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El peronismo parece sobrevivir y sigue en pie a una semana de la elección

Axel Kicillof decidió no ser jefe ni conductor, sino candidato y gobernador. Los intendentes peronistas cierran filas detrás de él y de Massa, mientras que en la oposición es un sálvese quien pueda.
Los intendentes peronistas se encolumnan detrás de Sergio Massa Foto: Prensa Sergio Massa
Los intendentes peronistas se encolumnan detrás de Sergio Massa Foto: Prensa Sergio Massa

Los intendentes, nuevamente, se pusieron a trabajar para eso. Y no harán otra cosa que proteger su territorio por encima de cualquier otro proyecto. La diferencia, salvo Soledad Martínez en Vicente López, en Juntos por el Cambio, es que todos los pares que representan a su misma fuerza política juegan a un brutal corte de boleta y sus imágenes con la candidata presidencial Patricia Bullrich son de cuatro a uno en contra de ella.

Inclusive Diego Kravetz, en Lanús, distribuye y promociona el corte de boleta. A pesar de ser el candidato a intendente que reemplazaría al posible gobernador, Néstor Grindetti, quien debe tener todo lo posible para competir con Axel Kicillof. La excusa es que en las PASO la suma de los votos peronistas le ganaron a los cambiemistas. 

Diego Valenzuela lo hace por zonas. En los lugares más afectos a votar por el peronismo no duda en poner solo su imagen. En la mayoría de Tres de Febrero pasa lo mismo, pero ahí se ve más seguida la figura de Patricia Bullrich. El jefe comunal fue uno de los que más cortes de boleta en su favor consiguió en las PASO de agosto, aunque por esto tuvo que pagar un costo interno.

Un caso parecido se da en La Plata, donde Julio Garro hasta se anima a realizar campaña con los típicos colores violeta que identifican a Javier Milei. Todo vale.

Lo mismo sucede en Unión por la Patria. Pero ahí hay una brutal salvedad: todos los distritos están repletos con imágenes de Axel Kicillof y Sergio Massa. Quizás por la brutal campaña predispuesta por el oficialismo, dueño de recursos increíbles, las calles terminan estando completamente inundadas por las imágenes de los referentes oficialistas.

El resumen sería: mientras que el ministro-candidato hizo todo para entrar al balotaje y dijo lo que todo el mundo quiere escuchar, desde acuerdos con la oposición hasta lo de Ganancias, Patricia Bullrich balbuceó en un mensaje impreciso que no alcanza para representar el cambio, apropiado por Javier Milei, o el cambio seguro. La interna fue tan salvaje que no pudieron, como fue advertido en más de una oportunidad, recomponer ningún tipo de confianza con los derrotados.  

No importa que Julio "Chocolate" Rigau, el puntero de la Cámara de Diputados bonaerense y que trabaja para el Frente Renovador, haya sido encontrado con un bolso de dinero producto de haber utilizado media centena de tarjetas de débitos que no le pertenecían.

Tampoco explican lo que sucedió con el Bandido detectado en Marbella y en el que estaban disfrutando de dólares que escasean en Argentina el exjefe de Gabinete provincial Martín Insaurralde junto a Sofía Clerici.

Kicillof echó a quien nunca manejó. Igualmente, llega como candidato a ganar.

Las razones son simples: "Siempre nos atacan. Siempre nos tiran con todo lo que tienen aunque los de Juntos por el Cambio son igual o peores a nosotros. La gente lo sabe", comienza su análisis contemplativo un importante intendente de la Primera Sección Electoral que, a diferencia de otros compañeros suyos, elije no victimizarse ni fingir demencia.

"Esto también nos ayuda a minimizar la pelea interna. Ante tantos enemigos externos, nos abroquelamos y la bancamos. Mañana habrá tiempo para volver a discutir", continuó con su relato que, no obstante, deja en claro que "algunos compañeros no se dan cuenta de la gravedad de la hora en la que vivimos, la importancia no solo de parecer, sino de serlo. No se puede seguir haciendo lo mismo que hacíamos hace veinte años", indicó.

La diferencia substancial entre la dirigencia cambiemista y la peronista kirchnerista es que si bien los dos sectores atraviesan por severísimas crisis internas y las desconfianzas se multiplican, en Unión por la Patria no hay debate sobre cuál es el rival. Diferente es el caso de Juntos por el Cambio, donde los radicales y algunas "palomitas" sueltas no dudan en esperar que Sergio Massa se meta en el balotaje para empezar a trabajar con él.

La discusión pública se divide en muchos ítems. Los "círculos rojos" locales, bien politizados, predomina la defensa de la política y en estos sectores donde Massa saca una gran diferencia. La posibilidad de un "gobierno de derecha" unifica, inclusive, posicionamientos con quienes nunca estuvieron con el kirchnerismo y que creen que el ministro–candidato se desprenderá rápidamente de la expresidenta y de su primogénito. Eligen creer, como también lo hicieron cuando la consigna era que "volvemos mejores".

Otra opinión que empieza a circular es que "perdidos por perdidos, voy a votar a Milei, para que no haya balotaje". Este público, antiguo votante cambiemista, no da más con la incertidumbre y tiene la decisión de ir a votar por el libertario para que "la agonía termine".

Tarde y forzada aparece la presencia de Larreta en el equipo de Bullrich.

En ninguna discusión entra Patricia Bullrich. O, más precisamente, en las menos. No hay ni militancia ni dirigencia que la milite. La decisión de sumar a Horacio Rodríguez Larreta suena tardía y desesperada. Eso tendría que haberse anunciado el día posterior a las PASO. Ni siquiera en Mendoza, "democráticos" como pocos, Alfredo Cornejo convocó a Omar De Marchi para tomar un café. 

Ni en Lomas de Zamora parece que hay costos para la dupla Martín Insaurralde-Federico Otermín, el presidente de la Cámara de Diputados bonaerense. Gustavo Posse, en San Isidro, perdió una PASO por proponer que lo heredara una hija como intendenta. En la zona Sur, parece, no hay este tipo de incomodidades ante cuestiones impresionantes y que combinan corrupción con desparpajo.

Algo hay que reconocerle al ahora candidato a intendente lomense. Su amistad con su jefe. Si bien le debe todo lo que es, en circunstancias similares, muchos deciden aparecer como "arrepentidos" antes que mantener los viejos códigos barriales.