El PRO Mendoza, atrapado en la mediocridad y la falta de liderazgo
La situación actual en la que está el PRO habla de un partido sin visión ni capacidad de gestión.
El reciente episodio que dejó al PRO Mendoza fuera de la posibilidad de competir en las elecciones nacionales, quedando limitado únicamente a candidaturas provinciales dentro del frente Provincias Unidas, no es un accidente ni un fallo aislado. Es, más bien, el reflejo más claro de una conducción mediocre, sin visión ni capacidad de gestión, que ha condenado a uno de los partidos más importantes de la Argentina a un estado de irrelevancia política.
Hace meses advertí que Gabriel Pradines, actual presidente del PRO mendocino, demostraba ser poco talentoso para liderar un espacio que requiere, hoy más que nunca, audacia, estrategia y trabajo político serio. La confirmación de esas sospechas llegó con la resolución de la jueza federal con competencia electoral Susana Pravata, del Juzgado Federal Nº 1, que rechazó la incorporación del PRO a la alianza para las listas nacionales por incumplimiento de plazos, dejando al partido “rengo”, sin posibilidades reales para disputar cargos clave a nivel nacional.
Este fracaso no es solo suyo, sino de toda una conducción que ha perdido la brújula. Más aún, se evidencia una preocupante falta de planes y acciones diarias en el territorio provincial. En lugar de desarrollar ideas concretas y propuestas claras y viables en pos del bien común de todos los mendocinos, privilegian sus intereses personales y se declaran opositores del gobierno de Cornejo, mientras no trabajan ni aportan el compromiso necesario para el bienestar de la ciudadanía.
Y si alguien ha sido capaz de exponer con claridad esta crisis interna, esa es la diputada provincial Sol Salinas, quien en un contundente tuit dejó al desnudo las deficiencias del PRO mendocino:
“A diferencia de muchos, yo celebro lo que está pasando con el PRO Mendoza, porque se pone al descubierto lo que algunos venimos exponiendo, y por falta de aparatos, experiencia, plata, medios, contactos, quedamos afuera de la estructura partidaria, que por decisión y convicciones decidimos diferenciarnos. (…) Desde el año pasado venimos exponiendo que las dos opciones buscaban lo mismo, tener el sello partidario para negociar cargos para este año electoral y disputarse tener el sello de LLA en Mendoza.”
Más allá de los golpes internos y las pujas por espacios y candidaturas, está la cuestión de fondo: un partido que alguna vez fue bisagra para la transformación política nacional hoy se hunde en negociados provinciales, pactos mezquinos y una política de escritorio que lo aleja de la gente y de los verdaderos desafíos que enfrenta Mendoza.
El PRO mendocino no solo perdió espacio electoral, sino que también se aleja de sus valores fundantes, abandonando el compromiso con el desarrollo productivo, la diversificación económica y la generación de empleo que tantas veces pregonó. La conducción de Pradines y De Marchi parece más preocupada por preservar sus cargos que por construir un proyecto sólido y renovador.
Si el PRO quiere recuperar su vigencia, debe reconocer que la política no se hace desde la comodidad del poder, sino con trabajo constante, escucha y compromiso real con la sociedad. El liderazgo mediocre y la falta de estrategia solo garantizan más derrotas y una mayor pérdida de confianza en el electorado.
Que la crisis interna sirva, al menos, para abrir los ojos y permitir la renovación profunda que este espacio político necesita con urgencia.

