¿Puede expandirse un efecto contagio del fenómeno Neuquén?
El terremoto que ocasionó la derrota del Movimiento Popular Neuquino sigue generando una onda expansiva en el resto de los provincias donde los oficialismos llevan mucho tiempo en el poder y la gente se queja de la gestión y el hartazgo. Para la mayoría de los encuestadores consultados por MDZ el sorpresivo resultado del proceso electoral de Neuquén no es comparable con el resto de las provincias, a excepción de aquellas donde el electorado puede estar preparando un voto castigo y un fin de ciclo.
El lunes comentamos que lo ocurrido en Neuquén tenía más que ver con una derrota del MPN por muchos errores cometidos, que un triunfo de Rolando Figueroa, quien unificó detrás de su candidatura a todos aquellos que buscan el fin de la hegemonía del partido provincial y ganó con apenas el 35%. Algo similar se percibió en Río Negro, donde Alberto Wereltineck se impuso con un 40% cuando esperaba superar el 55% que había logrado Arabela Carreras hace cuatro años atrás.
“Le fue mejor de lo que ustedes suponen desde Buenos Aires, ganó el 99% de los municipios. Fue a la eleccion con tres huelgas activas en sectores claves. Si no era él, podían llegar a perder”, explica una fuente con amplio conocimiento de esa provincia. Da a entender que Carreras chocó la Ferrari que le dejó Weretilneck, mientras que este se instaló en el Senado. Por eso se ha deteriorado la relación entre ambos.
"No creo que pueda hablarse de un impacto del fenómeno Neuquén, en todo caso es un síntoma, el contexto predispone a los electorados a romper mitos o impulsar el desafío de cambios, no porque Neuquén haya generado esto, no había una relación causal”, dice el titular de Synopsis, Lucas Romero.
“El domingo deja un balance que se puede leer de muchos modos, no está claro quien intentó capitalizar el triunfo de Figueroa, cómo se organizaron las listas y las triquiñuelas a las que debieron recurrir en el MPN como tantas colectoras”, aporta la consultora Shila Vilker.
Está claro que - agrega - "los oficialismos están en problemas, los vimos en todas las elecciones en Latinoamérica, también acá la disconformidad con lo dado está fuerte, el crecimiento de Javier Milei, las explosiones de ira como la paliza que recibió Sergio Berni son todos indicadores de malestar con quienes gobiernan, hipótesis que ya estaba instalada antes del domingo”. Algo similar plantea Carlos Fara, aunque hace más hincapié en el fenómeno local: “La elección en Neuquén está muy atada a la interna del MPN, son dinámicas distintas”, plantea el politólogo.
La irrupción del debate sobre la crisis de legitimidad y enojo que se respira en la sociedad generó entusiasmo en los candidatos de Juntos por el Cambio que desafían a gobiernos peronistas provinciales con una gran maquinaria electoral y que parecen invencibles como el MPN.
El caso más paradigmático es Córdoba donde Juan Schiaretti y el fallecido José Manuel De la Sota construyeron un movimiento político que va más allá del peronismo de esa provincia y se mantienen en el poder en forma alternada desde hace más de dos décadas. En esta oportunidad Luis Juez junto al radical Rodrigo De Loredo están convencidos de que se viene un fin de ciclo, más si se tiene en cuenta que el gobernador, de enorme popularidad, no va a estar en la boleta oficialista.
De todas formas, el manejo del sector público diferencia ampliamente al cordobecismo del MPN. Uno es un partido del Estado que por primera vez se encontrará en el llano y que siempre confundió las potestades de lo público y lo privado, más parecido al peronismo de los años '50. En cambio, Hacemos por Córdoba es una coalición de Gobierno con ambiciones de perpetuarse en el poder, pero con un sentido moderno de la gestión y respeto por la división de poderes.
Todo parece indicar que las elecciones en Córdoba van a ser muy parejas, algo que no solía ocurrir en los últimos años donde el candidato del oficialismo arranca con una ventaja. El promedio de encuestas indica que Martín Llaryora está parejo con Juez. Desde JxC se contradicen porque plantean qué hay un clima de época acorde para el cambio de color político en la Gobernación y, al mismo tiempo, destacan que esa coalición viene avanzado porque ganó las últimas elecciones municipales que se realizaron. Se la dejan picando a Llaryora, quien les recuerda que en todas esas victorias fueron ratificadas administraciones que ya venían gestionando. “Acá vienen ganando todos los oficialismos”, dice con ironía pero basado datos ciertos.
Algo similar se percibe en La Pampa, donde el candidato opositor Martín Berhongaray y su asesor político Lautaro García Batallan se han entusiasmado con el resultado de Neuquén. Creen que están en condiciones de jugar el rol de Figueroa. Ganarle al peronismo que gobierna esa provincia desde 1983. El candidato de JxC pertenece a Evolución, la línea interna de Emiliano Yacobitti y Martín Lousteau, quienes enviaron al exsushi para asesorarlo en estrategias.
Pero el objetivo luce poco probable teniendo en cuenta que la gestión del gobernador Sergio Zillioto, quien va por su reelección y tiene más del 60% de aprobación. Es difícil que el electorado quiera castigar a un Gobierno con el que está conforme. Y además, el mandatario se reconcilió con el jefe político del PJ local, Carlos Verna, el verdadero dueño de la maquinaria electoral.
En Salta y Tucumán parecería que los oficialismos no peligran. Existen algunas dudas con San Juan, donde el candidato de JxC, Marcelo Orrego aparece con chances de pelear la Gobernación, al igual que el senador Ignacio Torres en Chubut que está en condiciones de quebrar la hegemonía peronista de casi dos décadas. Van a perder los que gestionan mal, aunque algunos tienen mañas de la vieja política para zafar y otros van a ganar porque administran bien los recursos.