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El Indio Solari les quemó el relato

El masivo duelo por el músico reveló una desconexión entre sectores políticos, mediáticos y millones de argentinos.


La muerte del Indio Solari puso en evidencia algo que la política argentina no termina de procesar: la batalla cultural. Las miles de personas que en todos los rincones del país fueron a despedirlo en paz demuestran que esa batalla, la que el gobierno entabló con tanto ruido, no está ganada.

El gobierno de Javier Milei quedó desorientado

Sus voceros ensayaron respuestas que oscilaron entre la falta de empatía y el ridículo. No supieron qué hacer con el duelo de millones porque nunca se preguntaron por qué existía. Entre cientos de testimonios, un albañil de Lavallol decía que el Indio Solari era ese amor para los que no tienen nada y pedía que los dejaran tranquilos para despedirlo y cantarlo. El Indio no era solo un emblema del rock: era un símbolo de la cultura argentina y de la contracultura. Así empezó con Patricio Rey, y así se mantuvo hasta el final.

Lo que se vio desde el momento en que se conoció su muerte fue impresionante: periodistas, críticos, conductores y miles de fanáticos llorando. Gente de todas las edades, de todas las procedencias y de todas las clases sociales. El Indio excede el rock. Son esas fenómenos difíciles de racionalizar, no tienen mucha explicación; simplemente hay que sentirlas. Las palabras del albañil de Lavallol lo dicen todo. No se murió solamente un rockero, se murió alguien que traspasó clases sociales e ideologías.

INDIO SOLARI

El gobierno de Javier Ilei quedó completamente desorientado.

Y eso es precisamente lo que el gobierno no entiende. El microcosmos libertario no alcanza a comprender por qué esto sucede, qué es lo que mueve a millones. Sí, el Indio era kirchnerista, siempre se definió así y nunca lo ocultó. Pero cuando comunicadores como Luis Majul o Esteban Trebucq agitan el argumento que el kirchnerismo quiere apropiarse de su muerte para sacar rédito político, no advierten el ridículo en que incurren: están discutiendo una etiqueta mientras una importante parte del país llora. Probablemente haya habido intentos de utilización política de la muerte del Indio Solari, algo bastante habitual cuando desaparece una figura popular. Pero reducir un fenómeno emocional y cultural de semejante magnitud a una disputa partidaria implica perder de vista lo esencial.

Luis Majul, con inexplicable desparpajo, les recordó a quienes estaban despidiendo al Indio que al día siguiente tenían que levantarse temprano para ir a trabajar. Sorprende que un periodista no se pregunte por qué ocurre un fenómeno social de semejante magnitud y ni siquiera haga un mínimo esfuerzo por analizarlo. La política y el arte no se anulan mutuamente, salvo para quienes necesitan reducir todo a una grieta y solo son capaces de hacer un análisis ramplón y superficial. El caso más ilustrativo fue el de Nicolás Márquez, uno de los ideólogos del movimiento libertario. Ante el duelo masivo, intentó contrarrestar la figura del Indio con la de Miguel Mateos. Un capo, pero que quedó convertido en un convidado de piedra. "Rock plebeyo, precario, meramente de cabotaje, con seguidores intoxicados por el paco", disparó Márquez en X. Y fue más allá: "Reventó el empresario kirchnerista Carlos Solari. Gran mercader en la industria de la rebeldía, su producto jamás traspasó siquiera fronteras de países limítrofes ni innovó jamás género musical alguno… Sus letras promovieron la droga, el lumpenaje y el satanismo".

No es debate cultural

Es desprecio de clase disfrazado de argumento ideológico, y exhibe una incomprensión total del fenómeno social. El presidente Javier Milei mantuvo un estratégico silencio y solo la Secretaría de Cultura difundió un comunicado con palabras de ocasión. Hizo bien, no era su misa. Del Indio se han dicho muchas cosas, pero ninguna de esas críticas fueron suficiente para decepcionar a sus feligreses, que lo despidieron en paz y cantando. A ninguno le importó que viajara en avión privado, que guardara sus ahorros en dólares o que frecuentara Nueva York. Lo que importaba era otra cosa, algo que Márquez y Majul son incapaces de ver y mucho menos comprender.

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El microcosmos libertario no alcanza a comprender por qué esto sucede, qué es lo que mueve a millones.

Un periodista que en tono burlón manda a la gente a trabajar mientras llora a uno de los músicos más grandes que dio este país. Un ideólogo que dispara su desprecio desde X sin un mínimo rastro de empatía. Una vez más, quedó expuesta la distancia entre las élites políticas y mediáticas y ciertos sentimientos profundos de parte de la sociedad argentina. No hay duda de que no están leyendo una parte del país real, justamente ese que se empecinan en doblegar. Se refugian en su propio relato donde se sienten seguros y por eso no entienden y se llenan de odio.

El Indio Solari no necesitaba que nadie lo reivindicara

Su legado está ahí, su gente también. Pero su muerte desnudó, una vez más, la distancia sideral entre el poder y la gente. Esa grieta no la abre la política: la abre, todos los días, la falta de empatía.

* Martín Pittón, analista político y conductor del podcast Micro Mundos.