Tras el anuncio de Trump, llegó el día en el que puede definirse todo
El mundo occidental amaneció en medio de una tormenta de mercados. Oriente la sufrió durante toda su jornada de operación en las bolsas. La decisión de Donald Trump de llevar su política de aranceles a nivel mega global y la discrecionalidad con la que viene aplicando su guerra comercial selectiva primero volvió loco a los mercados del mundo y que ahora puede impactar de lleno en todas las economías.
Durante la madrugada de este jueves cayeron fuerte las bolsas de Asia y ahora lo están haciendo las europeas. El diseño de políticas que viene lanzando Donald Trump para lograr que las fábricas vuelvan a producir en territorio estadounidense y que el sueño americano regrese a sus mejores épocas tiene efectos colaterales que hoy podrán verse en la práctica.
Europa, que tiene una balanza comercial positiva con Estados Unidos, el país que importa buena parte de lo que consume, ya anuncia medidas para el contraataque, China es el más perjudicado con 34 % y habla de "intimidación unilateral" de Washington.
El dilema ahora es saber si el anuncio de Trump es otra "trompada" lanzada en medio de una negociación o si realmente EE.UU. mantendrá sus nuevos aranceles de ingreso para todo el mundo. Para los estadounidenses, desde el vamos, ya existe un peligro claro de encarecimiento de todos los productos que consumen a diario. El costo de este Make America Great Again puede ser un temblor sobre la inflación y también en el dólar.
Argentina debe mirar muy de cerca y con atención los movimientos de la guerra comercial que lanza Trump. Uno de los efectos inmediatos de las decisiones de Washington será el encarecimiento del crédito, justo cuando el país, que necesita salir a buscar financiamiento, se encuentra en la negociación con el FMI para poner en regla sus relaciones financieras con el mundo después de años de locura económica.
El FMI es también hoy el centro de nuestra escena. Javier Milei voló anoche junto a su hermana Karina y a Luis Caputo a Florida para recibir un premio en Mar-a-Lago, la residencia-bunker de Donald Trump. El presidente no tendrá finalmente una visita oficial ni de Estado en Washington sino un encuentro que fue armado de imprevisto ante la necesidad de reforzar el último tramo de la negociación con el FMI.
Kristalina Georgieva, la directora gerente del Fondo, ayudó hasta ahora todo lo que la estructura del organismo le permite. En su último mensaje dejó entrever que el desembolso inicial será proporcional al esfuerzo que hizo Argentina por llevar adelante las reformas necesarias para sacar al país de la crisis, pero aunque hay miles de cálculos sobre esa cifra, aun no está la firma del board del organismo.
Se presume que el desembolso inicial será de US$8.000 millones, aunque nada esta absolutamente confirmado. Eso explica el apuro por volar a EE.UU. y conseguir la foto con Trump y la presión del máximo socio del FMI por elevar ese desembolso inicial que alimente las reservas del Banco Central que en tres meses cayeron casi lo mismo que el desembolso estimado por el nuevo acuerdo con el Fondo, US$8.000 millones.
También este jueves se sabrá el verdadero resultado de este viaje de Javier Milei, en un momento donde el directorio del FMI se debate entre las presiones del nuevo mundo que plantean las medidas de Trump y la presión del resto de los socios que se sientan en el directorio por el poder que intenta mantener allí Washington.
En Buenos Aires al Gobierno lo espera otra definición. El Senado está convocado para debatir los pliegos de Ariel Lijo y Manuel García Mansilla para la Corte Suprema. El kirchnerismo y buena parte de la oposición tienen el número casi garantizado para votar el rechazo de la postulación de ambos jueces. La Casa Rosada solo puede aspirar por estas horas a lograr que esa sesión no comience por falta de quórum, pero aunque lo logre la amenaza quedará pendiente para la próxima reunión del Senado.
El Gobierno ya confirmó que no retirará los pliegos. Si ambos son rechazados por el Senado se abrirá una crisis con el poder Judicial que Argentina no vio nunca, al menos en estas dimensiones. Mantener a García Mansilla hasta fin de año con su nombramiento en comisión, firmando fallos como ya está haciendo ahora, con el rechazo del Senado a su nombramiento aparece, cuanto menos, como un camino institucional de consecuencias impredecibles para el futuro.
Todo sucederá o está sucediendo hoy; demasiado para la realidad de los argentinos y el mundo.