La política en carne viva y el peligro de elegir a Cristina Kirchner como contrincante: ya nadie esconde su estrategia
Para el Gobierno de Javier Milei el hecho más importante de la semana pasada para la política local no se generó en territorio argentino sino en tierras británicas, en The Adelfi Building, en el 1 John Street, Londres. Allí está el bunker editorial de The Economist, la prestigiosa revista que tuvo al presidente como protagonista absoluto en su tapa. La aparición de Milei en la tapa de esa revista no fue un hecho periodístico más: claramente se trató de la mención editorial más importante que haya tenido el presidente en un medio internacional serio desde que llegó a la Casa Rosada.
El embelesamiento presidencial frente a ese hecho tapó cualquier preocupación sobre el impacto de haber acelerado desde el oficialismo la caída del proyecto de Ficha Limpia y vino con algunos condimentos extra. Por ejemplo, la forma en que se editó la tapa en esta edición, con una foto en blanco y negro para enmarcar a Milei en estilo retro gravado, un recurso que The Economist guarda para grandes ocasiones o eventualmente para marcar cambios de época. Así lo leyó y lo festejó el Gobierno.
La edición, además, no fue destinada solo a la versión Americas, como sucede en algunos casos, sino que la tapa de Milei formó parte del envío original de la revista. Ayer, para abundar, The Economist publicó otra nota sobre el presidente argentino que refuerza el foco puesto en él con el inquietante título de “Lo que Milei puede enseñarle a Trump”.
Todas las lecturas sobre la edición de The Economist sirvieron para reforzar internamente a Milei en el rol internacional, que es el que más le gusta jugar y en el que en las últimas semanas no tuvo disgusto alguno. Milei se siente “iluminado” en el último mes y la realidad es que los hechos le dan la razón. Cada pasó que dio y cada novedad que aportó la economía fueron en el camino correcto. Solo queda un pendiente para el público: la llegada de la reactivación de la economía (por ahora selectiva) y de la recuperación del poder adquisitivo a todos los bolsillos. La semana pasada se conoció un dato inquietante: la venta en supermercados cayó 12,8% en relación al mismo mes del 2023.
Esta semana, Milei tendrá otra chance de jugar un partido a su medida en la cumbre del Mercosur. Ese mercado concebido como una unión política y aduanera nunca funcionó como tal y ahora menos. Milei irá a Uruguay, donde Luis Lacalle Pou lo recibirá junto al electo Yamandú Orsi, en otra muestra de civilidad política de los uruguayos. Habrá presentación con el nuevo mandatario y otra foto de circunstancia con Luis Inácio Lula Da Silva.
Nada de eso parece importar demasiado en estas horas: hoy existe un acuerdo generalizado, es decir tanto para Brasil como Argentina, Uruguay y Paraguay, en que la salida está en abrirse a acuerdos de libre comercio con terceros países. El problema es que no todos quieren firmar con los mismos países y que las características pueden ser bastante distintas para casa uno.
El anunciado acuerdo con la Unión Europea hoy no existe en los papeles reales. No lo quiere Francia, ni sus agricultores, ni sus industrias, pero tampoco Alemania metida en un complicado proceso de renovación del poder y mucho menos lo acepta Europa toda que está danto un giro ideológico que aún no termina de moverse. En ninguno de esos casos existen chances de colar un acuerdo que conceda apertura de mercado a latinoamericanos.
Brasil insiste con esa opción pero solo como un tapón a pretensiones más complicadas y “libertarias”, como la de Uruguay con China o la que va a proponer Milei con los Estados Unidos. Ahora, en todos los casos, las condiciones de esos acuerdos comerciales parecen imposibles para el Mercosur en su totalidad, pero si probables para cada socio por su lado. En ese terreno Milei tendrá en Uruguay otro éxito garantizado y libertad absoluta para volver a ningunear las chances de existencia del Mercosur, como ya hizo en la campaña.
Mientras todo eso sucede en el mundo (para alegría de los libertarios) en Argentina la política volvía a asentarse sobre bases mucho más tradicionales y espurias, como normalmente nos tiene acostumbrados en el país desde hace décadas. En el Congreso la caída de la sesión para intentar votar una ley de ficha limpia que impida a condenados con condena confirmada presentarse como candidatos a elecciones terminó transformándose en un filtro para que el público de a pie comenzara a entender por donde pasa el verdadero juego de la negociación grande por estos días.
La existencia de una ley de Ficha Limpia en Argentina, modelo que impera en Brasil donde fue impulsada y refrenda por Luis Inácio Lula Da Silva y que luego estuvo a punto de volverse en su contra, no solo impactaría en una hipotética candidatura de Cristina Fernández de Kirchner, sino también en el centro del equipo de posibles candidatos del kirchnerismo. Cristina se victimiza y el kirchnerismo hace campaña contra la Ficha Limpia acusando a sus autores de intentar una proscripción, pero la realidad es que son varios los candidatos K que podrían quedar fuera de carrera por esta ley.
Es difícil explicar que se acepte políticamente que un corrupto condenado en dos instancias, incluyendo la Cámara de Casación, pueda presentarse como candidato en cualquier elección. Esa es la trampa en la que quedó involucrado el oficialismo sin disimulo y en carne viva esta semana. Imposible esconder a los ocho libertarios que no dieron quórum en la sesión, o la payasesca arenga de Lourdes Arrieta intentando hacer creer que su ausencia a la hora de dar número tenía justificaciones más elevadas que un espurio acuerdo de bancas.
Los diputados libertarios, con muy poco training y preparación legislativa, descubrieron en estos días que una vez caída una sesión por falta de quórum existe la posibilidad de hablar durante las manifestaciones en minoría. Mucho creyeron que con eso tapaban su ausencia a la verdadera hora de poner el “culo sobre la banca”. De ahí los vergonzosos momentos que se vivieron.
Como dijimos más arriba, en el Gobierno no pareció haber demasiada preocupación por el impacto del tema en el votante libertario medio. “Es un tema de casta”, consideraron y de hecho minutos después de la caída de la sesión en la Casa Rosada se armó una foto con todos los equipos de trabajo del presidente. Imposible que las sonrisas fueran más anchas en las caras de los ministros presentes. Rumores sobraron desde la necesidad de no hacer ruido una semana antes de la reelección de Martín Menem en la presidencia de la Cámara de Diputados hasta la necesidad de mantener la polarización absoluta con Cristina Fernández de Kirchner, sobre todo en la elección bonaerense donde Karina Milei arma toda la estructura de pelea.
El problema es que mientras toda esa política clásica aparece en la superficie, el público de a pie teme que la obscenidad kirchnerista vuelva a tener chances de supervivencia a la luz de estrategias erradas. El kirchnerismo muestra por estos días sus humores más hediondos, con internas destructivas entre viejos aliados que no dudan en ventilar toda la roña que guardaron por años bajo la alfombra.
Las peleas públicas de Mayra Mendoza con Jorge Ferraresi, siempre por problemas de cruces de territorio con el match de La Cámpora contra Axel Kicillof de fondo, donde la prueba más acabada de la situación que rodea a la exvicepresidenta. Peor aún las alternativas judiciales de muchos de ellos con Martín Insaurralde justificando los euros que pagó para irse a navegar por el Mediterráneo con Sofía Clerici, champagne francés y pulseras de Cartier incluidas, en el éxito económico de su ex Jesica Cirio que le presta plata.
Eso es el kirchnerismo en estado puro, también lo son los 13 acusados en la causa Vialidad, 9 de ellos condenados junto a Cristina, o los 37 involucrados junto a Alberto Fernández en el caso de los brokers y el escándalo de Nación Seguros.
La pregunta ahora es si Javier Milei realmente cree que puede lidiar con toda esa biblioteca del terror de la corrupción como contracara o sparring para la elección del 2025. Es cierto que le prometió a Silvia Lospennato, tras la caída de la sesión de esta semana, avanzar con una nueva Ley de Ficha limpia, inclusive mas amplia y contemplando mas delitos para inhibir a un condenado a presentarse como candidato.
Las chances de cumplir esa promesa podrían estar ahora, en la convocatoria a sesiones extraordinarias, pero todo indica que no será así. Si Milei avanza con una ley de Ficha Limpia no será quizás con un proyecto que venga de la mano del PRO, partido con el que ya es casi un hecho que no tendrá acuerdo electoral para el año próximo. Los movimientos en la provincia y en la Ciudad de Buenos Aires ya marcan la tendencia. Jorge Macri se prepara para la guerra
Mauricio Macri, que anoche no concurrió a la fiesta de casamiento de Horacio Rodríguez Larreta con Milagros Maylin en Cardales, también rompió lanzas con Milei la semana pasada. ¿Será definitivo? Nada es seguro, el expresidente tuvo pronunciamientos duros con Milei en otros momentos y después volvió al diálogo. En esta ocasión, su posteo tras el fracaso con Ficha Limpia no deja lugar a dudas. Ya nadie esconde estrategias, ni siquiera Milei reniega públicamente de la política; la negociación con los gobernadores por un Presupuesto 2025 que no termina de nacer es otra de las demostraciones de este nuevo tiempo.


