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Todos hablan de los jóvenes, pero pocos hacen algo por ellos

La situación de nuestros jóvenes es grave. No hay otra manera de comenzar esta columna. Frente a gobiernos que miran para otro lado y no sitúan a la juventud en el centro de sus políticas públicas la situación se agrava aún más. Y muchísimo más si sólo se acuerdan de ellos en sus altisonantes discursos.
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En la Asamblea Legislativa del 1 de marzo, el presidente Alberto Fernández festejó la contratación de 11 mil jóvenes con el programa “Te Sumo”. Unos días más tarde, el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, celebró que los beneficiarios del programa Envión aumentaran de 35 a 54 mil. Datos que podríamos elogiar si no fuera porque en nuestro país hay más de 8 millones de jóvenes (de los cuales aproximadamente el 36 por ciento son bonaerenses) y, según la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC en el tercer trimestre de 2022, la tasa de desempleo entre mujeres hasta 29 años es de 16,6% y en varones de 14,3%.

Por otra parte, una investigación del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina, reveló que uno de cada cuatro jóvenes de 18 a 24 años de nuestro país no estudia ni trabaja.

Entonces, políticas de Estado pobres e insuficientes sumadas a funcionarios negadores de la realidad crean un contexto que necesita sea atendido con urgencia y profesionalismo. Ninguna solución es a corto plazo y fácil. Pero si se trabaja reconociendo el real problema y se prioriza el desarrollo de la juventud seguramente se logren avances significativos.

La situación laboral de los jóvenes se debe abordar desde distintos puntos de vista y acercando posibilidades reales de crecimiento. El acompañamiento debe comenzar en el secundario y continuar hasta sus primeros pasos en el mundo profesional.

Por ello, presenté un proyecto de ley para implementar un sistema de prácticas pre profesionalizantes obligatorias destinadas a estudiantes regulares del último año del nivel de educación secundaria. En la necesidad de una educación que sea cada vez más equitativa, sustentable y orientada hacia el futuro; es preciso formar a nuestros jóvenes tanto para los estudios superiores como así también para el mundo del trabajo, entendiendo que una educación de calidad también debe contemplar la inserción de los estudiantes en el mundo laboral, a la vez que orienta y ayuda a despertar vocaciones.

Por otra parte, en este contexto de crisis económica y social y de muy altos niveles de pobreza, debemos considerar la dificultad que atraviesa la juventud para poder equilibrar sus estudios superiores con horas de trabajo y sueldos que parecieran nunca alcanzar ante el continuo crecimiento de la inflación. Resulta necesario promover el empleo formal adoptando medidas que persigan la generación de nuevos trabajos para nuestra juventud de entre 18 y 30 años, sin que esto implique una carga fiscal que ahogue a las empresas (otorgando exenciones al pago de contribuciones patronales) y que al mismo tiempo contribuya a la productividad y crecimiento de nuestra economía. Pero no se trata solo de crear trabajo sino también de fomentar en la juventud la formación secundaria, terciaria y/o universitaria, pues para incrementar las posibilidades de crecimiento social de nuestra sociedad hay que fortalecer las trayectorias educativas y promover la terminalidad del secundario y la continuidad de estudios.

Por eso propuse la creación de un Régimen de Incentivo Laboral con el objetivo de fomentar la incorporación de jóvenes al empleo formal e incentivar la terminalidad educativa.

Finalmente, considero que la responsabilidad del Estado con la juventud no debe terminar con la oportunidad de conseguir un título universitario o terciario, sino que debe garantizar también la posibilidad del ejercicio de la profesión. En este sentido, debemos pensar políticas públicas que acompañen a quien se haya graduado a que realice una inserción laboral independiente. Para ello, es fundamental que el Estado acompañe y prevea las herramientas necesarias que permitan a los y las egresadas obtener un financiamiento tal que les posibilite realizar inversiones y adquirir los insumos necesarios para asentarse en su profesión; sin mayores requisitos que tornan dificultoso el acceso a los créditos. En consecuencia, propuse la creación del programa impulso laboral que promueve el acompañamiento económico a través de líneas de crédito especiales para el inicio del ejercicio profesional.

Hay una juventud que si se la incentiva y se la acompaña tiene deseos de crecer. No nos podemos conformar con pequeños logros que se hunden en la triste realidad que atraviesa el país. El futuro requiere soluciones hoy, y soluciones que sean equitativas, sustentables y reales.

* Dania Tavela - diputada nacional Evolución Radical por la provincia de Bs. As.