Imágenes de un país caótico, que suman incertidumbre al panorama electoral
Gustave Le Bon describió hace cien años que los que marchan en masa, los que se integran a la masa, se sienten invencibles, no tienen límite y no existe el debate, es todo indómito y caótico. Es lo que pasó ayer en el Obelisco. No todo es lo mismo, el caldo de cultivo de un país al borde del delirio se vistió de luto antes de votar, generando el peor contexto para llevar a cabo el acto más igualador y esperado de las sociedades que viven en democracia. No todo es lo mismo, son dos muertes evitables y bien distintas, pero sirvieron para llegar de la peor forma al super domingo de las PASO.
Una nena de once años a manos de dos delincuentes en moto que le arrancaron la mochila y la vida antes de ir al colegio. Un exguerrillero de las FARC que murió tras enfrentarse con la Policía, arrojando piedras en el Obelisco. Nada une a las dos muertes salvo el dolor de los que los querían.
Lanús y el Obelisco, dos lugares donde Gobierna el PRO y sirvieron de escenario para embarrar unas elecciones que ya venían sucias, operadas, violentas. Nada es genuino, es lo que contestaron al unísono una decena de dirigentes políticos a MDZ durante la tarde de ayer, mientras las imágenes de la manifestación del Obelisco se reproducían sin pausa. Un país que termina de enterrar a Morena para desatar violencia y más violencia en más lugares, todo casi sincronizado.
Horacio Rodríguez Larreta nunca había sido determinante como ayer: respaldó sin lugar a dudas todo el accionar de la Policía de la Ciudad, que reprimió la protesta por "la farsa electoral" que llevaron a cabo muy pocos manifestantes, entre los que se encontraba el exguerrillero de las FARC, Facundo Molares, quien murió cerca de las seis de la tarde.
Diego Kravetz evitó el barro, simplemente dejó en claro que la seguridad no depende de los intendentes, algo que hasta el más ignorante de los dirigentes políticos sabe. El kirchnerismo intentó ensuciar la campaña de Néstor Grindetti, intendente de Lanús y precandidato a gobernador en 48 horas, y apuntaron directamente a Kravetz, futuro intendente del municipio y heredero de la marca "Grindetti" en Lanús.
Los asesinos de Morena tenían antecedentes, como casi todos los casos últimos, siempre con ingresos y egresos de alcaldías o de la cárcel. De 46 patrulleros que debería haber llegaron cinco desde que Gobierna Kicillof. Su monitoreo y accionar está supervisado por la fuerza provincial que falló, falla y fallará hasta que no financien y le den las herramientas a los policías para poder trabajar en condiciones lógicas.
Alberto Fernández no opina de política, sostiene su premisa básica de gestionar hasta el último día, pero mientras la interna peronista genera tensiones inusuales, con hechos difíciles de entender, el presidente no habla. Sí llamó a Ernesto Tenembaun al aire por su cumpleaños, pero no se expidió sobre la muerte de Morena a manos de los motochorros, ni sobre el caso Molares.
Aníbal Fernández, demostrando que el cinismo no tiene límites, dijo no tener nada que ver con los hechos, que el tema de Morena no tiene por qué interpelarlo ni opinar. El ministro de Seguridad de la Nación cree que un hecho de inseguridad no es de su competencia. El problema no es que Fernández fracase, lo doloroso es que hoy a la mañana sigue en su cargo.