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La salud mental adolescente es una prioridad, todos podemos aportar desde nuestro lugar a mejorarla

La escalada de violencia y el deterioro emocional adolescente exigen políticas urgentes, escucha activa y compromiso colectivo.


Las redes sociales son el espacio donde socializamos y nos conectamos y muchas veces nos desconectamos; pero el impacto en el desarrollo de un adolescente cobra una dimensión distinta si se trata de analizar las redes sociales y el comportamiento de los adolescentes dentro de ellas. La violencia en redes se vuelve cada vez más visible

La magnitud del problema exige una respuesta individual y colectiva. No alcanza con señalar responsabilidades a la escuela o a la familia, ni con reacciones esporádicas ante cada tragedia, la violencia crece en las redes y en la sociedad, frenar la escalada de violencia es una construcción colectiva, pero que empieza primero que nada en cada casa y en cada acción individual. Desde la política pública se necesitan acciones concretas y capacitación especializada que involucre a las instituciones educativas, al Estado en todos sus niveles, a los profesionales de la salud y a la familia, eso implica no demonizar la tecnología, sino ser responsables en la forma de usarla y hacer un seguimiento en la gestión de las emociones de los niños y adolescentes para tener más claridad a la hora de poder detectar señales concretas. Comprender este fenómeno implica asumir su complejidad.

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La magnitud del problema exige una respuesta individual y colectiva.

Los problemas de salud mental son multicausales

Esos problemas o responden a segmentos, todos podemos sufrir problemas emocionales y de salud mental. La violencia extrema como el suicidio responden a múltiples factores que, combinados, pueden derivar en desenlaces irreversibles si no se detectan y abordan a tiempo. Es necesario fortalecer los sistemas de salud, mejorar la disponibilidad de profesionales especializados (hoy claramente insuficientes), y promover estrategias de acompañamiento desde la escuela, los centros de salud y el entorno familiar; contar con espacios de escucha activa, donde los adolescentes se sientan comprendidos y contenidos, no es un complemento: es una urgencia.

Sin embargo, uno de los principales obstáculos sigue siendo cultural. La salud mental aún carga con estigmas que dificultan hablar del tema con naturalidad. Muchas veces, la vergüenza o la minimización de los síntomas retrasan la detección de problemas como la depresión, que en numerosos casos se identifica cuando ya se encuentra en una etapa avanzada. Romper ese silencio es una condición necesaria para empezar a resolver el problema. Hablar de salud mental tiene que dejar de ser tabú. Apuntando a la realidad de la provincia de Buenos Aires presente como diputada varios pedidos de informes para saber que acciones está tomando el gobernador Kicillof para que este tipo de tragedias no sucedan en nuestra comunidad. A nivel nacional también apunte como diputada a la prevención del suicidio adolescente y a la modificación de la ley de salud mental, es importante entender que debemos tener herramientas para medir y para accionar políticas de manera integral e interdisciplinaria, en las escuelas, en los centros de salud e incluir a las familias y el entorno de los adolescentes en la capacitación de la gestión de las emociones, generar ámbitos de escucha activa que logren poner al adolescente en espacios cuidados y donde sientan que son comprendidos y escuchados.

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La salud mental aún carga con estigmas que dificultan hablar del tema con naturalidad.

Los datos son contundentes

En la provincia de Buenos Aires, los casos hospitalizados por problemáticas de salud mental crecieron un 63%. Las consultas ambulatorias aumentaron un 134% y las internaciones más del 70%. A esto se suman niveles alarmantes de angustia, depresión e intentos de suicidio: se registran más de 1500 suicidios anuales. A nivel nacional, el suicidio se ha convertido en una de las principales causas de muerte entre jóvenes de 15 a 29 años, con un caso cada 24 horas y los intentos de suicidio escalan a 24 por día aproximadamente.

Pero más allá de las estadísticas y las políticas, hay una verdad que no puede perderse de vista: la salud mental no se construye únicamente en hospitales o consultorios. Se construye en la vida cotidiana. En la familia, en la escuela, en los vínculos, en cada palabra y en cada gesto. cada escucha genuina, cada intervención a tiempo puede marcar la diferencia.

La salud mental se construye en la vida cotidiana

No podemos seguir subestimando lo que les pasa a los adolescentes ni relativizando sus angustias. Tampoco podemos continuar relegando este tema en la agenda pública. El Estado debe asumir un rol activo como articulador de políticas integrales, acompañando a familias, docentes y organizaciones, y garantizando respuestas concretas.

Maria Angel Sotolano

María Ángel Sotolano. Diputada provincial del PRO.

Porque si algo queda claro es que no estamos frente a hechos aislados, porque, en definitiva, la salud mental no es un asunto individual: es una construcción colectiva. Y mejorarla es una responsabilidad.

* María Ángel Sotolano. Diputada provincial del PRO.