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La Cámpora y sus propios prejuicios le quitan frescura y gracia a Axel Kicillof frente a Javier Milei

Similares en formas y modos, sus irreductibles ideas los hacen casi gemelos. Kicillof quiere demostrar que su sistema distributivo y protector es mejor que el de Milei, aunque casi nunca lo puede.
Foto: X Javier Milei
Foto: X Javier Milei

Axel Kicillof pretende instalarse desde el primer día de la gestión de Javier Milei, como su contracara, la antítesis del “ajuste salvaje” y por eso ayer, en la actividad desarrollada en Ituzaingó por el Día de la Industria, al anunciar tardíamente la promoción de un régimen propio para las grandes inversiones, volvió a tomar distancia del libertario. Esto se explica porque “no podemos aceptar que la única forma de aceptar inversiones sea rifando nuestros recursos”.

La difusión del RIGI bonaerense llegó tarde y mal, luego de haber perdido no solo una discusión pública sino una de las inversiones más importantes de la historia del país, como lo es la instalación del puerto para el gas natural licuado que provendrá desde la Patagonia y será exportada al mundo.

El debate sobre qué hacer con los recursos naturales es antiquísimo y, efectivamente, la postura bonaerense, al igual que la riojana de Ricardo Quintela, parece ser la más razonable. Que las empresas que vienen a trabajar desde el extranjero no tengan la libertad absoluta sobre qué hacer con lo que extraen del suelo argentino y con el destino final de las ganancias que eso genera.

Pero todo empieza a caer en un agujero negro cuando se recuerdan los estériles debates por la instalación de las pasteras a la vera del río Uruguay que terminaron generando puestos de trabajo y millonarias inversiones en la banda oriental y no en Entre Ríos, bajo la supuesta imagen del impacto ambiental que podría provocar. Nada parece haber cambiado en el ecosistema del agua que separa Argentina de Uruguay.

Para esto fueron cerrados los pasos limítrofes y hubo delirantes manifestaciones por la soberanía. Estas exageraciones no fueron acompañadas por un progreso social y económico, que muestran a las provincias del litoral con los niveles de pobreza más importantes del país y con gobiernos absolutamente deficitarios, es lo que limita a Kicillof para ganarle una discusión a la nueva era de Javier Milei, montado en exabruptos y slogans muy simples y categóricos como la falta de plata.

La provincia de Buenos Aires, además, no muestra el severo ajuste, que lo hace uno de los más importantes del país, en su presupuesto cotidiano. Para llegar a fin de año tuvo que recalcular muchos de sus gastos, siempre amparados en los beneficios que le brindaba el anterior gobierno nacional que le había quitado, además, parte de la coparticipación a CABA para brindársela al gobernador más cuidado por Cristina Fernández de Kirchner.

Esa protección parece más difusa al día de hoy y son los propios intendentes y legisladores cercanos con Máximo Kirchner quienes más ruido le meten a su siempre observada administración. Al discutir todos los días con el gobierno de Milei, es imposible salir sin esquirlas o magullones de dicho debate. 

Kicillof en Ituzaingó con Pablo Descalzo y Maggario

En el Senado bonaerense está pasando de comisión en comisión, no sin ruido público e interno, el proyecto de ley que exige a los empresarios bonaerenses abonar hasta siete  veces más por indemnización al trabajador de lo que se paga en el resto del país. Ese monto puede ser mucho mayor si se lo compara con los proyectos debatidos y aprobados en el DNU 70 y otras propuestas impulsadas por el Ejecutivo nacional. 

En esto el gobernador fue tajante y la única oficialista de Cámara Alta, la vicegobernadora Verónica Maggario, lo viene advirtiendo aunque con poco éxito. La presidenta del bloque, Teresa García, alineada al Instituto Patria mucho más que a la Gobernación, sabe que sus legisladores son mucho más cercanos a Kirchner y Sergio Massa que al gobernador.

El otro ejemplo es la presión tributaria al que son sometidos los vecinos de Quilmes, Lanús, Pilar, Hurlingham y Luján. Estos municipios cobran tasas delirantes como un porcentaje especial por facturación en la compra final, el resumen bancario o los medidores de gas. Entonces, cada intercambio comercial que se realiza o apertura de obra tienen sobre costos que van entre el 5% y el 20% según sea lo que se pague o instale con relación a otras localidades vecinas.

Esto lo planteó muy claramente en MDZ el intendente de Esteban Echeverría, Fernando Gray, quien no solo no cobra la tasa especial por la carga de combustibles a los automovilistas de su localidad, sino que libera de cualquier pago por diez años a las empresas que se vayan a instalar en su distrito, incluyendo los costos de habilitación.

En estos detalles ingresa, astutamente, Milei, quien aprovecha los contrastes. Días atrás, el presidente reposteó una propuesta del también anti tasas Diego Valenzuela, de Tres de Febrero, el único pro libertario de la provincia. El jefe comunal propuso que “los supermercados pongan cartelería informativa acerca de las tasas que se pagan en cada municipio. Hay que visibilizar el tema, porque en definitiva las tasas excesivas las pagan los consumidores”.

En el palo contra palo del gobierno provincial contra el nacional la administración bonaerense perderá la discusión pública, fundamentalmente, por su limitante ideológico que le impide correrse hacia el medio en debates tan interesantes como los costos empresariales, la voracidad de los inversores o, esta semana, el aumento de las tarifas de servicios y el transporte público.

Justo cuando la gente empieza a verse sorprendida por los aumentos de la luz, el gas y el agua en el AMBA, Kicillof hace lo propio con los impuestos provinciales y los servicios en el interior bonaerense. Parece que la victimización no le sienta a su gestión. Entonces, más allá de alguna declaración puntual de su ministro de Transporte, Jorge D´Onofrio, no activan sobre el brutal recorte producido en contra del presupuesto provincial, similar en las formas al que en su momento hicieron con CABA, al privarle los recursos por los cuales funcionaba el sistema interurbano de colectivos.

Al quitarle los subsidios al transporte para los colectivos y trenes que funcionan en la Provincia, los pasajeros que entran y salen desde la Ciudad de Buenos Aires, casi un 40% de los transportados, deberán pagar una tarifa completa por el segundo y tercer transporte que utilicen para llegar al trabajo y luego volver a su casa.