La década desganada: los US$2 mil millones que Mendoza perdió y los debates que faltan
“Hoy quiero invitarlos a mirar atrás, a recorrer juntos los últimos diez años de nuestra provincia y a reconocer todo lo que hemos avanzado…En estos diez años, Mendoza se ha consolidado como una de las provincias más pujantes del país. Nuestra vitivinicultura, orgullo mendocino, ha fortalecido su presencia internacional. Pero hemos diversificado nuestra economía, impulsando el turismo, la tecnología, la agroindustria y la minería sustentable, generando empleo y nuevas oportunidades para nuestra gente. Con una gestión responsable, hemos ordenado las cuentas públicas, garantizando inversión en infraestructura, en educación, en salud y en seguridad”.
El balance que se describe arriba podría ser una alusión a un texto de algún referente del oficialismo local; de cualquier defensor del modelo impulsado por Alfredo Cornejo o del propio Gobernador. Pero es un discurso pedido a medida a Chat GPT, el servicio de Inteligencia Artificial más popular y que, usado de manera banal, sirve como ejemplo de construcción de discurso. En pocas palabras, hacerle decir a la realidad lo que queremos.
En los mismos 10 años en los que hubo matices a nivel nacional pero el mismo signo político en la Provincia, Mendoza se empobreció sensiblemente. Según los datos del anuario del IERAL, por ejemplo, se creó menos riqueza. El Producto Bruto Geográfico de Mendoza en 2014 fue de 17.464 millones de dólares. En 2024 el informe indica que el PBG de la provincia fue de 15.822 millones de dólares. Esos casi 2 mil millones de dólares menos de riqueza representan, por ejemplo, la mitad del presupuesto total del Estado provincial para 2025. Ese es el volumen del empobrecimiento general, que se traduce en un enorme deterioro de la calidad de vida. Es que el PBG no es un número frío: allí se engloban los ingresos de todos los mendocinos, el poder de compra, su producción y la concreción de sueños. Mendoza cayó en un país que se empobreció fuertemente: más de un tercio de la población argentina está al margen de la vida económica formal y vive en condiciones de carencias enormes.
En el Gobierno local se irritan ante los números, como si la sola descripción fuera una acusación por antonomasia. El derrumbe tiene muchas causas y realidades. Pero el dato sobre el empobrecimiento y el deterioro es tangible e impacta en el peso de la Provincia en la economía nacional, pues desde hace tiempo cayó de ese tradicional 4%.
Abril es un mes importante en la historia del oficialismo. Fue el mes en que se hicieron las elecciones PASO que dieron inicio al camino de la llegada al poder de Cornejo. El favor se lo hizo Francisco Pérez, quien llevaba adelante un gobierno que agonizaba.
En la década política ganada por el radicalismo hubo una fuerte impronta de recuperación de la “autoridad” en la figura del gobernador, en el funcionamiento de algunos servicios que estaban abandonados y muchos matices en los vínculos con otros actores: dureza con gremios y sectores opositores, negociación con sectores empresarios y vinculados a concesiones.
Por pericia propia e impericia ajena fue una década desganada en cuanto al crecimiento del debate público. El desgano por la política virtuosa se trasluce en pobrísimas discusiones en redes sociales, en proyectos monocordes y falta de matices. Es redundante, pero no hay opciones de poder de peso que hayan hecho sombra y que, en ese sentido, le exijan al oficialismo un espero para sostenerse en el poder. Ni dentro de la endogámica estructura del oficialismo hay alternativas que sobresalgan.
La década cornejista es, también, un bucle temático. Mendoza impulsa la minería, como intentó hace 10 años, con Cerro Amarillo, Hierro Indio y San Jorge; como hace 10 años. Lo único que cambió es que quienes se oponían en aquel entonces hoy los defienden, aún cuando son casi calcados. También hay un retorno a viejas soluciones abandonadas en el pasado. El plan vial que encarará Mendoza para salir del estado de baldío en que se encuentran sus rutas es similar al impulsado en los 90, con concesiones privadas.
Lo que viene
En el plan de reinicio que tiene en ejecución el Gobierno hay una discusión de fondo en pleno auge: la propiedad de los recursos y las potestades para ejecutar y controlar.
El principal de ellos es el agua. El voluminoso plan hídrico que elaboró Irrigación con el influyente asesoramiento de la empresa Mekorot, aún circula para encontrar su versión final. El marco cambió, pues el DGI tiene ahora más poder que antes para decidir sobre toda la cadena de valor del agua: desde la montaña, hasta el surtidor de los consumidores domiciliarios. El oficialismo tiene problemas para tener capilaridad política entre los usuarios, es decir las inspecciones de cauce y sus asociaciones, sobre todo en el Río Mendoza. En el Gobierno cuestionan la legitimidad de las decisiones de las inspecciones, aún cuando tienen un sistema democrático más viejo que la propia Constitución.

Los usuarios, por su parte, ya presentaron objeciones a cada plan del oficialismo y hay uno en particular que puede generarles inconvenientes. Los regantes quieren ser parte de los controles de la actividad minera. Aunque el agua no tiene "dueño", pues es patrimonio público, la propiedad real la hace el uso y allí es donde está la pelea real.
Más intrincado es el futuro de los otros recursos naturales que Mendoza busca explotar. En el nuevo escenario petrolero, con la salida de YPF del negocio en Mendoza, deja a la Provincia con una expectativa ambigua: incertidumbre y alguna esperanza a la vez porque las empresas que puedan venir tengan un arraigo distinto al que tuvo la petrolera estatal en los últimos años. Se prende, igual, el alerta para no repetir los errores del pasado reciente, como en la mega licitación del 2008. La expectativa por las posibilidades del desarrollo de Vaca Muerta en Mendoza son moderadas. YPF ha tomado un impulso enorme en Neuquén con su modelo "fabril" en el que busca hacer más eficiente la inversión. La base de ese plan es bajar costos. La Provincia tiene desventajas en ese sentido, pues en el Sur no hay logística ni infraestructura que ayude. Igual el plan para avanzar en una nueva etapa de fractura sigue y los especialistas calculan el modelo para aprovechar alguna ventana de disponibilidad de los equipos que vendrán desde Neuquén.


