El ombliguismo del Senado de la Nación
Antes de referirse a la declaración del Senado nacional con relación al gravísimo atentado contra la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, es imperioso volver a repudiar contundentemente el hecho, que por fortuna no se concretó, y señalar las severísimas consecuencias y el estrépito que él mismo produjo en la vida política y social del país.
Sin adentrar en los motivos de la ausencia del bloque opositor de Juntos por el Cambio, sumada al de otra legisladora, ni en los remanidos argumentos de los discursos oficialistas, sí es necesario referirse al documento aprobado. En el mismo queda reflejado en dos párrafos el pensamiento unívoco, errado, con una concepción democrática débil y en el que no se incluyen los propios senadores kirchneristas y sus aliados de ocasión cuando exhortan a la población a asumir determinada conducta.
El texto que “exige” el pronto y completo esclarecimiento del hecho y la condena de los responsables” utiliza una palabra, “exige”, que contradice el espíritu republicano de nuestra Constitución. Le está “exigiendo” a otro poder independiente de la República cómo debe proceder. Parece la orden de un poder superior a otro bajo su dependencia.
Es el concepto de republicanismo que ostentan varios senadores y que el jefe del bloque José Mayans hizo público y en forma brutal cuando afirmó que “para que haya paz social es necesario frenar el juicio por la causa Vialidad a la vicepresidenta”.

Hay varias palabras que podrían haberse usado sin herir el concepto de República y dañar la independencia de la Justicia. “Aboga, desea, espera” hubieran sido términos más adecuados para el documento emanado del Senado.
También es poco feliz la oración final donde “exhorta a la dirigencia y a la población a buscar los caminos que conducen a la paz social”. No hay allí un nosotros inclusivo. Sugerencia de redacción más apropiada: “comprometemos nuestra férrea voluntad y nuestra acción y exhortamos al resto de la dirigencia y a la población en la búsqueda de los caminos que conducen a la paz social”.
Quizá sea pertinente recordarle a los senadores que la autoridad, que deviene en liderazgo auténtico y legitima sus pedidos, se consolida con conductas concretas; asumiendo en primera instancia lo que se le solicita al resto de la sociedad. El texto debía “exhortar”, asegurando con anterioridad su promesa y convicción de ser los primeros en bregar por la paz social.
En fin, tristes y penosos conceptos de quienes parecen estar por encima de otro poder de la República y que alientan conductas de la sociedad sin asegurar ser los primeros en adoptarlas.

