A menos de un mes, se polariza la elección para gobernador en Mendoza
El consultor Mario Riorda, que desde hace ya un tiempo asesora en la campaña de Omar De Marchi, contó una pequeña historia ante un reducido grupo de miembros de La Unión Mendocina que lo estaba escuchando. El relato vino a cuento del resultado de las primarias nacionales y del triunfo arrasador de Javier Milei. Pero el analista político buscó rápidamente ligar esa misma anécdota al objeto de su trabajo en Mendoza. Dice así, relató Riorda: “Un emperador romano convocó a un concurso de cantantes y solamente se presentaron dos. El primero lo hizo tan mal que, automáticamente, decidió premiar al segundo sin escucharlo. Cuando hay mucho descontento -concluyó el gurú- los electores no se ponen a evaluar qué tan bueno es el segundo, les alcanza con saber lo malo que es el primero”.
Quizás en este relato, se pueda encontrar una de las claves más importantes de lo que se viene. Cuando faltan solo 28 días para la elección de gobernador, la provincia se encuentra frente a un escenario de polarización entre las figuras de Alfredo Cornejo y el propio De Marchi, aunque domina mucho la incertidumbre todavía y cada uno de los comandos de campaña esté permanentemente corrigiendo el rumbo forzado por lo vertiginoso escena política tanto nacional como local.
¿De qué les habla Riorda a De Marchi y compañía? Que en este mano a mano en que apunta a convertirse la elección, la apuesta tiene que ser para que el lujanino sea percibido como la figura del cambio. Difícil la tarea. Hasta hace nada, De Marchi; su compañero de fórmula Daniel Orozco y muchos, pero muchos de los dirigentes que hoy están convencidos de que hay que evitar la vuelta de Cornejo, formaban parte del mismo espacio que él.
Sin embargo, a pesar de esto, buscan leer un dato a su favor. En Neuquén, para gobernador y en abril pasado, Rolando Figueroa logró romper con una hegemonía de 60 años del Movimiento Popular Neuquino armando una alianza multipartidaria y con el llamado a hacer “un gran acuerdo neuquino”. El punto fue que Figueroa no era un extrapartidario. Venía de romper solo meses antes con el oficialismo, entre otros motivos, porque le impedían competir. Siguiendo la lógica de Riorda, los neuquinos no se preguntaron de dónde provenía el segundo cantante. Efectivamente solo querían sacar al primero de la escena.
De Marchi está frente a una encrucijada en esta recta final y es si se sube o no sin tapujos al tren de Javier Milei. Sus nuevos, ex viejos socios del Partido Demócrata en buena medida se lo plantean. El más movedizo es Carlos Balter, quien está en tratativas directas para que efectivamente el líder de Libertad Avanza desembarque durante los primeros días de septiembre en el Gran Mendoza. Balter, en buena medida, apela a su memoria emotiva para empujarlo a De Marchi para que se la juegue. No olvidará jamás como se le escapó la oportunidad de conquistar el poder en 1999, cuando tenia todo para ganar la provincia y resultó dañado porque decidió no llevar candidatos nacionales en su boleta.
No hay nada que por el momento indique que Milei se sacará una foto con el candidato de LUM. Y De Marchi, por su lado, cavila. Teme que esa jugada suene a otra de sus maniobras oportunistas y se le termine convirtiendo en un boomerang. Tampoco se sabe qué juego hará Milei acá. Ya se dijo hace unos días: Mendoza es una de las provincias más importantes que elegirá gobernador justo un mes antes de la elección nacional del 23 de octubre. ¿Qué sucedería si Milei decide levantar la mano a De Marchi y este gana la elección subido a esos votos? Milei se habría impuesto, pocos días antes de la gran definición, en uno de los bastiones importantes de Juntos por el Cambio, habría derrotado a Cornejo, uno de los aliados clave de Bullrich y, además, en la misma jugada se habría impuesto en el territorio del candidato a vice de la fórmula que compite directo con él. En ese sentido, la elección provincial podría terminar marcando el pulso definitivo de la nacional. Pero en contra de esto opera que, cada vez que desembarcó con candidato propio en una provincia, al libertario le fue pésimo.
Cornejo, por su parte, va surfeando la ola con cuidado y preocupación evidentes. Lee los números de las dos últimas elecciones como nadie y tiene la percepción cierta de que el oficialismo mendocino está golpeando su cabeza contra un techo electoral. Las encuestas todavía le marcan cierto aire para moverse: Cambia Mendoza rondaría entre el 35% y el 38% de intención de voto, con una diferencia de alrededor de 12 puntos contra el segundo que es, en este escenario polarizado, el mismo de Marchi.
Algo no sucedió en el ideario del cornejismo. Luego de las PASO provinciales de junio, el deseo (y la convicción por qué no) fueron que el peronismo mendocino creciera algunos puntos de cara a septiembre. Pues bien, elección tras elección, el Frente Elegí fue encontrando su subsuelo de votantes y está, reconocido por sus propios dirigentes principales, absolutamente fuera de la discusión. Los objetivos ahora son dos y tan módicos, que moverían a ciertos impulsos de ternura si no fuera porque, con razón, la ciudadanía los emparenta con el desastre del gobierno de Alberto Fernández. Y porque además no hay dudas de que están pagando los costos de años de una mala conducción partidaria por parte del kirchnerismo.
El PJ hoy se contenta con sostenerse en ese 16% de votantes que conserva y en tratar de frenar la sangría de dirigentes que están fugando hacia el frente demarchista. Roberto Righi ya saltó, Emir Felix no lo hará y resta saber de qué manera Matias Stevanato concretará su anunciado anhelo de consolidar un frente anticorenjo. Por ahora solo apunta a brindarle algún gesto a De Marchi, sin que eso implique romper con el peronismo.

Dos o tres movidas de Cornejo en este tramo de la campaña que ayudan a comprender cómo está observando el tablero. La primera es que definitivamente lo pegó a Luis Petri a la estrategia provincial. Está convencido de que los votos de Petri en la interna no fueron propiedad del candidato a vice de Patricia Bullrich, sino que lo que importa es lo que representaron en aquella oportunidad. Y en ese sentido, no fueron otra cosa más que la manifestación de un importante sector disconforme con la gestión de gobierno de Rodolfo Suarez.
Sabe del histórico malestar de maestros y maestras con el ítem aula. Y anunció que está abierto a debates reclamados por Petri en su momento. Pero aquí no habrá que albergar demasiadas expectativas de modificaciones de fondo: lo que se presentarán serán algunas excepciones al polémico régimen de presentismo docente que estárán lejos del debate acerca de su eliminación. Hubiera sido mucho para Cornejo tener que jugar en la campaña esa ficha. Terminar con él ítem aula, hubiera sido como arriar una de sus principales estandartes sobre la autoridad y el orden que siempre pretendió enarbolar como eje de su discurso.
Lo que sí sucederá, será que tratará de provincializar la elección lo más que se pueda. Cuentan que el jueves pasado, en una reunión de dirigentes nacionales de Juntos por el Cambio, los referentes de Mendoza pidieron para que Bullrich se abstuviera de hacer campaña acá durante septiembre. Cornejo eso no se lo pidió a Patricia directamente. Aunque quedó claro que, si no vienen, sería muchísimo mejor.
Otra de las señales duras que dejó detrás de sí el resultado de las PASO nacionales: la gente no optó por el consenso, más bien buscó respaldar ofertas electorales que iban en el sentido absolutamente contrario. Y una felencia evidente, cuando faltan menos de 30 días para la elección, es que no se discute en profundidad como se atenderán las urgencias del 40% que subsiste bajo la línea de pobreza o, por caso, de qué manera se apuntará de una vez por todas a la prometida diversificación de la matriz productiva para que los jóvenes (que como los sectores bajos votaron en su mayoría a Milei) puedan salir de esa encerrona en la que están metidos en su vida cotidiana con trabajos en los que se les paga muy por debajo del promedio de la región.
Quizás todavía, más allá de la búsqueda de Cornejo por contener a algunos sectores disconformes, nadie apuntó a hablarle directo a ese 45% de mendocinos que optó por Milei y que evidenció hace dos domingos el estado de cosas: Mendoza, al igual que el resto del país, dio muestras de que está enmarcada en un contexto social roto, golpeada por la crisis económica y hastiada por la falta de respuesta de los dirigentes a los problemas de fondo. Cierta mueca de tranquilidad mostraron los funcionarios de Suarez por el manejo de la crisis desatada por los ataques y los intentos de saqueos y comercios. Entendible la satisfacción. Pero no hay que obviar que lo que sucedió (al igual que hechos similares que se propagaron por varias otras zonas del país) mostraron que hay sectores muy golpeados que están dispuestos a salir a delinquir, que son inorgánicos y que además, dieron muestra firme de que no tienen nada que perder. En Mendoza no es que la cosa se vaya a pudrir. Pero tampoco hay que creer que no pasa nada. Lo que vimos en esta última semana fue la existencia de un caldo social muy caliente y con gente al borde de la explosión. Y mucho de eso tiene que ver con la situación nacional. Pero también una buena parte de ese duro mensaje es una alarma para el slogan “Modo Mendoza” de las dos últimas administraciones radicales.
Cornejo está persuadido de que De Marchi no conquistará su objetivo final que es convertirse en referente del voto opositor porque no es confiable para muchos sectores. Volviendo a la historia del gurú electoral: entiende que el gobierno de Suarez pudo haber desafinado bastante. Pero que en definitiva no cantó tan mal como para que la gente termine eligiendo al segundo.




