La irracionalidad y demagogia del Gobierno de Mendoza sumó confusión al caos
Tal como lo hizo a lo largo de toda la pandemia, el Gobierno de Mendoza intentó diferenciarse de la Nación aplicando nuevamente su postura de "normalidad". Sin embargo, en este caso, la lógica indicaba que para llevar tranquilidad y no sumar confusión en medio del caos, la mejor decisión hubiera sido acompañar desde la provincia y sumarse al feriado nacional anunciado por el presidente Alberto Fernández.
Pocos minutos después de conocido el intento de magnicidio contra la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, el país entró en un momento de shock pocas veces visto. Las imágenes en las que se ve a Fernando André Sabag Montiel apuntando hacia la cabeza de Cristina y gatillando sin que salieran las balas son escenas que no tienen en la retina los argentinos nacidos y criados en democracia.
Apenas unas horas más tarde, el presidente en cadena nacional anunció un feriado nacional para "que en paz y armonía el pueblo pueda expresarse en defensa de la vida y democracia". La decisión fue la primera "grieta" luego de los mensajes de apoyo y solidaridad de todo el arco político para con Cristina. De inmediato, Patricia Bullrich (presidenta del PRO) y Alfredo Cornejo (líder del radicalismo en Mendoza), repudiaron el anuncio de Fernández.
Desde ese momento (pasadas las 22.30) y como indica la lógica, todos los mendocinos supusieron que las actividades programadas para el viernes quedarían suspendidas también en la provincia. Como no había confirmación, los grupos de WhatsApp se llenaron de preguntas y dudas acerca de lo que pasaría en apenas un puñado de horas. Nadie sabía nada.
No hubo confirmación oficial del equipo de comunicación de Suarez recién hasta la 1.30 de la madrugada, cuando informaron que Mendoza no iba a adherir al feriado "ante la incertidumbre generada por el anuncio que genera desconcierto en las familias mendocinas por la hora, la forma y no mediando hasta este momento norma legal alguna que así lo disponga, que nos permita conocer los alcances del anuncio del presidente".
Es decir que gran parte de la población mendocina se fue a dormir sabiendo que habían decretado un feriado nacional pero sin saber qué sucedería en Mendoza, aunque la lógica, insisto, indicaba que debía adherirse.
A primera hora de la mañana se publicó en el Boletín Oficial el decreto firmado por el presidente y todo los ministros del Gabinete en el que se oficializó el feriado nacional. Aún así, teniendo a disposición la "norma legal" pedida, Suarez decidió mantener su postura y, pasadas las 7.30, confirmó en MDZ Radio que la provincia funcionaría con normalidad.
Quizás presionado por la postura de Patricia Bullrich y Alfredo Cornejo, Suarez prefirió complicarle la vida a los mendocinos en vez de hacérselas más sencilla.
La "normalidad" del gobernador solo contemplaba los colegios públicos y privados, sumado al transporte público, pero no que no funcionarían organismos que son nacionales como Anses o PAMI, y que los bancos tampoco brindarían atención. Lo mismo que la Universidad Nacional de Cuyo y todos sus colegios, que adhirieron al feriado, lo cual generó una complicación enorme de organización para quienes debieron ir a trabajar pero no mandar a sus hijos a clase.
En un mensaje extraño, el gobernador envió a toda la gente a realizar sus actividades, aunque aclaró que los empleados estatales que no fueran a trabajar no serían sancionados "por la gran confusión que se había generado". Hay actividad, pero si no van a trabajar no pasa nada. Raro.
¿No era más sencillo entonces, a pesar de estar en desacuerdo con el feriado, pensar en facilitarle la vida a miles de personas y adherir, dejando que los privados que quisieran y pudieran abrieran sus comercios o se dedicaran a su actividad y que el resto no estuviera hasta último minuto pensando en cómo organizarse sin saber bien qué pasaba en su trabajo o si había clases en el colegio de sus hijos?
A veces es mejor no querer ser siempre protagonista por diferenciarse de la oposición pensando en el núcleo duro de votantes y apelar a la racionalidad. Para la próxima, quizás.