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Adorni, inflación y consumo: tras Nueva York, las señales de una semana que inquieta al poder

Javier Milei tuvo que cerrar filas por una polémica evitable. Los ecos de la gira a Nueva York ¿Que pasó con la inflación? El mundo no ayuda.


La semana dejó una escena que Javier Milei no quería ver. Mientras la Casa Rosada buscaba mostrar gestión, inversiones y centralidad presidencial desde Nueva York, la agenda se le desvió por un episodio propio de la interna del gobierno.

Y cuando quiso volver a tomar el control, la economía no le dio ninguna mano. La polémica por Manuel Adorni y la presencia de su esposa en el viaje a bordo del ARG 01 se convirtió en un problema político, que podría haber sido nimio, pero que fue mal manejado desde el comienzo. Las sospechas en la interna, además, sobran.

Comparar el hecho de haber subido al avión presidencial con los abusos que se cometieron en las presidencias anteriores con la flota de aviones oficiales, con delegaciones de decenas de personas, nombres de pasajeros que a veces ni se conocieron o los famosos vuelos hasta Santa Cruz para llevarle a Cristina Fernández de Kirchner los diarios del día, sin mencionar el traslado de los famosos bolsos, parece hoy un juego de obscenidades. El problema no fue ese, sino que este gobierno llegó con el apoyo mayoritario y una idea general de hartazgo por esas prácticas y la promesa de terminarlas. Es solo un tema de símbolos que esta vez el gobierno manejo mal.

Para completar el escándalo aparece, con todas las sospechas que la interna oficial puede aportar, el video de un viaje a Punta del Este del Jefe de Gabinete con su familia y un amigo periodista que suma dudas y hace pedir mas explicaciones sobre el pago y el derrotero de ese fin de semana uruguayo. El Congreso ahora espera a Adorni con la oposición afilando dientes, justo cuando el kirchnerismo estaba destruido políticamente despues del éxito de Javier Milei con las leyes aprobadas en Extraordinarias.

El dato de inflación de febrero y la nueva caída del consumo, además, hicieron el resto. Ahí apareció el verdadero punto de tensión: no fue un tropiezo aislado, sino el cruce de dos flancos abiertos al mismo tiempo.

Un error pequeño que se volvió grande

Lo de Adorni no explotó por el volumen administrativo del episodio. Explotó por lo que representa. El jefe de Gabinete quedó cuestionado por la inclusión de Bettina Angeletti en la comitiva que viajó a Estados Unidos en el marco de la Argentina Week. El oficialismo se apuró en decir que no hubo costo extra para el Estado. Después llegó la defensa política. Más tarde, la autocrítica parcial. El problema fue el orden de los hechos. En un gobierno que edificó buena parte de su legitimidad sobre la idea de austeridad y sobre la condena al privilegio, el margen para explicar después es mínimo.

avión presidencial

Javier Milei ya está en tierras argentinas tras una semana positiva para el Gobierno.

Adorni dijo que, si pudiera volver atrás, su esposa no habría subido al avión. También admitió que una de sus frases públicas, el "deslomarse" en Nueva York por la Argentina, fue un error. Esa admisión, lejos de cerrar la discusión, confirmó que el Gobierno reaccionó tarde. Y cuando un gobierno reacciona tarde en temas sensibles, la discusión deja de ser sobre el hecho. Pasa a ser sobre el criterio. Ése fue el daño real. No el costo del asiento. No la denuncia opositora. El daño fue que la Casa Rosada quedó obligada a defender una conducta que chocó de frente contra su propio discurso.

Cuando el blindaje revela el problema

Hubo otro dato que valió más que cualquier comunicado. Para sostener a Adorni, salió casi toda la primera línea del oficialismo. Karina Milei, Patricia Bullrich, Martín Menem y Luis Caputo lo respaldaron. Esa reacción dijo mucho más que la defensa en sí misma. Significó que en Balcarce 50 entendieron que no estaba en juego sólo el jefe de Gabinete; estaba en juego el relato oficial. Porque cuando todo el poder tiene que salir a blindar a un funcionario por una polémica de esta naturaleza, el episodio ya dejó de ser personal. Pasó a tocar el corazón del dispositivo político.

El Gobierno cometió, además, otro error clásico. Permitió que un episodio lateral se comiera una agenda central. La gira buscaba mostrar respaldo, negocios e interés inversor. Lo que quedó en la conversación pública fue otra cosa: el avión, la delegación, las explicaciones y la defensa cerrada del funcionario. Para una administración que necesita que cada escena internacional funcione también como mensaje doméstico, eso no fue un detalle. Fue una derrota táctica. Milei viajó para hablar de futuro y terminó obligado a administrar un problema de formas.

La economía no trajo rescate

Si la semana política se complicó, la económica no ofreció auxilio. El INDEC informó que la inflación de febrero fue de 2,9%, igual que en enero. El acumulado del primer bimestre quedó en 5,9% y la variación interanual fue de 33,1%. No fue un salto, pero tampoco fue un alivio. Para el Gobierno, eso alcanzó para encender una luz amarilla. Porque la administración necesitaba una baja que le permitiera volver a discutir la macro desde otra posición. No la tuvo.

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El dato dejó, además, una señal incómoda. Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles subieron 6,8%, muy por encima del índice general. Alimentos aportó lo suyo con 3,3 %. Es decir, una parte relevante de la presión siguió concentrada en rubros que impactan de lleno sobre la vida cotidiana. Ahí el debate deja de ser técnico y se vuelve político. Porque una cosa es mostrar desaceleración contra meses de crisis extrema. Otra, muy distinta, es convencer a la sociedad de que el esfuerzo empieza a traducirse en alivio concreto.

Hay otro dato que inquieta. Ese número de febrero no incluye el impacto de la guerra. A pesar de las promesas de Donald Trump, que con maestría diplomática Israel trata de moderar y acercar más a la realidad, no esta claro cuando terminará la guerra con Irán. Y por lo tanto tampoco hay certeza de hasta cuando habrá tormentas sobre el precio del petróleo.

Que viene el marzo con el petróleo

El precio del crudo oscila con el ritmo de los misiles, los ataques y contraataques y la capacidad de Irán de amenazar con cerrar el estrecho de Ormuz. Después de haber llegado a casi US$ 120 el barril del Brent (nuestra referencia local para el precio del crudo) bajó a cerca de los US$ 80. Parecía que la calma había vuelto por un tiempo, pero no fue así. Anoche el Brent estaba clavado en US$ 103 en una día donde Israel había sufrido olas de misiles iraníes, junto con casi todo Medio Oriente y las respuestas sobre Teherán mantenían el nervio de la guerra en su punto más alto.

La incertidumbre es total. Se sabe que el final llegará en algún momento y que Irán será doblegado. Hay algo cierto e inevitable en esta guerra: Irán estaba cerca de poder armar su primera bomba nuclear y eso el mundo no podía permitirlo, viniendo de una tiranía teocrática que somete a propios y ajenos.

No lo dice solo Trump: lo denunció el propio Rafael Grossi, el argentino que comanda la Agencia Internacional de la Energía Atómica que denunció que el nivel de acumulación de uranio enriquecido que llegó a tener Irán no se condice con ningún intento de desarrollar tecnología nuclear con fines pacíficos sino a un proceso para armar su bomba nuclear. Todo indica que Irán estaba a punto de lograrlo.

El consumo como termómetro

A esa falta de alivio en la economía local y mundial se le sumó el dato que más le cuesta metabolizar a cualquier gobierno: la caída del consumo. Según CAME, las ventas minoristas PyME bajaron 5,6% interanual en febrero y acumularon una retracción de 5,2% en el primer bimestre. Seis de los siete rubros relevados dieron negativo. Alimentos y bebidas cayó 8,7%; bazar y decoración, 14,4%; perfumería, 10,7%; textil e indumentaria, 7,4%. Además, 38,8% de los comercios relevados aseguró que su situación empeoró respecto del año pasado.

Ese número complica los ánimos. La macro esta ordenada, el déficit fue corregido. Los mercados acompañan y en los últimos días si hubo tormentas fue por la guerra y los ruidos mundiales. ¿El dólar? Bien, gracias. Sin mayores novedades, pero la política comenzó a jugarse abajo, donde la gente compra o deja de comprar. El consumo sigue siendo el termómetro más cruel porque no admite demasiadas interpretaciones. Cuando cae en alimentos, indumentaria, perfumería y artículos del hogar, lo que aparece no es una discusión de economistas.

El problema no fue Adorni

Acá está el punto que más debería preocupar al Gobierno. El problema no fue Adorni. Tampoco fue sólo la inflación. Y ni siquiera fue sólo el consumo. El problema fue la coincidencia de todo eso. El oficialismo quedó a la defensiva por un error propio justo en una semana en la que la economía no le devolvió ninguna noticia capaz de compensar. Esa superposición es la que rompió la agenda y alteró el clima político.

Adorni volvió a hablar desde Estados Unidos

Adorni volvió a hablar desde Estados Unidos

Milei conserva mando, centralidad y una oposición que todavía no encontró un modo consistente de capitalizar cada falla oficial. Nada de eso cambió. Pero esta semana dejó una advertencia. La Casa Rosada ya no puede confiar sólo en la potencia del Presidente ni en la épica del ajuste. Necesita otra cosa: más control interno, menos margen para errores propios y, sobre todo, una economía que deje de prometer alivio y empiece a entregarlo. Porque cuando el bolsillo no acompaña, cada contradicción política pesa el doble.

El mileísmo pasó más de una vez por momentos incómodos y salió. Éste no parece, por ahora, un punto de quiebre. Pero sí una señal. Una señal de que el poder no se resiente sólo cuando enfrente aparece una oposición fuerte. A veces se resiente cuando adentro falla el criterio y afuera la realidad económica no da tregua. La semana dejó eso al desnudo. Un Gobierno que habla de futuro y tuvo que ponerse a discutir conductas; que necesitaba una buena noticia y recibió un dato que no alcanzó. Un Gobierno que ordena la macro, pero que aun no lo traduce en un alivio próximo. Ahí está el ruido de fondo.