Juan Zabaleta reveló cuál es el verdadero problema del peronismo: "La gente no nos quiere más"
"Hay un dato que siempre uno debe seguir para saber cómo estamos. La producción de leche. Yo lo hago casi metódicamente, y ahora observé que cayó un 15%. Los pibes toman leche, y cuando se deja de comprar este producto, se encienden todas las alarmas", empieza su charla con MDZ Juan Zabaleta, exministro de Desarrollo Social e intendente de Hurlingham, aunque rápidamente aclara: "No quiero bajo ningún punto de vista que a este gobierno le vaya mal. Ojalá le vaya bien, porque si le va mal, le irá mal a todos los argentinos".
"Pero, guarda. La gente dice 'la estoy pasando mal, pero a ustedes no los quiero más'. Eso es tremendo. Y en esto que te digo que es tremendo se hacen todos los boludos. Se hacen todos los boludos", dispara Zabaleta que, con tiempo libre y la "libertad" que da no tener cargo público, no teme "dejar incómodo a ningún amigo" y, mientras sigue hablando, se le nota un cambio de tono y sus gestos son más serios, casi de angustia.
"Nadie dice nada, hacen como el anillo de Julio Grondona, todo pasa, y nadie dice nada. No vamos a cambiar hasta que no definamos, nuevamente, qué queremos representar, adonde queremos ir. A mí no me interpela el Polo Obrero o las minorías intensas, sino lo que le pasa a un vecino, a los pibes del conurbano", expresó.
Para el exministro del Frente de Todos "lo que está pasando es toda nuestra culpa. Toda. ¿Escuchaste a algún cráneo de los que hoy todavía siguen hablando haber pedido disculpas y decir yo me equivoqué? A estos mismos genios que te marginaban, cerraban las listas, que manejaban la lapicera encerrados en una pieza no los escuché decir nada ni pedir disculpas".
Hace una semana, cuando se juntaron los miembros del Consejo del Partido Justicialista bonaerense, Máximo Kirchner, Wado de Pedro y los referentes reunidos destacaron que en la provincia de Buenos Aires habían ganado y que había que ratificar ese rumbo. Al respecto, Zabaleta no solo negó esa idea y recalcó que "Milei cambió un paradigma. Fue la última gota que rebasó el balde que estaba harto del Estado presente, ese Estado presente que no veía en la realidad cada vez que iba a un hospital, entraba al aula de una escuela, cuando esperaba el colectivo y venían para robarte el celular o la cartera".
-¿Volviste a la mecánica del automotor para decir todo esto? ¿No lo pudiste plantear cuando eras gobierno?
-Estas cosas que yo planteaba cuando era ministro del gobierno de Alberto Fernández, ahora lo voy a decir más abiertamente porque terminé mi mandato y me fui a laburar a un taller mecánico que yo armé. Porque no me interesa ser asesor general de la garompa al cuadrado. ¿Viste que cualquiera que pierde una elección o termina con un mandato se transforma en asesor general de la garompa en algún raviol del Estado? Yo no quiero seguir siendo casta.
Yo no soy un mueble, a mí no me pones en ningún lado y, reitero, no voy a ser un asesor de la garompa al cuadrado. No voy a ser un mueble que pones en un lugar y listo. Más viejo me estoy poniendo y menos paciencia tengo y más quisquilloso me pongo. Pobre Carolina, mi mujer, me tiene que bancar esto (risas).
Ahora, como un laburante más, en un taller de alineación y balanceo, puedo hacer y decir con total libertad, sin comprometer a nadie. Yo fui parte de un gobierno donde todo era preguntarse de qué lado estás. ¿Del lado de Cristina o del lado de Alberto? ¿Cómo es de qué lado estas, estúpido? Estaba en un ministerio que debía atender, en ese momento, un 36% de pobres y más del 50% de los pibes pobres. Esa Argentina necesitaba un gobierno homogéneo.
-¿No se podía discutir?
-Sí, a los gritos. Después pasaba y así terminamos.
Desde el propio gobierno del Frente de Todos se le cargaban todas las culpas a Alberto Fernández, como si él hubiera decidido ser candidato presidencial sin haber sido puesto por Cristina. ¿Por qué no se discute esto?
No se va a discutir porque si el bizcochuelo se te quemó con una receta y le echas la culpa al bizcochuelo, es todo una locura. No es culpa ni del horno. Es la culpa total del que arma la receta, el que no se fija la temperatura del horno. El horno, en definitiva, lo podes graduar, le podes imponer la temperatura que querés, pero acá se quiere insistir con las mismas recetas y así no vamos a mejorar ni cambiar a la Argentina.
Cuando se fracasa se cambia. ¿Qué pretende representar el peronismo? Milei, cuando le habla a los pibes, los entretiene y los hace escuchar durante una hora y media con atención.
En cambio, para algunos compañeros, acá no pasó nada pero, la verdad es que pasó. Pasó que de un día para otro vino un grupo de dirigentes que dijo renuncio al gobierno con Wado De Pedro a la cabeza. Fue un golpe de Estado. Y todo pasó como si nada. Que quede claro, no se reconstruye ni con la misma receta ni con los mismos cocineros.
-¿Lo hablás luego de tu derrota?
-Obvio, y también de la experiencia de tantos años en la política y militando e intentando corregir algo. Tendríamos que haber contado mucho más lo que estaba pasando en aquel momento, cómo se operaban en las internas, en las PASO, en el gobierno. Hoy, viendo la balanceadora, la alineadora, digo, tengo que hablar, tengo que contar y aportar mi experiencia para lo que viene, que cree que todos somos una casta. ¡Qué casta ni que casta! Yo ando ahora solo por todos lados pero antes también, andaba solo por todos lados. No tenía catervas que me rodearan. Y cuando estaba muy cansado manejaban los amigos, Julito o Amador.
Vivo en la calle Güemes, a dos cuadras de la plaza y vos no tenés que dejar el documento o mostrarlo para entrar a mi casa como pasa cuando vas a ver a un montón de políticos que viven en barrios privados. La gente exige que seamos como ellos, que vivamos como ellos, y cuando tenemos que enojarnos, lo hagamos.
Mirá quienes nos gobiernan. Se la pasan puteando a todo el mundo y eso tampoco tiene sentido, tiene que haber un límite, porque la leche está carísima y no la pueden consumir los niños ni las familias. Le pido al presidente que deje de mirar el dólar y al mercado y que se fije en los jubilados, las pymes y los laburantes. Pero guarda. Hay mucho más bronca con nosotros.
-Pero el divorcio que generó el peronismo de Unión por la Patria con esa sociedad fue tremendo. Para peor, ya venían de un divorcio previo, que fue la experiencia del gobierno de Carlos Menem que perdió con la Alianza.
-Efectivamente. Y cuando las cosas empezaron a discutirse de manera epistolar, con cartas, las cosas se pudrieron mal. Y yo lo planteé donde debía plantearlo. Les decía que estábamos defraudando a millones de argentinos a los que le prometimos que le íbamos a llenar la heladera, que íbamos a darle de comer asado todos los domingos.
-¿Por qué le pegaron una patada a Martín Guzmán?
-Fue por una decisión de poder, para dejar en claro quién mandaba. Y no era así! Con la gestión no se jode, y cuando uno pone la interna ante todo, la cosa termina mal. A mí La Cámpora no me aprobó la fiscal impositiva en 2023 y llegué al final de mi mandato con una tasa promedio de $3.500 pesos por frente mientras que la inflación había sido del 200%. Discutamos de otra forma, pero no se metan con la gestión.
Cuando se jode con la gestión es muy difícil y hay que terminarla con esa forma de hacer política. Porque ahora se callan la boca esperando que Milei choque la calesita para ellos después volver a poner un dedo con un dedazo y después si no nos gusta lo que hace lo caguemos a sogazos durante el gobierno. Era la crónica de un final anunciado.
Ahora bien. ¿Cómo seguimos? ¿Se resuelve con una foto con todos los dirigentes abrazados? Obvio que no. Hay que volver a hablar de los temas que le preocupan a la gente, hay que pedirle disculpas. Yo les tengo que pedir disculpas a la gente porque la defraudamos. Le prometimos que le íbamos a llenar la heladera y no lo hicimos. Este tipo que nos está gobernando la va a chocar de frente, sí, pero nosotros venimos a pedirle disculpas a la gente por lo que nosotros no supimos hacer.


