Los gobernadores ya están hartos del cuento del camello y amenazan con rebelarse
“El cuento del camello es la esencia de este gobierno”, sostienen tres de los gobernadores con mejor diálogo con el Poder Ejecutivo nacional. Son los que hasta ahora están más cerca de pedirle a los pocos diputados nacionales de su confianza que rechacen el veto del presidente Javier Milei a la Ley de Financiamiento Universitario que algunos de ellos habían rechazado hace cuarenta días.
Los tiempos y los momentos cambian. En agosto, cuando se debatió el proyecto de ley que contemplaba un mecanismo para garantizar fondos para todas las casas de altos estudios, los jefes provinciales interactuaban con el gobierno nacional algo cansados de la falta de respuestas o el quiebre de los compromisos asumidos por Guillermo Francos y Lisandro Catalán. El no hay plata de Luis “Toto” Caputo, respaldado por Milei, siempre termina imponiéndose.
Algo de eso también le ocurrió a los rectores de todas las universidades del país agrupados en el Foro de Rectores. Victor Moriñigo, con no pocas intervenciones de otros pares que tenían relación preexistente con el peronista ortodoxo Alejandro Alvarez, hoy encargado de las negociaciones con los representantes universitarios, habían logrado un acuerdo hace dos meses sobre el aumento salarial que recibirían los profesores de todos los claustros.
Sin embargo, cuando fue a convalidarlo, luego de haber hecho todo el camino correspondiente, inclusive la revisión de la siempre desconfiada ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello, desde Economía le dijeron que no. ¿De cuánto era el porcentaje acordado? Similar al que finalmente se anunció y los rectores rechazaron, pero ya con sesenta días perdidos y casi 8% de inflación acumulada.
La impaciencia es extrema. Tanto que uno de los más calmos e incansable buscador de consensos como Rogelio Frigerio se hartó. Por eso es que uno de los legisladores nacionales aliados directos del gobernador de Entre Ríos, Francisco Morchio, hoy le dará la espalda al pedido del gobierno.
Entre Ríos enfrentó un paro docente impactante hace algunas semanas que Frigerio debió sortear con los escasísimos fondos que le dejó la administración anterior del peronista Gustavo Bordet, cuyos familiares, al igual que los de otros ex gobernadores como Sergio Urribari y la mayoría de intendentes eligieron esconder con goce de sueldo en la legislatura entrerriana a todos sus parientes.
Entre la presión de una reunificación peronista más la escases de fondos y la nula ayuda del gobierno nacional, que promete y luego no les cumple, el humor para acompañar medidas incómodas no es el mejor. Más al extremo ya se encuentra, nuevamente, el gobernador de Chubut, Ignacio Torres, quien prefirió presentarse al zoom que pidió Mauricio Macri pero luego ni escuchó ni opinó sobre lo que ahí se debatió.
Frigerio, Torres, el puntano Claudio Orrego y Maximiliano Pullaro están analizando algunos proyectos para dejar en claro que ellos no son los gastadores seriales como se los acusa desde la Casa Rosada. No sería descabellado que en las próximas horas apareciera un proyecto de ley para eliminar el impuesto a los combustibles cuyo porcentaje tiene como destino directo la mantención de las rutas y caminos de todo el país.
Como el Ejecutivo se desentiende de la obra pública, ese fondo va directo a financiar al gobierno nacional y no llega a las provincias. Entonces, entre los apremios económicos por las herencias recibidas o los acostumbramientos que tenían las gestiones de gastar y derrochar, Milei ejecuta lo mismo que hacía el menemismo y potenciaba el kirchnerismo. Obras por voto. Falta que le brinden un avión especial para que llegue un legislador y cartón lleno.
Los diputados de Misiones, dependientes de Hugo Pasalacqua, dudaban hasta hoy a la mañana sobre qué hacer, aunque en el punteo de los que impulsan el rechazo al veto ya lo daban por perdidos. Quienes se siguen revelando son los catamarqueños vinculados con Raúl Jalil, que en su momento interactuaban con los tucumanos en favor de los pedidos del gobierno nacional pero ahora también parece que encontraron sus propios límites.
A la noche de ayer, uno de los más experimentados legisladores, hoy duramente enfrentado con las políticas nacionales, no tenía esperanzas en que pudieran ratificar la ley aprobada y que la Casa Rosada, entre ausencias peronistas y algunos acuerdos de último momento, llegaría al número deseado de 84 legisladores en favor de su propuesta.
“Esto será así los cuatro años… No hay manera que nosotros estemos dibujados y que ellos no pretendan que no existamos. Más allá de las elecciones de 2025, no habrá un cambio significativo en el reparto de las bancas”, anticipó.