Milei tiene sus bases y se quedó sin excusas, mientras Mendoza sigue rezagada
La sesión del Senado nacional en la que se aprobó la Ley Bases tuvo algunos detalles que ayudaron a construir una épica alrededor del Gobierno nacional: caos en la calle, desempates, negociaciones de último momento y hasta vuelos retrasados. Con la ley sancionada ahora hay quienes tienen algo de pánico: sin excusas en el camino y con los instrumentos en su mano, Javier Milei y su pequeño equipo ahora tienen que gestionar, un concepto ajeno a la dinámica de ejercicio del poder de La Libertad Avanza en estos primeros meses. Incluso los amigos lo ponen en duda. “Ese es el problema…que ahora van a tener que hacer”, resumió un legislador.
El punto de partida es complejo: hay industrias que en Argentina producen por debajo del 50% de la capacidad instalada; el empleo cayó drásticamente y la pobreza medida por ingresos afecta a la mitad de la población. Milei tiene sus bases; ahora resta saber cómo será el camino a la cumbre y con quiénes. Una idea fuerza que se impone y que va a contramano de la historia argentina es el sálvese quien pueda; esa máxima de que cada uno cuide su metro cuadrado. El sistema de salud, de educación, de seguridad, de previsión social y también social de Argentina se basó siempre con una filosofía distinta; impulsada por algunos de los próceres mal citados en los últimos años. El experimento individualista está en marcha.
La Ley Bases es el plan de gobierno y junto con el Decreto 70 plantean la visión filosófica y política de Javier Milei. Desregulación, rechazo a la intervención del Estado, agilización de los mecanismos, liberación de precios y un fuerte incentivo a la extracción de recursos naturales, con menor injerencia de los “dueños”, es decir las provincias. Justamente en general no hay tantas buenas noticias para las provincias, pues el Presidente obvia cada vez que puede esa parte del sistema de gobierno argentino: representativo, republicano y federal. Por eso los gobernadores se transforman en perros guardianes para que no quiten más recursos. Para Mendoza el resultado de la votación fue negativo. Aún hoy hay quienes piensan qué ganó la Provincia con esa norma, que consiguió aval del oficialismo “real” y el “oficialismo prestado o blue”, que representa Cambia Mendoza.
El golpe más duro ocurre con la negativa a restituir el Impuesto a las Ganancias. Si se mantiene lo aprobado en el Senado son 75 mil millones de pesos menos para Mendoza. La costumbre a tener una visión endogámica sobre el Estado hizo que el Gobierno lo graficara con salarios: es más de una nómina mensual. Si se piensa en base a una idea más general, podrían calcularse con escuelas, obras, ayuda social, subsidio al transporte, impulso a la economía o el fortalecimiento de cualquier otro brazo del Estado. Los asesores de Alfredo Cornejo se enojaron con la comparación, pero Mendoza quedó relegada: aportó los votos, el lobby y hasta la exposición. Pero se quedó sin recursos y perdió en la defensa de sus intereses particulares. La liberación del precio del petróleo puede traer algo de alivio para las arcas provinciales porque se elimina el “subsidio” que Mendoza y todas las provincias petroleras pagaron vía barril criollo para que la nafta sea más barata en las últimas dos décadas.
La autodefensa del Gobierno local es que esperan que Milei ahora sí pueda “gobernar”, estabilizar la macroeconomía y que haya un marco distinto. Ese mantra que repiten desde que son gobierno los radicales, es decir hace más de 8 años: “Si a Argentina le va bien, a Mendoza le va mejor”. En ese período ocurrió lo mismo, pero al revés: a Argentina le fue mal y a Mendoza le fue peor. Incluso son vidriosos los argumentos que defienden la tesis de la dulce espera, pues en la mayoría de los sectores la Provincia tuvo retrocesos relativos.
Inversiones
Uno de los capítulos más relevantes de ese plan de gobierno tiene que ver con el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI), que otorga un paquete de beneficios extraordinarios a las empresas que inviertan desde 200 millones de dólares en algunas actividades. En gran medida ese plan tiene como destinatarios a los proyectos relacionados con la extracción de recursos naturales, principalmente la minería, el gas y el petróleo. Todas actividades que requieren inversiones de capital alto y con fuentes de financiamiento externas. Mendoza lo mira de costado porque, nuevamente, no está en las mejores condiciones, aún teniendo recursos para explotar. Cosecha, como en otros temas, una mala siembra: falta de cartera de proyectos, escasas condiciones logísticas y baja disponibilidad de recursos básicos, como la energía. No hay líneas de transporte, hay baja disponibilidad de gas y la logística para el petróleo y la minería futura está solo en planos: el pueblo logístico pensado en Pata Mora está verde, por lo que se mira más del otro lado del Río Colorado. Igual, son todos proyectos de largo y larguísimo plazo. Es lo que piensan en el Gobierno respecto al desarrollo de la minería metalífera en Mendoza. La inclusión del turismo dentro de los beneficios del RIGI es una buena noticia para la provincia, aunque se trata de inversiones de una escala que supera la media del sector.
La inversión anunciada por la empresa Genneia, de Jorge Brito, es relevante porque es el primer avance importante en un área en el que Mendoza venía atrasada. El potencial es grande, pero la falta de infraestructura juega en contra: no hay cómo transportar la energía desde donde se genera hacia donde se demanda. Lo mismo le ocurre a otros sectores productivos. “Estamos revirtiendo esa realidad”; reputen cerca de Alfredo Cornejo. También tienen problemas para diseñar el proyecto productivo las empresas mineras. Potasio Río Colorado, por ejemplo, demandará grandes volúmenes de gas para producir y no está claro cómo lo obtendrá. Esa empresa debe resolverlo, aunque con el proyecto piloto podrían plantear una alianza para usar el gas remanente de algunos pozos petroleros de la zona. Tampoco tienen conexión a la red eléctrica de extra alta tensión. Los nuevos dueños de PRC, Minera Aguilar, quisieron imponer que el Estado se hiciera cargo. El contrato se cambió. Sin embargo la interconexión podría hacerla igualmente el Estado con el argumento de llevar la electricidad a Pata Mora. La logística para extraer el mineral también está en revisión (el plan es hacerlo por tren por Las Catitas).
Mientras tanto, en el Departamento General de Irrigación están cerca de anunciar el futuro del principal recurso de Mendoza: el agua. En las próximas semanas ese organismo determinará si hay agua subterránea para explotar en la zona más demandada por las inversiones (la margen derecha del río Mendoza), donde hay empresas enormes que esperan y presionan. Además, la empresa Mekorot está en la etapa final de elaboración del plan gestor que le encomendó la provincia y el CFI. Ya se sabe cuánta agua tiene y tendrá Mendoza. También cuánta agua se demandará hacia el 2050 y los escenarios posibles; uno casi catastrófico si no se ejecutan medidas de mitigación y adaptación, y otro sostenible. El último paso, que está en proceso, es el plan de acción. Habrá menos agua, no alcanzará para todos y exigirá mitigación y adaptación. En el medio está el desarrollo urbano y poblacional y también los planes productivos del futuro de la provincia.
En el corto plazo puede acentuarse la migración hormiga que hay de empresas y profesionales hacia San Juan y Neuquén, dos de las provincias que más rédito pueden obtener del RIgi. En la vecina provincia cuyana, por ejemplo, si se pone en marcha solo uno de los proyectos de extracción de cobre la demanda será enorme. Josemaría, del grupo Lunding, podría demandar más de 5 mil empleos. Los Azules, propiedad de McEwen y con automotrices como socios, va por el mismo camino, aunque con una proyección de mediano plazo. En la Patagonia norte el resultado podría ser más inmediato, pues vaca muerta está en plena expansión; al punto que Neuquén se sale de la línea de la realidad argentina. Hay empresas mendocinas que construyen alianzas con pares de ambas provincias para poder participar de esos negocios, puertas afuera.
El deterioro de la planificación de Mendoza se notó aún más puertas adentro. Cuando Alberto Fernández firmó el certificado de defunción de Portezuelo del Viento la Provincia quedó desnuda: no había un plan de desarrollo e inversión listo para ejecutar. Estaba la plata, pero, como ahora, no sabían en qué invertirla. Por eso pasó el tiempo y seguirá pasando. En el listado había más expresiones de deseo que planes. Irrigación y Aguas Mendocinas eran y son las más avanzadas. El Gobierno abrió un registro creado en 2021 para que todos los organismos postulen sus proyectos y, así, pasar filtros en los que se evalúa la conveniencia, el grado de desarrollo de los proyectos y el plan de recupero. Las zarandas son importantes y hay pocos proyectos que cumplen esos requisitos. Los intendentes, las empresas y otros sectores comienzan a tener alguna voracidad.
A Cornejo le toca rearmar el mecano productivo de Mendoza pensando en el corto, mediano y largo plazo. En el tablero del TEG que tiene en su escritorio sobran demandas y hay recursos escasos. La herramienta para resolverlo, aunque le pese a la filosofía libertaria, es la política.

