¿Cómo fue la cena de Anabel y Alberto con los empresarios mendocinos?

Cortita, amena, amistosa y "piola". Algunos de los adjetivos que se usaron para describirla. La candidata a gobernadora y el candidato a presidente por el Frente de Todos hablaron entre 15 y 20 minutos cada uno, con el objetivo de inspirar confianza y bajar las ansiedades o miedos de la comunidad empresaria local. En la nota, los pormenores.

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Federico Croce

En el “petit diner” con el que se cerró el primer día de la visita de Alberto Fernández a Mendoza hubo un puñado de empresarios de todos los colores y rubros: vitivinícolas, de la construcción, gente de los medios de comunicación, comerciantes, y más. Los representantes de las cámaras empresariales, como el Consejo Empresario Mendocino, también asistieron a la cita. Y hubo políticos de larga data: Rodolfo Gabrielli, Eduardo Bauzá, Patricia Fadel, Alejandro Abraham, Guillermo Amstutz, Félix González y Guillermo Carmona se mezclaron con jóvenes peronistas como Lucas Ilardo, Matías Stevanato o Flor Destéfanis. Por supuesto, Marisa Uceda no se separó de Anabel Fernández Sagasti. Desde temprano, una ausencia fue notoria: la del apellido Bermejo. Ni Adolfo ni Alejandro estuvieron. "Alejandro Bermejo está de viaje, y Adolfo no fue porque la idea era que estén candidatos y legisladores nacionales", dijeron.  

Antes de la cena, en el momento de los encuentros en los pasillos, varios de los empresarios que dijeron presente conversaron con Eduardo “Wado” de Pedro, y coincidieron en su postura equilibrada, y de constructor de consensos. “Muy diferente la actitud de De Pedro a la de Marcos Peña”, lanzaron algunos.

El armado del salón cumplía con dos requisitos primordiales que habían solicitado desde la organización: intimidad y cercanía. Solo 8 mesas, y 70 personas. La asistencia fue casi perfecta. Y la opinión sobre el ambiente y el clima de la reunión fue coincidente: buena onda. No hubo cuchicheos, o comentarios cruzados mientras los dos oradores -Anabel Fernández Sagasti y Alberto Fernández- daban su mensaje.

La primera felicitación fue para el staff del hotel Intercontinental: reconocieron la excelencia en los platos, así como la atención en el acto mucho mayor que se realizó en la tarde. La cena, que como contamos anteriormente consistió en un pastelito de chivo con camote y un pastelito de humita con queso de cabra graten, mix de verdes y aromáticas con vinagreta de acceto balsámico como entrada. Un principal compuesto por bife de chorizo con puré rustico de papas, cebollas asadas y olivas negras, salsa reducción de Malbec y oporto; y de postre flan de dulce de leche, con arena de cacao.

Los vinos fueron de bodega Trivento: Malbec, Chardonnay y un rico espumante para el final. 

Todo transcurrió en algo más de dos horas: ya pasadas las 21:30 estaban prácticamente todos los convidados dentro del Salón de los Cerros, y a medianoche, cual Cenicienta a la que la carroza se le transforma en zapallo, cada uno partió a su casa -o a su habitación-.

Anabel Fernández Sagasti

Fue la que desempeñó el papel de anfitriona. Ella había llamado personalmente a todos los empresarios para invitarlos, y fue la primera en hablar, mientras se servía el postre.

Con simpatía, con discurso súper amigable, hablo unos 15 minutos. Dijo que la generación del trabajo por la única vía q puede ser exitosa es de la mano de los empresarios.

Algunos de los presentes dijeron que el discurso no parecía kirchnerista, sino más bien macrista. Habló de créditos y de la necesidad de que el empresario sienta que hay previsibilidad.

Por esto de la estrategia de provincializar la elección que tiene el oficialismo provincial, hubo un momento en el que le pegó a Cornejo, pues dijo que el gobernador desconoce ahora que es parte del gobierno nacional, y que eso es una estafa al electorado.

¿De qué más habló Anabel? Comentó que hay actas firmadas de un montón de obras con el que podría ser el futuro presidente, sobre todo viales, como por ejemplo la parte que falta asfaltar de la ruta 40 para conectar con Vaca Muerta. Habló de la buena relación que pretende con los políticos que pasaron y con los que vendrán. Habló de pensar a largo plazo las cosas, y dijo que Mendoza no es una isla, que así la quiere vender Cornejo.

Al preguntarle a varios de los presentes qué fue lo que más les quedó de la palabra de la candidata del Frente Elegí, la mayoría respondió que la joven política hizo hincapié en la sociedad que ella pretende armar con los empresarios: que quiere apoyarlos realmente y trabajar codo a codo.

Luego de la cena, Fernández Sagasti fue mesa por mesa -“tipo casamiento”, dijeron algunos- y charló prácticamente con todos los presentes. Les preguntó cómo la habían pasado, les preguntó también que ideas tenían, y que su postura era de receptividad total hacia ellas.

Alberto Fernández

Tomó la palabra luego de Anabel, y habló 20 minutos, aproximadamente. Fue concreto. ¿La onda? Zen, tranquilo. Desde que llegó, se sacó fotos con todo el mundo. No borró nunca la sonrisa de la cara. “Predispuesto, es la palabra que lo describe en su comportamiento en esta cena”, dijo uno de los comensales.

La mayoría de los presentes coincidió en que dio un discurso “piola”. Jamás criticó a Macri, e incluso hizo una fuerte autocrítica de los gobiernos de los últimos años. El eje del mensaje fue el objetivo de tomar lo mejor de los gobiernos anteriores, no inventar cosas raras y desarmar la grieta. No se puso en una postura confrontativa, y tampoco habló de refundación “porque todo el mundo ya sabe lo que hay que hacer”; sino de dar vuelta la pagina al libro. De hecho, y para marcar el espíritu conciliador del mensaje, afirmó que “de esto se sale entre todos”.

Luego de su parlamento, recibió aplausos de todos.

¿La impresión final? La de un peronismo en ebullición, con la intención de mostrarse moderados, pacificadores y subiéndose todos a la ola. Todos a full.

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