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No ganó ni perdió nadie: el futuro es tan aterrador que no se animaron a explicarlo

Hubo ausencias importantes a la hora de conocer precisiones sobre el plan económico de cada candidato. En el debate ganó el temor a no saber qué vendrá en la economía de aquí a diciembre y después.

El primer debate presidencial dejó sobre la mesa una puntillosa recolección de diagnósticos sobre la crisis de la economía argentina. De eso no quedó duda alguna. Cada candidato pudo, en cualquiera de las chances que le dio el reglamento del debate, describir la situación del país, defenderse de la responsabilidad que pudo haber tenido en la crisis (salvo Javier Milei y Miriam Bregman que ese partido pudieron mirarlo desde afuera) y endilgarle culpas al contrincante elegido según cada estrategia.

Hasta ahí no hubo nada nuevo, en un debate que pareció estructurado más para precalentar motores con vistas al que los candidatos tendrán en la Facultad de Derecho de Buenos Aires el domingo próximo, que para aclarar propuestas.

El problema es que más allá de los diagnósticos, en el debate del domingo por la noche no existieron medidas concretas. Ningún candidato pudo explicar con claridad el camino para terminar con la inflación, dominar el dólar o desarmar la bomba de pesos que hoy amenaza con explotar en el Banco Central y el Tesoro.

A excepción de Miriam Bregman, que como buena militante de la izquierda domina el ritmo de estos debates mejor que sus contrincantes, el resto de los candidatos había despertado alguna expectativa a la hora de conocer alguna medida concreta en el futuro inmediato. No hubo éxito en ese sentido.

Javier Milei se despachó en varios tramos del debate sobre sus aptitudes para hacer crecer la economía "con o sin dinero", según dijo, en una referencia lejana quizás a la ausencia de dólares en la Argentina.

Hubo una promesa también: "Somos la única fórmula en condiciones de terminar con la inflación", pero sin dar más precisiones.

Sergio Massa, por ejemplo, se acercó a alguna definición concreta cuando anunció la creación de una moneda digital para todos los argentinos y lanzó un nuevo blanqueo. No hubo anticipo de quien podría ser su ministro de Economía, tampoco lo hizo Milei, mucho menos su presidente del Banco Central, ni por supuesto alguna medida concreta para estabilizar precios en el futuro.

En ese terreno de incertidumbres, seguramente gana el libertario quien ya tiene un público cautivo que, entienda o no técnicamente sus propuestas, va a seguirlo. En ese caso la fe sustituye todo anticipo de medidas, pero la novedad en que casi todos los candidatos apelaron a callar y mantenerse en el universo de los grandes diagnósticos sobre nuestras miserias y no a las soluciones concretas.

Quienes escucharon el debate no se enteraron de que forma cada uno de los presentes piensa desarmar la enorme deuda de Leliqs que hoy tienen esencialmente los bancos y que siguen creciendo a una velocidad que algunos meses superó a la de la inflación.

En el medio está el temor a lo que vendrá de aquí al 22 de octubre, luego hasta el 1 de diciembre y también en el 2024. Cada una de estas escalas puede traer una crisis que ningún candidato, realmente, sabe hoy como controlar. Ese es el problema central del gran debate en Argentina.

El propio Milei habló de dolarización e inclusive insistió con la necesidad de cerrar el Banco Central, como una forma de evitar, según sus palabras, que se siga robando el bolsillo de los argentinos con el impuesto inflacionario. El enigma es saber cómo y qué medidas harán falta para poder llegar a esa estrategia.

No son pocos los economistas que creen que casi ninguna de las propuestas que hoy manejan los candidatos puede llevarse a cabo sin un shock inflacionario de por medio que haga tabla rasa con todas las distorsiones de precios que hoy tiene la economía. El problema es que entre esos precios esta también el de los salarios. De nada de eso hablaron ayer los candidatos; mucho menos de cómo se desactivarán las deudas del BCRA y el Tesoro, requisito previo esencial para entrar tanto a un esquema de dolarización, como de bimonetarismo.

En el debate que MDZ organizó la semana pasara sobre el dilema entre esas posiciones, tanto Horacio Liendo, el máximo experto legal en arquitectura monetaria, como Berti Benegas Lynch de la Libertad Avanza, reconocieron el problema. Inclusive hubo un recuerdo complicado en el relato histórico de la experiencia previa al sistema bimonetario de los '90: a la Convertibilidad se llegó después de dos hiperinflaciones y un Plan Bonex.

Carlos Menem acuñó una frase que se hizo famosa en toda campaña electoral: "Si decía lo que iba a hacer nadie me votaba". Quizás fue ese el espíritu que alimentó el debate.