Fernando Rambaldi: "Cuando en la política no se roba, la plata alcanza"
El intendente de La Calera asegura que ordenó un municipio “fundido” con austeridad e ISO antisoborno y apuesta a atraer empresas y turismo.
Fernando Rambaldi, intendente de La Calera, Córdoba.
Santiago Aulicino / MDZA 20 kilómetros de Córdoba capital, La Calera busca dejar de ser “el conurbano cordobés” y volver a meterse en el mapa turístico. Fernando Rambaldi, intendente y profesor de historia, dice que la ciudad tenía “regalos de Dios” desaprovechados y que ahora intenta recuperar terreno con una política de Estado.
Con la Laguna Azul como “novedad del verano” y el Festival Nacional del Lomito en crecimiento, Rambaldi combina gestión y una agenda de valores que no esconde: “Soy católico. Primero católico, después político, después docente”. Y promete acelerar con más inversiones, más empleo y más turismo, “sin quedarnos a mitad de camino”.
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-¿Qué es La Calera y cómo se ubica en relación a Córdoba capital?
-Primero para ubicarnos: estamos a 700 y pico de kilómetros de Buenos Aires. Y en Córdoba, La Calera está a 20 kilómetros de la capital, pegaditos. Formamos parte de lo que se conoce como el Gran Córdoba, el área metropolitana, donde no solo nos separa una calle de Córdoba capital. Somos a ciudad de las grandes más cercana, con una dinámica que algunos llamarían el conurbano cordobés, pero con una aclaración que hago siempre: no nos queremos convertir en eso. Ser parte del área metropolitana no significa resignarse al desorden: significa tener oportunidad, cercanía, movimiento… pero también el desafío de sostener identidad y orden.
-¿Qué tiene La Calera para ofrecer y por qué quieren volver al turismo?
-La Calera tiene mucha historia, y además tiene algo que Córdoba ofrece como pocos lugares, tenemos ríos, tenemos lagos, tenemos sierras. Eso es lo que vienen a buscar sobre todo santafesinos y porteños. Yo siempre digo que eso es un regalo de Dios, porque es un patrimonio natural que muchas ciudades quisieran tener. El problema es que no somos fuertes en turismo, o mejor dicho, estamos tratando de volver a ser fuertes, porque La Calera en algún momento estuvo más presente en el circuito y después quedó atrás. ¿Cómo se trabaja eso? Con políticas de Estado. Esa es la clave. Crear una política sostenida, con una dirección clara, y por eso lo ordenamos bajo un lema. Vivir La Calera, para volver a ponernos en el Circuito Turístico Nacional, y lo estamos empujando como parte de la gestión.
-¿Qué resultados concretos ya vieron en esa apuesta turística?
-Nosotros ya empezamos a ver señales claras. La Laguna Azul se transformó en la novedad del verano, con 1.000, 1.500 turistas por día. Eso, en una ciudad que había quedado totalmente relegada en el circuito turístico”, es muchísimo. Es volver a existir para la gente, es volver a estar en la conversación, es volver a recibir visitantes. Y además tenemos el Festival Nacional del Lomito, que también se está posicionando entre los grandes festivales, y yo digo sin miedo que va camino a estar a la altura de Jesús María, Cosquín. Son herramientas para volver a poner a La Calera en el centro turístico nacional. Turismo, identidad, movimiento económico: todo se conecta cuando la ciudad empieza a funcionar.
Los valores de sus padres
-¿Por qué decidiste involucrarte en política si venís de la docencia?
-Yo vengo de la educación: soy un docente devenido en político, profe de historia. Incluso cuando fui concejal hice una maestría en historia, con la esperanza de que si Dios me permitía volver en algún momento a mi vocación primaria. Pero la vida te marca caminos: las señales nos han llevado a esto. Y lo digo tal cual: lo hago por amor a la patria. En mi formación personal hay un orden muy claro: soy católico, primero católico, después político, después docente. A mí me enseñaron que tu tierra, tu historia, tu identidad, tus tradiciones te lo ha dado Dios, y que uno tiene que recibir esa herencia y devolverle más de lo que te han dado. Y lo que pasaba en La Calera me tenía muy inquieto. Yo no podía quedarme de costado. Ya venía coqueteando con lo público, con el debate social, con la participación, hasta que llegó el momento en que el paso a la política fue inevitable.
-¿Cómo fue el salto a la política partidaria y a la intendencia?
-No fue un salto de un día para el otro. Yo participaba en temas públicos, no necesariamente política partidaria. Pero cuando se dio un debate que movilizó a muchos, el debate del aborto, yo soy provida y ahí me empecé a involucrar más en el debate público. Eso me fue acercando al trabajo territorial y después sí, el paso fue muy cortito para entrar en la disputa política, en el debate por el poder para trabajar por el bien común. En Encuentro Vecinal Córdoba, con el doctor Aurelio García Elorrio, empecé a hacer política territorial, primero en mi barrio, en la Patria Chica. La primera vez que nos presentamos salimos segundos, pero ese segundo lugar fue un gran aprendizaje. Fueron dos batacazos seguidos porque éramos un espacio que no superaba el 3% en la provincia y en La Calera sacamos 16 puntos. Yo me acuerdo de ese discurso: en 2019 les dije hoy empezamos a trabajar para lograr ganar el poder en la ciudad de La Calera y transformar esta ciudad que necesita cambios profundos. Y lo logramos en 2023.
-En un país polarizado, ¿cómo vivís la discusión cultural y de valores?
-Yo creo que hoy hay un clima distinto. Para mí una de las cosas que pasó en la política nacional es que se movió el péndulo de un extremismo de izquierda que había generado un clima cultural muy pesado. Yo lo viví como docente: cuando decía, che, no son 30.000, dejen de mentir o cuando advertía que los subversivos quisieron instaurar un régimen comunista acá y que empezaron ellos con los secuestros, me denunciaban al Inadi. Entonces había una persecución, la policía chica argentina persiguiendo ideológicamente. Hoy, con esta nueva etapa donde se habla de batalla cultural, con vicios y defectos pero también virtudes, se habilitó algo, volver a hablar de manera más libre de cuestiones que para mí son sentido común. Por eso digo, hablar de transparencia, hablar de gestión, hablar de familia, hablar de religión, yo no tengo ningún problema. Después, claro, la gente decidirá si te vota o no, pero yo creo que hay vientos positivos en ese sentido.
-¿Qué valores aplicaste en la gestión y cómo se traducen en medidas?
-Los valores vienen de casa. Mis padres me enseñaron que la educación es importante, que “la austeridad es importante”, que la honestidad es importante. Y también que la familia en sí es un valor. Yo traté de llevar todo eso a la política, gestionar y cuidar la plata del Estado como si fuese la tuya, porque al final administramos por cuatro años la plata del vecino. Nosotros hicimos de eso una bandera: somos un municipio austero, y la transparencia no es un discurso, es un sistema de trabajo. Por eso certificamos ISO 9001. Y por eso fuimos por más, somos el segundo municipio del país, el primero de Córdoba en certificar la 37.001 antisoborno, que para mí debería ser obligatorio en todos los niveles del Estado. Y estamos trabajando para la 37.301, compliance. La idea es simple: hacer de “la austeridad, la gestión y la eficiencia” una forma concreta de hacer política.
La dificultad de ser honesto en la política
-¿Qué encontraste al asumir y cuáles son los desafíos para lo que queda de gestión?
-Cuando entramos, la realidad era durísima, el municipio estaba fundido y recibimos una ciudad devastada. Yo lo dije así, no salimos del infierno. Nos llevó un año ordenar esto. ¿Cómo lo logramos? Con gestión, con transparencia. De ahí sale una frase que se volvió síntesis, cuando uno no se roba la plata, alcanza. Porque muchos preguntan cómo levantamos una ciudad, y nosotros mostramos hechos, le pusimos nuestros camiones, compramos 20 unidades cero kilómetro, logramos maquinaria propia, ordenamos el funcionamiento. Pero claro, ser honesto también tiene costo, apenas entramos echamos 170 ñoquis. Y sí, al principio fue una pequeña guerra, contra mafias y gremios. Hay 30 denuncias penales por corrupción y veníamos de 20 años donde se había desdibujado lo básico: la línea entre lo que está bien y está mal. Ahora, con el orden encaminado, lo que viene es acelerar, si logramos que vengan 20 empresas, en los dos años que quedan necesitamos 100; si generamos 300 puestos de trabajo, necesitamos mil; si logramos 1.500 nuevos turistas, necesitamos 10.000; si sacamos 1.500 personas de la pobreza, tenemos que sacar 5.000 más. Orden es lo que venimos haciendo y hay que avanzar hacia el progreso. Y el método sigue siendo el mismo, salir a caminar La Calera todo el tiempo y hablar con el vecino, porque no hay que quedarnos a mitad de camino.

