Alberto Fernández: un solitario final, un matrimonio que falló y el fin de Sergio Massa
Llegó a tener más de 70 puntos de imagen positiva, cautivó a parte del establishment y el periodismo, dominó a su forma a Cristina Kirchner y su ira, y fracasó económicamente antes de despedirse de su sueño reeleccionario: el presidente Alberto Fernández no buscará un segundo mandato y empieza la comprobación de la existencia o no del teorema del pato rengo.
Alberto pensaba y decía que iba a jugar explicando motivos, nombres, cifras, estaba entusiasmado dos meses atrás. Lo decía en privado a ministros, empresarios y periodistas que lo consultaban a diario. Eran tiempos de off the récord, agenda repleta de gestión y un Gabinete que de a poco empezaba a hacerse la idea de que serían los mismos nombres.
Alberto decidió no ser candidato este año, esencialmente por el desgaste del fracaso del plan económico de Sergio Massa, que no logró ni siquiera sacarse de encima a Miguel Pesce, gran ganador de la pulseada política del mes, aunque poco se habló del radical que hizo caso omiso a los pedidos en voz alta del superministro en más de una ocasión. Alberto no va a jugar, pero nada se descomprimirá, porque para Cristina Kirchner tiene un gusto a poco, sabe que la va a condicionar y no puede ni pensarlo.
Decidió en Olivos y lo transmitió con un vaso de pomelo y rondas de cafés. Se rodeó de los pocos que se suponen fieles, hicieron un video a las corridas y la orden fue clara: "De esto no se enteran los medios, ni Cristina, ni Sergio". El acatamiento fue total y todos se desayunaron con la primicia que nadie tuvo.
El matrimonio con Cristina Kirchner se rompió a los tres meses de asumir y fue peor que borgeano. Ella dejó en claro que precisaba un cadete para cuestiones administrativas y él dejó en claro que haría todo lo que esté a su alcance para ser quien encabece el poder político interno en el Gabinete y parte de la toma de decisiones. Nunca se cayeron bien, desde 2000 que se conocieron. "Todos son empleados, De Vido también, yo soy fundador eh, no se confundan", explicaba Alberto Fernández cuando discutían los miembros del Grupo Calafate que depositó a Kirchner en la Rosada.
Alberto no juega a Presidente, pero va a jugar y, dicen, más fuerte que nunca que contra Cristina Kirchner. Va a bendecir candidatos en las provincias que puedan colaborar con la urticaria del apellido Kirchner. No le interesa qué piensan la vice ni su hijo sobre ningún tema, y será desafiante si hace falta.
Así se da por terminado el Frente de Todos, un experimento de Cristina Kirchner fallido políticamente, lleno de insultos, amenazas, carpetazos y la incapacidad, una vez más, de Kirchner por entender que es parte del problema. Cristina no festeja que Alberto no juegue, sabe que no ser precandidato, certifica que se transformará en el gran decisor. Como alguna vez dijo Alberto en privado: "me quedan por inaugurar 3500 obras, Massa reconociendo su fracaso económico y CFK con 80 de negativa, ¿pero el que está jodido es Alberto? No me jodan". Fin de ciclo. Y comienzo de la batalla final contra Cristina; va por ella.