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Delirante: todos pueden ganar, el gran desafío de generar expectativa

Sergio Massa, Patricia Bullrich, Horacio Rodríguez Larreta y Javier Milei pueden ganar las elecciones. El desafío del oficialismo, dar por terminada la crisis. El de la oposición, explicar que sólo habrá más pobreza y más desánimo si sigue el peronismo en el poder.
La pobreza es récord desde 2001. Foto: ALF PONCE MERCADO / MDZ
La pobreza es récord desde 2001. Foto: ALF PONCE MERCADO / MDZ

Dos de tres chicos pobres, diez veces más pobres que en 1974 con predominio inopinable de gobiernos peronistas, mayoría de pobres con menos de dos dólares diarios con valores africanos de desnutrición en el norte y un nivel estadístico de desempleo genuino y achicamiento del PIB en décadas que nunca había existido. Argentina es estadísticamente pobre en ascenso, chica en crecimiento, disminuida en cantidad de empresas y hipertrofiada en despidos y precarización laboral. Esa es la campaña que, con una osadía sin precedentes, encaró Sergio Massa y que puede hacerlo presidente si sostiene la descripción de un país que él mismo conduce.

Sergio Massa tiene la obligación de sostener un discurso a los sectores más vulnerables basado en el cambio, la esperanza, poder generar expectativa de lo que viene, a pesar de ser ministro y protagonista exigente del presente y haber aumentado casi en 200 pesos el dólar en su gestión. Así y todo, Massa es competitivo, puede ser primero en las PASO y presidente en diciembre. Sólo depende de cómo explique su campaña a los postergados que viven en distritos y provincias donde el peronismo arrasa. La raquítica Formosa de Gildo Insfran y La Rioja, donde Ricardo Quintela ganó hace dos meses, territorios de exclusividad justicialista.

Esperanza. Lo que precisa transmitir Sergio Massa. Foto: Prensa Massa.

Sergio Massa, Javier Milei, Patricia Bullrich y Horacio Rodríguez Larreta. Todos pueden asumir en diciembre como jefes de Estado de Argentina. Nadie puede, a pesar del aquelarre que no habita Gabriela Cerruti, decir que Massa no tiene chances de ser presidente. El desastre del presente, la creación de monotributistas sociales disfrazados de empleados, la caída formal del salario y el hambre reinante en jubilados de 130 dólares (la envidia de Norma Plaá) no rechazan de cuajo la posibilidad del tigrense, que sostiene una exitosa campaña basada en dar por terminada una realidad acusiante para describir otra, en la que casi nadie vive.

Vendrán 14 días delirantes, donde absolutamente todas las buenas costumbres, leyes electorales y buena parte del los códigos de leyes se violarán de forma sistemática para lograr un buen resultado electoral. Cristina Kirchner sigue escondida esperando que termine el comicio para volver a despilfarrar sus diatribas anti imperialistas que sólo perjudican a su segunda creatura presidencial. 

Efecto. Maxi Pullaro y su triunfo que envalentona a Larreta.

El país entró en una curva peligrosa de campañas sucias, denuncias descartadas y otras olfateadas con especial ahínco y rumores de todo tipo, en los que hasta los más cobardes toman carrera para gritar, y los más sesudos, los menos, no piden la palabra y esperan.  

Juntos por el Cambio vive en llamado "efecto Pullaro" con adrenalina sin precedentes. Nadie puede decir que Horacio Rodríguez Larreta no vaya a ser presidente, sería un delirio, a pesar de que era sólo delirante pensar que podía ganar la PASO hace treinta días. Patricia Bullrich trabaja sin pausa y no da por ganado ni por perdido nada, de eso se trata su método. El último corte de Uspallata, donde todo es medible y cuantificable salvo el resultado del domingo, pone en paridad a los dos candidatos. Los spots no dejaron demasiada tela para cortar y sigue la campaña.

Socios. Patricia Bullrich y Jorge Macri, de campaña. 

El oficialismo hará lo que se suele hacer: buscar la forma de lograr que el sistema de propaganda del Gobierno, las inauguraciones fuera de fecha que están prohibidas por la ley electoral y la baja supuesta de inflación colabore con el desorden, la mística, el aparato, el azar, la fe y lo que haga falta hacer para que el balotaje sea favorable al ministro de Economía con la inflación que sólo Juan Vital Sourrouille superó 32 años atrás. 

Javier Milei sufre las esquirlas de la falta de experiencia, no hizo el uno por ciento de las macanas que sus pares pretendientes, pero le facturaron por diez y cayó en encuestas, depende de su estado anímico para llegar en forma al 13 de agosto y corroborar si su caída era tal o sólo los medios que, según el economista, traman su final con estrategias demoníacas. Supo estar dentro del balotaje según algunos encuestadores, hoy podría tener cerca de 20 puntos, lo que puede ser leído como un fracaso, o entender que es el nacimiento de un presidenciable de lujo en términos de proyección.

Recorrida. Javier Milei y su micro para buscar votos. 

En la Ciudad las campañas sucias se financian e imprimen a diario. Martín Lousteau, según el búnker del PRO, es quien financia los carteles que difaman al candidato de Patricia Bullrich. Si alguien habla de financiamiento, todos miran a Emiliano Yacobitti, quien se encarga del crowdfunding del ex ministro de Economía. Se dice de todo, no se denuncia nada. Jorge Macri no responde, se sostiene estoico basado en algo tan sencillo como vigente: el que se calienta pierde, y por ahora, el que debería calentarse es Lousteau, hoy a diez puntos del candidato amarillo. 

Los rumores de denuncias no cesan en todos los espacios. Lo vivió en carne propia Patricia Bullrich con el señalamiento a su fundación el mes pasado. Sabe el tigrense que las denuncias no prosperarán antes de la elección, pero nadie puede saber qué pasará el 10 de diciembre con distintos señalamientos, por ejemplo, el que hizo el colega Christian Sanz sobre la compra de un haras por 8.500.000 de dólares en cash por parte de un supuesto testaferro de Massa. "Lo de Massa", describe Sanz con precisión en su investigación. 

Extremo. Máximo Kirchner y Mayra Mendoza, cristinismo duro.

Cristina Kirchner quiere más protagonismo, pero sabe que su presencia es una máquina inagotable de restar votos independientes, esos que casi nadie analiza pero definen la historia el octubre, cuando ya no compita Grabois. Los votos independientes que arrimó Alberto Fernández hace cuatro años fueron elementales, pero era otro Alberto. Convertido al extremismo, descalificando a la prensa y opositores, perdió todo lo que no sea dogmático de Kirchner, que lo desprecia. Es mutuo y ya sin tapujos, no se volverán a hablar nunca más, salvo que un juez los reúna.