Filtraciones, mensajes y jueces que denuncian a un par: fuerte polémica en la causa D'Agostino
La causa D'Agostino está "atrapada" en una maraña judicial. Recusaciones, mensajes entre jueces y filtraciones de parte de un magistrado. El juez Rafeal Escot fue denunciado por sus pares ante la Suprema Corte.
La investigación por las denuncias contra D'agostino está metida en una telaraña judicial.
GobiernoUn grupo de WhatsApp formado por jueces, un chat con información sensible, una filtración y, como telón de fondo, la causa penal más sensible para el Gobierno y la propia justicia: la acusación contra el exministro de Justicia Marcelo D’Agostino por violencia de género y abuso sexual. Lo que en principio era un revuelo “convencional” en Tribunales por el cruce de recusaciones para apartar jueces terminó en un escándalo con implicancias institucionales porque un grupo de jueces del Tribunal Penal Colegiado denunciaron a un par, al juez Rafael Escot, por filtrar información y mensajes a los abogados defensores de Marcelo D’Agostino y la supuesta confesión del juez en la que dijo querer ayudar al exsubsecretario. La filtración de los mensajes fueron el detonante del “escándalo”, pues los abogados del exfuncionario recusaron a una jueza por los mensajes de ese chat, donde sugería irónicamente que D’Agostino podría tener algún privilegio en su causa.
La causa D’Agostino tiene más de un escenario; es decir no se define solo en las pruebas, testimonios y lo que los fiscales puedan decidir. También juegan un rol clave la estructura judicial que se avoca al tema, como fiscales y jueces que deben decidir sobre el futuro de la causa. En ese sentido, hay una maraña de designaciones y recusaciones que ahora se complejizaron. La polémica por los “chat” explotó porque los abogados de D’Agostino presentaron una recusación contra la jueza Belén Salido, a quien le atribuyen parcialidad por los mensajes que había mandado en ese grupo de WhatsApp. Allí la magistrada se expresa de manera coloquial sobre el tema. Los abogados Eduardo Oro y Daniel Cesar Arditi recibieron capturas de pantalla de parte de un integrante del grupo de WhatsApp que sería Rafael Escot y por eso el tema derivó en una denuncia administrativa ante la corte contra ese juez por haber enviado a una de las partes de un proceso judicial elementos internos.
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Con esos mensajes los abogados de D’Agostino buscan separar a la jueza del tribunal que fue sorteado para definir los cuestionamientos que surjan en la causa del exfuncionario. Los mensajes fueron parte de una conversación entre jueces en un grupo que se llama “Hay Jueces en Berlín” donde participan los jueces del Tribunal Penal Colegiado e incluso algunos ya retirados. Allí se compartió una noticia de D’Agostino y, citan los abogados, la jueza cuestionada ironizó. “Uyy, seguro que le piden prisión preventiva jejej”. En la presentación judicial se menciona el diálogo con otros magistrados en el que opinan sobre los sucesos y el propio D’Agostino e hipotetizan si con debería o no estar detenido por la gravedad de las acusaciones. “Por lo menos nos salvamos de que sea Ministro de la Corte o Procurador”, menciona uno de los integrantes.
La recusación original era contra una conjueza. Para resolverlo se sorteó un tribunal integrado por María Belén Salido, Eleonora Arenas y Mauricio Juan. Pocos días después los abogados de D’Agostino presentaron la recusación contra Salido con los mensajes del chat de jueces como prueba y sugieren que hay parcialidad entre los magistrados. “En la presente causa no existe duda que los comentarios vertidas sobre la situación del imputado constituyen elementos objetivos que hacen dudar seriamente al mismo sobre la imparcialidad de quien está llamado a ser su juez, y por tal razón corresponde apartar a la magistrada recusada”, plantean los abogados Eduardo Oro y Daniel Cesar Arditi.
No es ingenuo el planteo, pues el denunciado también está señalado en la causa por la influencia que tenía sobre el Poder Judicial en su rol de Subsecretario de Justicia, cargo que ocupó por más de 10 años.
Los abogados de D’Agostino toman los mensajes como prueba y lo asemejan a otro caso que derivó en el apartamiento de funcionarios judiciales de una causa sensible. Se trata de una de las causas derivadas del tema Próvolo, en el que se aportaron mensajes de un grupo de WhatsApp en el que funcionarios judiciales hacían bromas referentes a la monja Kumico Kosaka, que estaba acusada.
La "confesión" de Escot
El grupo en cuestión funciona hace años y es usado por cuestiones de trabajo y comentarios personales. El debate ahora toma muchos ribetes. Pero la Corte deberá abocarse: ayer los jueces del Tribunal Penal Colegiado 1 presentaron una denuncia ante la Sala Administrativa de la Suprema Corte para que sea sancionado el juez Rafael Escot. Lo acusan de una inconducta por haber enviado capturas de pantalla de ese grupo a los abogados de D’Agostino. Es decir de haber alertado y brindado información sensible a una de las partes de un juicio. Sobre Escot pesan las mismas reglas de conducta que los jueces recusados; es decir la imparcialidad. Escot es un juez que arrastra una larga trayectoria en Tribunales, con varias polémicas. Desde su alarde por andar armado, hasta la exposición sin pudor de otro de sus polémicos hobbies: la caza.
En la denuncia, los jueces le piden a la Corte que analice la conducta de Escot para determinar si puede ser sujeto de una sanción interna y hasta un jury. En la presentación explican los alcances del grupo de WhatsApp mencionado y que allí tienen una “evidente expectativa de privacidad” que creen fue violada por el juez Escot en favor de los abogados de D’Agostino.
En ese escrito los jueces citan un dato más relevante: que el propio Escot reconoció que quería ayudar a D'Agostino: "En el día de hoy, 10 de junio, siendo las 8:00 hs. de la mañana nos reunimos los distintos miembros de este Tribunal, incluyendo el propio sospechado, y ante la exposición de los motivos de sospecha que en su contra teníamos el resto de los miembros del chat, Rafael Escot terminó aceptando que “él fue quien realizó la captura y se la envió a D´Agostino, porque era su amigo y quiso ayudarlo”, dice el escrito.
Por eso la causa D’Agostino ahora entra en una tensión que se aparta de los elementos “tradicionales” de prueba de un proceso judicial.