Con la plata ajena no existe el voluntariado
En las últimas semanas vivimos jornadas caóticas en la Ciudad, padecimos los cortes de calles y los piquetes que generaron trastornos a millones de argentinos, que vimos vedados nuestro derecho a transitar por la vía publica o de ir a laburar dignamente por un colectivo de 10 mil personas, que son víctimas de una pobreza creada por los punteros de la izquierda más recalcitrantes, “gerentes de la pobreza” que los amedrantan y los obligan a alterar la vida a los argentinos de trabajo.
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Llegamos a un punto en el cual naturalizamos que dos o tres de estos "gerentes de la pobreza" adoctrinen, amedranten y obliguen a un sector de la población que, por desgracia, por malas decisiones, por falta de educación y, en algunos casos, por comodidad, debe pagar tributo a estos personajes con dinero que no les es propio.
Cómo podemos permitir que un programa creado por el Estado y administrado por el Ministerio de Desarrollo Social, actualmente intervenido por una de las agrupaciones más perversas de la Argentina, termine en manos de colectivos sociales que se adueñan y administran planes sociales o programas de trabajo, convirtiéndose en intermediarios de un beneficio que no les compete.
Normalizamos que un puntero o un "gerente de la pobreza" pida plata a personas que cobran un dinero que el Estado les da por su situación de vulnerabilidad y necesidad. Toleramos la locura de que el Estado no controle los planes que otorga, y además debemos soportar que algunos personajes se adueñen de un porcentaje de ese dinero, que en definitiva es de todos los argentinos, para solventar sus agrupaciones alegando que lo hace porque el propio Estado no es brinda la ayuda que requieren.
En resumen, algunos movimientos le sacan plata a los pobres, que cobran un plan del Estado con el fundamento que es el Estado que debe darle insumos y dinero a las agrupaciones o comedores que ellos mismos administran. Es un circulo perverso, es enriquecerse con plata del Estado, con plata ajena, con plata que los honestos y laburantes tributamos mensualmente. Mientras una parte de los argentinos trabajamos, cumplimos horarios, ponemos a disposición nuestra fuerza física o intelectual en algún proceso productivo por mérito propio e interés colectivo, otro grupo que vive de la ayuda estatal es asaltado y violentado por dos o tres gerentes, CEOs de la pobreza, que le hurtan la plata con el fundamento que la usan para sus comedores porque nadie los ayuda.
Acaso montan un merendero o un comedor para que el Estado los solvente, para que el Estado sea la caja boba de unos vivos. Si tanto les importan los pobres, administren y pongan de su bolsillo, si tanto afán de ayudar tienen estos gerentes, que dejen de amedrentar, extorsionar y sacarle la plata a los argentinos que tuvieron mala racha y de trastornar la cotidianeidad de los trabajadores, cortando calles a los argentinos que laburamos todos los días por un país de trabajo y de desarrollo económico. La única política social de inclusión es el trabajo.
*Juan Pablo Chiesa es abogado especializado en Empleo y Políticas Públicas, escritor, docente y Presidente de Aptitud Renovadora.

