Javier Milei, un Rod Stewart que quiere ser presidente
Javier Milei era un personaje atractivo, raro, divertido, empático. Le decían Rod Stewart en la Universidad de Belgrano, daba la mano fuerte y te miraba fijo cuando saludaba. Ya era un personaje que convocaba, llamaba la atención, era interesante escucharlo y no le molestaba el disenso. Entrenaba mucho, estudiaba y sostenía el deporte como podía, ya faltaba poco para abandonar el arco de Chacarita, y no quería saber nada con sus padres. Recién nacía Javier Milei, "el loco".
Javier es un intelectual, un "científico loco", según lo describe un amigo para esta columna. Lejos de lo peyorativo, su amigo lo adora y lo admira, lo vota y cree que es el único que puede solucionar la Argentina. "Siempre de traje, impecable, muy amable y divertido, los recuerdos son todos buenos, incluso cuando alguien decía todo lo contrario, no le jodía, escuchaba a todos", describe un economista que cursó con él y hoy es un experto en finanzas.
Javier Milei, dicen, es incorruptible y jamás aceptaría un peso de coima. Cuentan que dos veces rechazó ponerle una cifra soñada a su despedida de la política. "En dólares y afuera, ponele el número", cuenta un abogado que participó del ofrecimiento espurio recibido. "Javier tiene muchos defectos, pero no tiene precio, muere en sus ideas, es lo que ves, no existe un Javier oculto", dicen en su entorno más intimo. "Si soy presidente y veo una injusticia en contra de un kirchnerista, no tengas dudas, voy a defender al kirchnerista, odio la injusticia", le dijo a MDZ en una conversación.
Milei vivió en Villa Devoto, colegio del Cardenal Copello, pero es palermitano. Su papá, un empresario de transporte, severo, nacionalista, que no soportó comentarios del pequeño Javier que con doce años condenó el escenario en el archipielago del sur vaticinando una derrota nacional en manos del imperio británico. Debió esquivar la peor escena para un chico: un papá tirando piñas y patadas. No se lo pudo perdonar.
Su hermana Karina y él hicieron cambio de personalidades. Ahora ella es una introvertida, tímida, de pocas palabras y muchas ideas. Es quien lo acompaña y sostiene emocionalmente, nadie está por encima de Karina, y quien quiso estar salió eyectado. Carlos Maslaton intentó opacar su figura, quitarle protagonismo con aires de grandeza: en dos actos quedó fuera del esquema.
Javier es raro, disfruta del silencio de su casa y la presencia de sus perros, sus hijos de patas, tal como los describe. Los saludó en el cierre del acto e insultó a algunos "periodistas roñosos" que lo critican. No sabe todavía jugar el juego de los medios, le cuesta la mentira y la operación de prensa. No quiere saber nada con la pauta publicitaria ni con los aparatos ni esquemas donde haya dinero en negro. No cree en nada de eso y quiere dar la batalla cultural.
Su crecimiento fue exponencial, despertó un "gigante dormido" y tiene la esperanza de meterse en un balotaje contra Juntos por el Cambio. Cree que es un trabajador de la economía y que sólo tiene que asumir para coordinar, orientar, guiar, limpiar de corrupción al país y volver a estudiar a su casa. No le interesa el dinero, las grandes fortunas ni los lujos, lo reconoce habitualmente en entrevistas.
Javier será presidente del país, lo dijeron a este diario una decena de empresarios y dirigentes. Tal vez no sea esta vez, tal vez sí, pero en algún momento, dicen los que saben, habrá un liberal de apellido Milei en la Casa Rosada.