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Octubre a pleno: Milei, su meta del 1% y una guerra en el Senado por el café

El Gobierno fijó una meta de 18.3% de inflación para el 2025. Para otro gobierno podría ser solo un deseo contable; para Milei es una condición casi ineludible. En el Congreso el ajuste llegó a todos.
Foto: Juan Mateo Aberastain Zubimendi / MDZ
Foto: Juan Mateo Aberastain Zubimendi / MDZ

Javier Milei tuvo el lanzamiento nacional de su partido, La Libertad Avanza, con todos los elementos que el mismo no hubiera soñado dos años atrás. Después de haber conseguido el reconocimiento legal en ocho provincias, el presidente puede decir que tiene su partido nacional, paso esencial para poder ir a elecciones el año próximo sin depender de acuerdos con otros partidos para presentar listas. En eso términos podría decirse que anoche festejó su independencia de Mauricio Macri, por lo menos eso creen muchos.

En imágenes Milei y su hermana Karina aparecieron anoche con los mismos elementos disruptivos para la política clásica que los que habían mostrado en el acto de Parque Lezama con el que cerraron la campaña de LLA el año pasado. Mucho mutó desde ese momento en el país, pero hay algo que se mantiene casi sin cambios y que hoy es muestra de fortaleza y debilidad (todo en conjunto) para el presidente: por una lado su relación directa con el electorado que apoya un cambio, pero también la necesidad de mostrar resultados en la vida diaria para todos los argentinos que en algún momento lo idealizaron como una salida a la crisis y la mediocridad institucional en la que está sumido el país en los últimos 20 años.

Conviene, entonces, repasar algunas imágenes que la economía y la política va a mostrar desde este octubre, que arranca caliente, hasta que se defina como será el 2025.

Javier Milei sigue teniendo que mostrar resultados como el primer día en que salió a caminar la calle pensando que podía ser presidente. No tiene estructura política que lo sostenga y debe pelear por tenerla a partir de diciembre del año que viene. La poca o mucha "casta" que lo rodeó hasta ahora le produjo más dolores de cabeza que beneficios. Como dijo anoche en su discurso, debe agradecerle a Guillermo Francos muchos de sus logros políticos, en una tarea titánica de negociación con potenciales aliados en cada caso.

Javier Milei en Parque Lezama junto a su "militancia". Foto: Juan Mateo Aberastain/MDZ

En esa batalla puede mostrar un logro evidente que es la baja de la inflación. Es, al mismo tiempo, una necesidad imposible de eludir a la hora de mantener la esperanza, que ya comenzó a menguar en las mediciones, en la inmensa mayoría de quienes lo apoyaron.

Todas las estimaciones privadas ven a la inflación de septiembre en un rango entre 3,4 y 3,8%. La tercera semana de este mes mostró una suba de 1,1% en alimentos, un número que ilusiona con la chance de perforar el 4% en septiembre y así continuar la tendencia a la baja.

Las complicaciones de Caputo

Ese optimismo viene de la mano de algunas exigencias complicadas que Luis "Toto" Caputo deberá sortear con altos niveles de dificultad. El Gobierno se fijó una meta de 18,3% para la inflación en el 2025. En cualquier otro momento de la historia la proyección inflacionaria en la ley de Presupuesto Nacional hubiera sido un dato importante, pero no determinante, ya que no existe casi ningún caso en las dos décadas recientes en que ese pronóstico se hubiera cumplido.

La inflación proyectada en cada presupuesto siempre fue utilizada, en especial por Néstor y Cristina Fernández de Kirchner, con una estrategia de subestimación para después, durante la ejecución presupuestaria, contar con excedentes de recaudación que los distribuían con toda la discrecionalidad imaginable.

Para Javier Milei no es lo mismo. Bajar la inflación es uno de sus mayores logros y quizás el único que le permita mantener la alianza directa con el votante que lo llevó a la presidencia. Los enfervorizados que lo acompañaron anoche en Parque Lezama y que lo aclamaron mientras reeditaba sus cuestionamientos a la prensa y la casta política quizás no se detengan tanto en el impacto de sus logros en los bolsillos cada día, pero sí lo harán quienes aportaron votos a ese caudal para ganarle al kirchnerismo y a Juntos por el Cambio y que miden continuamente esa variable.

Luis Caputo deberá sortear varios niveles de dificultad para lograr el índice de inflación que pretende Milei. Foto: Noticias Argentinas

Para estos últimos la baja de la inflación desde los niveles explosivos de diciembre en los umbrales de una hiperinflación, como dejaron al país los delirios monetarios de campaña de Sergio Massa, es un tema determinante. La pobreza de 52,9% que anunció esta semana el Indec es un dato vergonzante para toda la clase política; para todos los gobiernos de las últimas dos décadas, al menos. En esta materia no se puede mirar la foto, hay que ver toda la película. Aunque Milei fue responsable de los 11 puntos que subió desde la última medición, como explica el kirchnerismo los 42 puntos de pobreza con los que el gobierno de Alberto Fernández, Cristina Fernández de Kirchner y Sergio Massa dejaron el poder en diciembre pasado. Bajar la inflación también es clave para el presidente en este punto. 

Javier Milei deberá lograr de ahora en más una inflación cercana a 1% para poder llegar a ese 18,3 % en el 2025. También debería mantener ese ratio durante todo el año próximo para poder acertarle a la proyección inflacionaria. No será fácil ya que aún existen bolsones a corregir en la estructura de precios relativos, pero es el máximo desafío que tiene por delante.

Verano caliente

En el medio, además, hay otros conflictos que el gobierno debe enfrentar como, por ejemplo, cerrar en diciembre la renegociación de un nuevo acuerdo con el FMI. En esa fecha vence el actual entendimiento, las señales del FMI no son malas, pero aún hay bordados que no están terminados. Otro punto es la salida del cepo sin definir y el costo que eso implica para las reservas del Banco Central, un tema casi excluyente cada vez que algún argentino se sienta en Washington a dialogar.

En un acto de sinceramiento, el Gobierno reconoció que podría haber cortes de energía en el verano, luego salió a corregirse. Durante los últimos años Argentina sufrió cortes de energía en general producto de la falta de inversión en el mantenimiento y ampliación de la red de distribución. Con la economía del país casi sin crecer durante los últimos 15 años, la generación de energía no fue el problema, si el mantenimiento de la red que estallaba con cada suba de temperatura extra en verano.

Ahora el problema es la generación ya que tampoco hubo inversión en nuevas centrales. La racionalización de tarifas deberá solucionar el tema, pero no se construyen centrales térmicas, represas o parques eólicos de la mañana a la noche. Es un proceso de años por lo que suenan ridículas las críticas al Gobierno de Milei por este tema.

Como sucede en muchas ocasiones, las desgracias no vienen solas. En este caso, a la mayor demanda y la expectativa de un verano caliente se suma la salida de servicio de Atucha I que, hoy cumple su  último día de actividad.

Atucha aporta 362 megavatios al sistema interconectado, pero hasta el 2027 no volverá a operar (en el mejor de los casos). Para ese momento se deberán haber invertido US$670 millones para extender su vida útil hasta el 2047. Atucha I fue la primera central nuclear de Latinoamérica. Cumplió los 50 años de vida útil y aunque desde el Gobierno hubo consultas para extender hasta marzo su salida de servicio, la autoridad regulatoria nuclear se negó a autorizar una extensión del funcionamiento. La NASA, es que esta sujeta a privatización en 49%, es superavitaria y sus sentencias en materia de seguridad son inapelables.

El ajuste llega a todos, incluido el café

El Gobierno tiene tres batallas esenciales por delante. La posibilidad de un nuevo rechazo a un veto presidencial está presente cada día en el Congreso. Martín Lousteau milita como nunca para conseguir que el radicalismo, que él mismo preside en una imagen que se ha vuelto confusa y nominal, se sume al rechazo a un veto de Milei a la ley de Financiamiento Universitario. En la Casa Rosada miran esta chance con más preocupación, inclusive, que la suerte del veto a la nueva ley de actualización jubilatoria. Para los radicales, la UBA es algo políticamente más complejo que la cuestión jubilados. Es algo que se reconoce solo el silencio pero existe. El 2 de octubre hay marcha de las universidades nacionales y el evento será masivo, tanto como lo fue la de abril. Los jubilados nunca podrían tener semejante poder de convocatoria. Es doloroso pero real.

Pocos prestaron atención a una definición que lanzó Federico Sturzenegger la semana pasada. El ministro dijo que comenzaba el tramo más duro de la motosierra. No es algo meramente declarativo: profundizar el ajuste es hoy la única herramienta que puede usar el Gobierno para no tener que emitir más y poder así mantener su batalla contra la inflación. Mañana habrá una muestra de esa decisión cuando se avance en la baja de contratos de personal temporario en la administración pública. ATE viene haciendo protestas y paros por el destino de unos 65.000 contratos que esperan la decisión de renovarlos o darlos de baja. En la política se recuerda que el personal temporario debería llegar con los funcionarios y retirarse cuando vencen los mandatos. La realidad es que eso no sucede y muchos quedan generando capas que alimentan la "casta" contra la que combate Javier Milei.

Milei prefiere que el Congreso debata sobre Aerolíneas Argentinas. No está claro cuál será el futuro de la líneas aérea pero allí también aparece otro deadline: el 16 de octubre el sindicalista los pilotos Pablo Biró sería removido del directorio de Aerolíneas. Para entonces, debería existir en el Congreso alguna definición sobre el futuro de la empresa y también en la aerolínea una reorganización de la gerencia de operaciones que, tras la renuncia de sus responsables, dejaría de estar controlada por APLA.

Una muestra de hasta dónde llega el ajuste como cultura de estos tiempos la dio la mendocina Anabel Fernández Sagasti. En el Senado, Victoria Villarruel está llevando adelante una reducción de costos que impacta en todas las áreas. Desde que se instauró la identificación biométrica para el ingreso de personal, los pasillos se llenaron de caras que antes nadie había visto. La guerra de los ñoquis está a pleno.

Los gastos diarios también son tema de conversación en los pasillos de todos los días. El café es uno de los que más recortes sufrió. Villarruel dispuso que solo hay café disponible para los senadores durante las sesiones. Inclusive se puede ver a algunos senadores comprando café molido en los super de la zona para tomar en las reuniones de comisión. La protesta llegó al recinto y hasta Fernández Sagasti se hizo eco: durante una cuestión de privilegio en la que cuestionó que no se publicaba el link de un proyecto suyo en la página del Senado, se sumó a la queja de los empleados que no pueden tomar café mientras atienden a los senadores. Postales imposibles en otro momento.