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La CGT podría convocar a un paro general ante el avance de la reforma laboral en el Congreso

La central obrera adelantó una reunión clave y podría llamar a un paro en plena discusión en Diputados por la reforma laboral.

La CGT evalúa un plan de lucha ante el avance de la reforma laboral. Foto: NA

La CGT evalúa un plan de lucha ante el avance de la reforma laboral. Foto: NA

Con el debate de la reforma laboral a punto de desembarcar en la Cámara de Diputados, la conducción de la Confederación General del Trabajo ( CGT) decidió acelerar los tiempos y convocó para este lunes una reunión clave en la que se analizará la posibilidad de avanzar hacia un paro general.

El encuentro se realizará de forma virtual desde las 11 y fue convocado por el triunvirato que conduce la central obrera: Octavio Argüello (Camioneros), Jorge Sola (Seguros) y Cristian Jerónimo (Empleados del Vidrio).

En las últimas horas, dirigentes sindicales comenzaron a evaluar la conveniencia de que una eventual medida de fuerza coincida con la sesión en la que Diputados inicie el tratamiento del proyecto, prevista para mediados de semana. La intención sería enviar una señal política directa al Congreso y al Ejecutivo en el momento más sensible del trámite legislativo.

La mirada de la CGT sobre la reforma laboral

Desde la perspectiva de la CGT, el texto aprobado en el Senado introduce cambios estructurales que alteran el equilibrio entre empleadores y trabajadores. El artículo que habilita a las empresas a reducir entre un 25% y un 30% el salario de empleados bajo licencia médica es uno de los puntos que más rechazo genera. En el sindicalismo lo describen como un mecanismo que, en la práctica, penaliza el ausentismo aun cuando esté debidamente justificado.

Pero no es el único eje de conflicto. La reforma también incorpora modificaciones en el esquema indemnizatorio, con alternativas que, según la central obrera, abaratan el costo de los despidos y debilitan la protección frente a la desvinculación. A ello se suman cambios en la organización de la jornada laboral, que amplían la flexibilidad y habilitan esquemas discontinuos, y ajustes en el régimen de vacaciones que, para los gremios, otorgan mayor margen de decisión a las empresas.

Un capítulo particularmente sensible es el vinculado al derecho de huelga. Aunque aún se discute el alcance final de la redacción, en el movimiento obrero advierten que cualquier restricción podría impactar directamente en la capacidad de presión sindical, un terreno históricamente estratégico para la CGT.

En paralelo, el Gobierno mantiene una expectativa cautelosa sobre el desenlace en Diputados. En la Casa Rosada reconocen que el número será ajustado, pero apuestan a acuerdos con bloques dialoguistas para reunir los votos necesarios y convertir la reforma en ley. El oficialismo interpreta que el proyecto es una pieza central de su programa de modernización laboral y que retroceder implicaría enviar una señal de debilidad política.

La reunión de este lunes, entonces, no solo definirá si habrá paro general. También marcará el tono de la relación entre el Ejecutivo y la CGT en la etapa que se abre. De un lado, un Gobierno decidido a sostener el corazón de la reforma; del otro, un sindicalismo que anticipa que, si el texto avanza sin cambios sustanciales, la conflictividad podría escalar en las próximas semanas.