrido durante la semana no fue una tormenta, sino una advertencia.

Otra Mendoza oculta: el caso Bento

De un modo más retórico hay otra Mendoza bajo tierra que tiene otras podredumbres. Es lo que ocurre con la corrupción, sobre todo la que incomoda alrededor del poder. Durante la semana habrá un hecho histórico relacionado con ese submundo: habrá sentencia en la causa judicial en la que se investigó un sistema de corrupción que funcionaba alrededor de la justicia federal y tenía como epicentro al Juzgado Número 1 que era conducido por Walter Bento. Desde la “sala del rey”, se otorgaban favores procesales a cambio del pago de coimas, con una red de abogados, gestores judiciales que merodeaban el viscoso mundo de los delitos pesados y la justicia federal; ese mundo en el que suelen mezclarse los roles. Bento y los otros 30 acusados tendrán espacio para sus últimas palabras, luego vendrá el veredicto y, si son hallados culpables, habrá otro juicio rápido para conocer las penas.

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El juicio tiene tinte de histórico porque no hay antecedentes de procesos de esa magnitud en casos de corrupción en Mendoza, un tipo de delitos que gozan de una impunidad enorme. Menos antecedentes hay de un proceso que se inicie cuando alguien está en ejercicio del poder. Ese calificación puede llevar, igualmente, a confusión que por prudencia se plantea como duda: ¿es el caso Bento el inicio de un mani pulite mendocino, un cambio para erradicar los nichos de corrupción estructural que se mantienen soterrados? Difícilmente. Aunque el caso Bento es extraordinario por su volumen, no es la primera señal de podredumbre en los tribunales federales.

El juicio contra el exjuez, que fue destituido por mal desempeño y lleva dos años preso (demasiado para alguien en proceso), incomoda a otros actores. Con la investigación judicial quedó expuesto el juego de relaciones en Tribunales, la política y los negocios. Por eso, por ejemplo, fue difícil encontrar juez y tribunal que juzgue: entre los jueces elegidos siempre se hallaba alguna relación con el acusado. Lo mismo al armar el árbol de vínculos en la política y los influencers reales. Hubo dos coformaciones de tribunales para juzgar a los acusados que fracasaron. Y las encargadas de llevar adelante el juicio son tres mujeres, justo en un ámbito donde la testosterona suele pesar más. Tres mujeres y que vienen de afuera de Mendoza para evitar contaminación social cruzada. La puntana Gretel Diamante lidera el tribunal. Es una mujer que sabe de las presiones del poder. Fue fiscal provincial en Villa Mercedes e impulsó sola una causa que terminó con ministros presos. Investigó y lideró una investigación contra el Gobierno de Alberto Rodríguez Saá, cuando estaba en su máximo poder donde se descubrió que el Gobierno de San Luis extorsionaba jueces para manejar la justicia: les hacía firmar la renuncia ni bien asumían para que respondieran a sus órdenes. Por eso para Diamante las chicanas que algunos abogados y acusados de la causa Bento son casi cosquillas al lado de lo que vivió.

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Bento llegó apadrinado por el gurú peronista Juan Carlos Mazzón y bien apadrinado. La confianza y el “respeto” con dirigentes locales y personas influyentes en el Centro Cívico supo ganárselo más por el poder de su lapicera que por su simpatía. La trama de corrupción que se puso sobre la mesa era conocida. Pero nadie esperaba que fuera juzgada. Bento era innombrable, una especia de Voldemort, cuando las pruebas comenzaron a aparecer. Más de un teléfono fue receteado para borrar huellas y más de una explicación tuvo que ser dada en la cúpula del poder político y judicial de Mendoza. Son los mismos que esperan que en la primera semana de febrero el de Bento sea “un caso cerrado”: que no haya secuelas y todo siga igual; sin que se ahonde en una enorme duda: cómo podía haber una matriz de corrupción tan grande alrededor de un juez de primera instancia que tenía vínculos fluidos con la cúpula judicial y política.

Esa realidad underground de Mendoza no se va con un aluvión.