Luis Naidenoff cuestionó a Caputo y Milei: "El Gobierno perdió la sintonía social"
Luis Naidenoff, referente de la UCR cuestionó el uso de fondos públicos, alertó por la falta de inversión y reclamó una alternativa al Gobierno.
Luis Naidenoff en Entrevistas MDZ.
Tatiana Colangelo / MDZEl equilibrio fiscal, uno de los principales pilares del programa económico de Javier Milei, quedó bajo la lupa de Luis Naidenoff, un dirigente radical que conoce de cerca el funcionamiento del Estado. Desde la Auditoría General de la Nación (AGN), cuestiona Luis Caputo por sostener las cuentas públicas con un crédito entregado para reparar el ferrocarril. "El ministro reasignó 400 millones de dólares de un crédito del BID, previsto para la modernización integral de la línea San Martín, hacia la sostenibilidad de su programa económico", comentó.
En Entrevistas MDZ, también advierte sobre las consecuencias sociales del rumbo económico, cuestiona la reasignación de recursos destinados a la modernización ferroviaria y reclama que el radicalismo abandone la lógica de la polarización para construir una alternativa política. “Lo que perdieron Milei y el Gobierno es la sintonía social”, sostiene.
-Siempre defendió el equilibrio fiscal, pero ahora sos crítico de cómo lo gestiona Luis Caputo, ¿qué estás viendo en el manejo de las cuentas públicas?
-El equilibrio fiscal es un dibujo, y es muy simple explicar por qué. Si se sostiene el equilibrio fiscal incumpliendo fallos judiciales como el de la Corte en materia universitaria, si no se cumple con la Ley de Discapacidad, que tiene un fondo asignado para eso, si se recurre al Fondo Vial Fiduciario y se lo destina, como dijo el propio vocero oficial, a "la sostenibilidad del modelo económico", es falso.
-Y desde la auditoría, ¿encontraron algo que les llamara particularmente la atención?
-Hay algo que es grave y delicado, porque hablamos de vidas. Auditamos la línea San Martín, en el período 2023-2024, que corresponde a la gestión de Milei. En 2024 esa línea sufrió un accidente muy fuerte: 66 heridos y dos personas de gravedad. Lo que detectamos en la auditoría es que esa línea presenta la misma falta de inversión y las mismas fallas que llevaron a la tragedia de Once. Pero acá hay un agravante: en 2017 se había logrado un acuerdo con un banco para destinar 400 millones de dólares a la modernización integral de la línea San Martín —de esos 400 millones, 122 millones debía aportarlos el Estado, y no aportó nada—. El ministro Caputo reasignó esos 400 millones de dólares, que no habían sido utilizados, hacia la sostenibilidad del programa macroeconómico de la Argentina.
-¿Qué conclusión le da todo esto?
-No es solamente el Fondo Vial o el sistema hídrico, son líneas de crédito que el Estado no ejecutó lo que está sosteniendo el equilibrio fiscal. Los 400 millones de dólares de un sistema pensado para sostener los trenes en la Argentina fueron desviados para sostener el plan macroeconómico, y en algún momento se van a tener que devolver.
-¿Con qué se encontró en la auditoría?
-Veníamos de un tiempo de auditores que no habían sido designados ni por la Cámara de Diputados ni por el Senado. Y en las principales auditorías hay un hilo conductor que tiene que ver con un Estado que tiene la capacidad de desertar de manera crónica de sus obligaciones de control, y que no toma nota de los hallazgos de la auditoría para corregir y mejorar la eficiencia y la eficacia del Estado. Creo que hay un problema endémico. Pero también hay algo que se da fundamentalmente en este período de gestión, que tiene que ver con un Estado que desertó de sus obligaciones principales en materia de control, y que ha discontinuado muchísimos programas que no ha ejecutado.
-¿Cómo ve el rol de los bloques de la UCR en el Congreso?
-En una primera reflexión, ejercer una oposición responsable en una Argentina marcada a fuego por la polarización exacerbada es muy complejo, pero hay que hacerlo. En el partido acompañamos, y muchos legisladores acompañaron, porque éramos conscientes de que este Gobierno gobernaba en minoría, no tenía mayoría en las cámaras y necesitaba acuerdos para sostener y llevar adelante los primeros ejes de política que nosotros respaldamos. Es decir, acompañamos el orden macroeconómico, la necesidad de un país que tienda a una inflación a la baja, de un Banco Central que ordene: eran trazos gruesos que creo que la sociedad también acompañaba.
-Eso se puede entender en un primer momento, ahora, pasó agua debajo del puente...
-Después de dos años y pico de gestión, hay un desequilibrio y una expulsión social de los sectores medios y medio-bajos que son alarmantes, y que el Gobierno no toma nota. Y creo, honestamente, que los legisladores del radicalismo y de otras fuerzas políticas que han acompañado deberían advertirlo. Te voy a dar un solo ejemplo: el incremento de la morosidad en la Argentina. Seis millones de deudores ingresaron en mora en el sistema financiero y no financiero, fintech, billeteras virtuales, etcétera, y no tienen respuesta.
--¿Pero todo ese escenario que describe, ¿no es parte del plan del Gobierno?
-No, porque el discurso era otra cosa. Por eso creo que hay una pérdida de empatía, y lo que perdieron Milei y el Gobierno es la sintonía social. El modelo marchaba según el plan en función de bajar la inflación y ordenar la macroeconomía. Pero el desafío también era mejorar la calidad de vida de la gente. Es decir, se demonizó a la casta, al sector privilegiado de la política, a lo peor de la política. La gente votó contra la casta, cansada de un sistema que no daba respuestas, partiendo de la base de que el ajuste no le iba a tocar a la sociedad. Y hoy vemos que no existe capacidad de reacción, o mejor dicho, hay un modelo que prioriza a un sector, convencido de algo que fracasó: que si le va bien a la energía, a la minería, al agro exportador, ese resultado va a alcanzar, por un efecto derrame, para que llegue a los demás sectores. Y los demás sectores cerraron: las empresas se quedaron sin trabajo, no les alcanza el dinero, entraron en mora.
-¿Le gustaría escuchar ese mismo diagnóstico de parte de dirigentes del radicalismo?
-Mirá, yo creo que el radicalismo tiene una dimensión federal y una dimensión nacional. La dimensión federal es la realidad de los cinco gobernadores que administran provincias y están peleando el día a día, porque cayó la recaudación. Ojo: cuando cae el consumo, cae el poder adquisitivo, se viene abajo el IVA, y eso repercute en la coparticipación. Me gustaría ver al radicalismo asumir el desafío de los tiempos construyendo una alternativa, porque tampoco tiene que confundirse, como se confunde el Gobierno. El Gobierno apuesta a algo que ya vivimos con Cambiemos y que fracasó: la polarización extrema. Estamos en el péndulo de los extremos, como el fantasma del pasado: nadie quiere el "tren fantasma", pero tampoco hay certeza sobre qué hacer.

