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El malestar de Horacio Rodríguez Larreta por la Fiesta de la Vendimia a pedir de Patricia Bullrich

El jefe de Gobierno es criticado por propios y extraño porque "se está equivocando en todo". Lo comparan con su amigo Sergio Massa en el proceso que siguió a su triunfo en 2013. La foto de los radicales y el "angrieta" Emilio Monzó fue una señal y también lo afecta un nuevo asesinato en Palermo.

Seguramente, ni Horacio Rodríguez Larreta ni Martín Lousteau ni Gerardo Morales pensaron que gracias a Patricia Bullrich en complicidad con Facundo Manes terminarían siendo los mayores perjudicados del festival de fotos que se dieron en la Fiesta de la Vendimia y que continuará el próximo miércoles en la Casa de Corrientes con el gobernador Gustavo Valdés compartiendo nuevamente un evento social con la presidenta del PRO.

Sin embargo, lo que más lo debe conmover por estas horas es el brutal asesinato del ciudadano venezolano que trabajaba de delivery en pleno barrio de Palermo. Todo sin que haya resuelto quien seguirá manejando el Ministerio de Seguridad porteño con la actual licencia que se ha tomado Marcelo D´Alessandro. 

En tanto Andrés Malamud sintetizó el sentir y pensar de buena parte de los radicales que creen que Gerardo Morales los quiere llevar “a las patadas y sin consultar" con Horacio Rodríguez Larreta. La contestación llegó de la propia expresión de Willy Hoerth, uno de los operadores más cercanos al gobernador jujeño y presidente de la UCR. “Cinismo total”, sintetizó.

La foto de la polémica en la Fiesta de la Vendimia

Hace 10 días, un dirigente radical con mucha experiencia y conocimiento de los movimientos de los principales dirigentes en el centenario partido, Jorge Álvarez, le había advertido a MDZ: “Todo puede cambiar en un instante. Seguí de cerca lo que harán los que no están con Morales". Nadie suponía que la Fiesta de la Vendimia pasó a ser una “fiesta para Patricia”.

La lógica imperante hace unos días era que el acuerdo que habían alcanzado Martín Lousteau y Gerardo Morales, las expresiones públicas de los dirigentes de las provincias, y el desdén con el que los amigos de Mauricio Macri trataban a sus correligionarios aliados, la discusión se daría entre una contienda de Rodríguez Larreta y los radicales. Es decir, todo antigrieta contra el PRO, más el apoyo de los que siempre estuvieron con Macri.

Pero algo desequilibró esa supuesta cadencia entre los principales partidos de la oposición. Facundo Manes, luego de casi dos años diciendo que Macri no solo era la derecha sino también parte de la cultura de las escuchas clandestinas, decidió aceptar el consejo que le dieron varios de sus amigos. Se atrevió a dar el otro paso que le faltaba. Hablar cara a cara con el expresidente.

Macri ya le desconfiaba desde los tiempos en el que el neurocientífico pretendía encabezar la nómina de Cambiemos en la Provincia de Buenos Aires en 2017 y fue el que más le pidió a María Eugenia Vidal que deje de prepararle milanesas porque “nos va a terminar matando”. Por eso Graciela Ocaña encabezó la lista de aquella oportunidad y Manes volvió a la neurociencia.

Sin embargo, el tiempo, y fundamentalmente el haber tomado nota que poco o nada se podía hacer en la oposición sin al menos hablar una vez mano a mano con Macri, hicieron que Manes empezara a tomar nota que otro proceso político personal es posible. “Sé candidato, no te amilanes”, lo impulsó el expresidente. Claramente, su principal amigo no es Morales, y en esto ambos coincidían.

Con la foto personal con Bullrich, Manes consiguió otra puesta en escena que nadie sabe bien cuánto durará. Empezó aliado de Morales y Maxi Abad en la campaña de 2020, siguió luego con acuerdos y mensajes de admiración con Gustavo Posse en 2022 y también se presentaron en la Facultad de Ciencias Económicas con Martín Lousteau. Nadie sabe bien cómo seguirá mañana.

Sin embargo, no solo Manes, sino Valdés (no se cuenta Alfredo Cornejo ni su grupo mendocino porque nunca lo quisieron a quien lo sucedió al frente del partido) y otros dirigentes como Luis Naidenof y su pareja Carolina Losada están evidenciando una concatenación de situaciones que los atravesaron y que ahora, en tiempos de definiciones, expresan.

A los radicales bonaerenses no les gustó nada que en el acto de Costa Salguero, en noviembre pasado, se los haya “destratado” y minimizado su importancia en el revivir partidario. Manes no fue, pero a Maxi Abad tampoco se sintió contenido. Morales y Lousteau, juntos, además, se abrazaron y se sacaron fotos con Horacio Rodríguez Larreta. “Eso no lo hablaron con nadie”, exclaman. Y mucho menos que Morales se haya sacado una foto con "los perdedores de la interna" de hace tres años.

“Siempre hay un motivo para justificar un delito o un cambio abrupto de opinión, por lo menos”, sostienen desde las entrañas moralistas. Como siempre ocurre, en el medio está lo más cercano a la verdad de las cosas.

Mientras tanto, Abad no se mete. No quiere ser partícipe de ninguna ruptura ni influir en decisiones que le afectarían, siempre para mal, si se inclina por participar del entuerto nacional. No obstante, es quien más sigue sosteniendo la candidatura presidencial de Manes.

A Rodríguez Larreta, quien se volvió de Mendoza sin poder resolver la supuesta intransigencia de Omar De Marchi, también lo afectó un nuevo homicidio en CABA. Un ingeniero venezolano fue baleado en pleno Palermo mientras su ministro de Seguridad, Marcelo D´Alesandro, sigue de licencia por su presunta participación en las escuchas que lo asocian con actividades de contratistas de la Ciudad y su viaje a Lago Escondido.

La preocupación es múltiple. Una muerte que conmueve a la opinión pública también es tomada como una amenaza a su campaña. ¿No habrá llegado el momento que la oposición tome nota que lo de Rosario es cosa de todos los días?