La salida de un nuevo ministro que deja desnudo el poder de Javier Milei
"Si Santiago Caputo sigue acumulando poder va a explotar. No es sano ni responsable que lo dejen hacer lo que hace", le confesó a MDZ uno de los poquísimos interlocutores de confianza pero que ya perdió las ganas de hablar de temas políticos con el presidente Javier Milei.
Mario Russo se fue del Gabinete nacional luego de no haber podido nunca activar el área de Salud por múltiples motivos. Primero porque lo llamaron de apuro y de apuro tuvo que armar un equipo que terminó siendo un "Frankestein" similar al que mostraban los organismos del Estado en la época del Frente de Todos.
La diferencia con aquellos tiempos es que la pelea era clara. La Cámpora dominaba las cajas y el control de ingreso y los funcionarios con firmas daban la cara. Y todos los lugares se ocupaban. Ahora esto no es así. Los cargos quedan vacíos y las funciones se dejan de hacer o se delegan, casi siempre, en alguien cercano a Santiago Caputo.
Mario Russo se fue de Salud tirando una bomba que, si pasaba, le limpiaba todo el Ministerio. Dispuso reducirle las funciones a todos sus secretarios y subsecretarios de mayor manejo, entre los que estaba su reemplazante, Mario Lugones. Todo con la autorización del cada vez más reducido jefe de Gabinete, Guillermo Francos.
A diferencia de otros pares suyos en el Gabinete, que se sostienen en la función fingiendo demencia en un gobierno donde eso no se nota, Russo no aceptó los permanentes destratos recibidos, desautorizaciones y ninguneos. "Vino a poner su nombre y esfuerzo para que unos mocosos le sacaran mano", se quejó un amigo.
Quienes pudieron hablar con él en estas horas lo notaron tranquilo. Quizás extrañaba esa situación cuando luego de pasar por varias gestiones municipales y de la provincia de Buenos Aires decidió retirarse un poco del centro de operaciones a los cuales volvió por pedido expreso de Sandra Pettovello, conocida suya de la zona oeste del Gran Buenos Aires.
A pesar de las presiones, el exfuncionario no estaba pensando en su renuncia, aunque sí estaba dispuesto a relanzar su propia gestión y, si no podía, irse. Para el próximo lunes estaba previsto en la que parecería ser la única localidad libertaria de todo el país, Tres de Febrero, presentarse en un plan de descacharrado en la lucha contra el dengue. Diego Valenzuela, por supuesto, ya no lo esperará.
Russo será reemplazado por Mario Lugones, un antiguo operador multifacético del rubro sanitario, un conocido por todos los actores del sector. Desde los operadores más destacados de las ahora revisadas prepagas hasta por los laboratorios y, fundamentalmente, el mundo de las clínicas y prestadores del mundo sindical. Y junto con él seguirá estando su hijo Rodrigo, el amigo y socio de Santiago Caputo.
Uno de los tantos exfuncionarios que tiró este gobierno, aunque en este caso decidió irse porque vio "muchas cosas" que no le gustaron, a diferencia de Carlos Reutemann que solo vio algo que no le gustó, le confió a MDZ que "ni siquiera estás hablando de un negocio, que uno quería hacer y el otro se lo impedía. Directamente es celo, guerra de egos o ignorancia. Ponelo en el orden que vos quieras".
"Es imposible laburar en ningún área. La línea es toda del gobierno que se fue, varios de los directores también y uno siempre está pendiente de si lo que hace lo aprueban o te vuelan de una patada en el culo. Entonces, al principio ojeas, miras el panorama, pero después, cuando querés ir para un lado, alguien siempre autoriza y otro te lo frena", relató y remató: "Lamentablemente, esto no pasa acá solamente, sino en todos las otras áreas".
Mario Russo no se va porque tuviera algunas diferencias con el mundo médico asistencial y mucho menos con el sindical. Simplemente porque quiso hacer aquello por lo cual lo convocaron. Ni siquiera el Gordo Dan esperaba su salida, propia de un Gabinete que nunca se armó para gestionar. Nadie pensó estar participando de un partido de poder sino de la expresión más masiva de una idea de libertad, que no termina nunca fluyendo en el Gobierno.
Los dirigentes sindicales de la CGT saben que el oficialismo no los puede elegir, de nuevo, como los enemigos o verdugos tal cual lo hicieron cuando al inicio de la gestión los propios jerarcas sindicales aceptaron el juego. Salvo los de Aerolíneas y Pablo Moyano, no Hugo, todos los demás irán gustosos el lunes hasta la Casa Rosada a escuchar las explicaciones que les dan por la reforma laboral lanzada, pero a un ritmo más cansino de lo que Federico Sturzenegger suponía.
Varios de los integrantes de la Confederal de Trabajadores están en capilla o con serias dificultades para explicar una declaración jurada, como sucede con el sindicato de UATRE, cuyo secretario general, José Voytenco, parece tener una increíble protección política desde lo más alto del poder oficial. Tanto que un imprevisto fallo judicial le devolvió el manejo de su multimillonaria obra social.
¿Correrá la misma suerte Norberto Di Próspero? De la pequeña pero muy influyente Asociación del Personal Legislativo. El histórico referente gremial sabe que su suerte está atada a cómo camine en relación con el Gobierno. Una ejecución en su contra ha sido solicitada en el fuero porteño, oh casualidad, lejos del alcance de los siempre accesibles juzgados provinciales o nacionales.