Finalmente, Perón tenía razón: cada uno agarró su bastón, pero en lugar de mandar, lo usa para sobrevivir
En una inexorable carrera contra la realidad, el peronismo lucha para no transformarse en un nuevo radicalismo. Nadie imagina una misma lista entre Kicillof y Llaryora o Jaldo con Insfrán. En tanto, los sindicalistas quedan encerrados entre la negociación, la entrega y la resignación.
Gobernadores kirchneristas se juntaron hace dos meses. Después nunca más compartieron un encuentro a pesar de discutirse proyectos claves
El peronismo, tal cual todos lo conocimos, cumplió una etapa. Juan Domingo Perón, que tan bien conocía a sus seguidores, nunca quiso designar a un sucesor directo. En vida siempre se movió con delegados porque sabía mejor que nadie que había tantos peronismos como dirigentes que decían seguirlo. De ahí la frase que cada uno lleva en su mochila el bastón de mariscal
Sus transformaciones, imprescindibles para una época en la que había un limitante social llamado fraude patriótico, supo adaptarse, aunque muchas veces lo hizo camaleónicamente, a los tiempos venideros. Carlos Menem fue el que mejor lo interpretó cuando el mundo regía el neoliberalismo y él se desprendía de viejas “vacas sagradas” e ineficientes como las empresas del Estado.
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En algunas ocasiones logró una revolución, como en las telefónicas y otras prestaciones de servicios públicos, pero con el consiguiente negocio personal para todas las partes intervinientes. En otras, “el mercado” dañó terriblemente el tejido social del país productivo, fundamentalmente destrozando las líneas férreas y de transporte terrestre.
Quien quiso readecuar ese modelo, desgastado, con una convertibilidad en terapia intensiva, fue Eduardo Duhalde, proponiendo un modelo productivista que licuó deudas privadas como jamás otro lo hizo en la historia. Luego de un derrotero hiper inflacionario, una nueva estabilidad nació y tuvo a la Provincia de Buenos Aires como locomotora, aunque el problema del menemismo, la opacidad en los negocios y el manejo de fondos públicos, seguía intacto a través del Fondo para el Conurbano Bonaerense.
Duhalde fue el iniciador de los planes sociales para las personas que se habían caído del sistema y quien trajo a Néstor Kirchner al centro de la escena nacional luego de fracasar con los intentos de Carlos Reutemmann y José Manuel De la Sota.
Todos los peronismos, el inicial, el menemista, con alianzas con la aristocracia de la familia Alsogaray como la de Duhalde tuvieron un timming muy preciso con los reclamos de la época y Néstor Kirchner consolidó un sistema donde, a través de la Concertación Plural, todos estaban involucrados. La derecha traída por los Menem, los productivistas duhaldistas y la izquierda nacional y popular de Carlos Chacho Alvarez y el radicalismo mendocino y del conurbano.
En cada etapa tuvieron algo para subsistir por años con su pasado glorioso. Sin embargo, Cristina Fernández de Kirchner, cometió el error de querer ir por más y en ese proceso no solo se radicalizó, sino que se aisló en una intensa minoría que actúa casi como una religiosa secta en la que nada se puede discutir.
De ese sistema nació Axel Kicillof. Quienes pretendan que el hombre sea otra cosa, se equivocan. La única y gran diferencia que tiene con el mundo kirchnerista, del cual huye ahora, es su hasta ahora inmutable honestidad, aunque muchos ámbitos de su propia gestión estuviesen atravesados por denuncias que terminaron eyectando ministros o secretarios. La transparencia tampoco llegó a su legislatura como tampoco al opaco sistema de administración lúdica del Instituto Provincial de Loterías y Casinos. Para los que lo llevaron al poder, Cristina entre ellos, el gobernador es comparado con Augusto Vandor, inspirardor, fracasado, del "Peronismo sin perón".
La catastrófica derrota parlamentaria y política derivada en la sanción de la Ley de Reforma Laboral expone la debilidad y la crisis que tiene el peronismo, en el que cada gobernador agarró su bastón de mando para usarlo como más le convenía. Media docena siguió los parámetros históricos de oponerse a cualquier modificación de los derechos laborales. Otros tantos pactaron con el gobierno aportando legisladores para su propósito.
Entre los anuentes acompañantes de la reforma hay gobernadores como los de Misiones, Santa Cruz, Salta, Catamarca, Chubut, Córdoba y Tucumán que mantienen estrechos lazos con el movimiento obrero en su conjunto, auspician sus peñas y reuniones y con Sergio Massa. Todos tienen en común su deseo de lograr una emancipación definitiva del radicalizado kirchnerismo hoy representado por Juan Grabois y Máximo Kirchner. ¿Deben llegar al extremo de acompañar un FAL? Como lo es el Fondo de Administración Laboral…
Incapaces de armar una propuesta alternativa, desperdiciaron la “década ganada” conjugando slogans insignificantes que deterioraron, ante la falta de resultados concretos en favor de la gente, cualquier posibilidad de regenerar un proyecto de país.
Uno de los más importantes dirigentes de Fuerza Patria, resignado, le decía a MDZ. “Viste que difícil que es armar un dirigente con capacidad de liderar… Decime un intendente que quiera salir de la media o un gobernador… Nadie”.
Lo mismo le cabe al radicalismo. ¿Es un partido nacional o un representante del conservadurismo hoy captado por Milei como antes lo había sido por Mauricio Macri? Maximiliano Abad, quien votó en líneas generales el proyecto oficial en el Senado, llamó al radicalismo a crear un partido “capaz, valiente y lúcido” y les pidió a los presentes en el estadio Talleres de Mar del Plata “que se animen a hablar, no tengamos miedo”. https://www.mdzol.com/politica/los-empresarios-dudan-si-llegan-ver-la-luz-la-reconversion-milei-mientras-macri-prepara-plan-b-n1456973
Abad, Daniel Salvador, Martín Lousteau, Alfredo Cornejo, Oscar Aguad y Gerardo Morales tuvieron la oportunidad de hacerlo cuando a través de Cambiemos llenaron el parlamento, las intendencias y ganaron gobernaciones. Inclusive, con limitaciones, fueron parte del poder provincial. Un período desperdiciado por las internas, algo que apasiona al centenario partido constituido sobre la base del republicanismo y la discusión democrática. Por izquierda, Ricardo Alfonsín, luego perdido en el kirchnerismo tardío, les reclamaba que discutieran la matricería por la que nació como partido nacional.
En ese mundo de melancolía, resignación y bronca, sobresalen los túneles del poder, esos que conectan a supuestos opositores, dirigentes sindicales y gobierno. Es como si fuera un gasoducto a cielo abierto, donde se ven todas las porquerías que circulan en su interior. Eso, que primero vio la gente, es lo que provocó la llegada de un comentarista histriónico a la Presidencia de la Nación.
Para la sociedad en general, Alfonsín, Menem, De la Rúa, Duhalde, los Kirchner y Macri fracasaron. No se hace una evaluación de los momentos históricos que cada uno tuvo que atravesar, por que esta misma sociedad quejosa no hizo nada para apoyar los logros de cada etapa y siempre prefirió actuar adolescentemente, solo buscando un culpable o jugando al River versus Boca, no distinguiendo si tienen más para perder en el equipo que eligen jugar. En definitiva, la gente actúa de gente.
Ese escenario no cambió. Lo único que se empieza a notar es que la ilusión choca con que los mismos promotores de una nueva etapa del que se vayan todos dudan de la motosierra que agarraron para cortar y destrozar todo lo preexistente.


