Alberto Fernández y Cristina Kirchner, hoy de nuevo divorciados
Las imágenes de la fórmula presidencial unida no es que se hayan transformado en una rareza, habida cuenta que el último acto oficial importante, el centésimo aniversario de YPF, los encontró juntos arriba de un escenario. El problema es otro mucho más grave: es la armonía dentro de la coalición de Gobierno lo que se volvió algo imposible de pensar. Hoy Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner celebrarán por separado una de las fechas mas importantes del calendario patrio. Y lo harán, por lo menos en el caso de la vicepresidenta, dando señales políticas claras. Nada es casualidad en esto.
La tormenta que levantó la última aparición pública de Alberto y Cristina en el escenario de Tecnópolis hizo que casi todo el Gobierno prefiera que, en las actuales condiciones, no haya ni siquiera imágenes de unidad. La salida de Matías Kulfas, un deseo de Cristina Fernández de Kirchner desde el inicio del mandato y, por otra parte, un acto provocado por el propio ministro con su off the récord, y el huracán de denuncias que pusieron al gasoducto Néstor Kirchner al borde del naufragio, fueron suficientes para no intentar por ahora la pacificación del binomio presidencial.
Menos cuando existe el peligro de que Cristina Fernández de Kirchner lance otro mensaje directo como el que se escuchó en Tecnópolis sobre la compra de los caños para el gasoducto, pero esta vez dirigido al equipo económico. "Mejor lejos", es la frase de estos días en los pasillos de la Casa Rosada.
Elementos para que el Gobierno tenga pánico ante una nueva movida de Cristina sobran. Esta semana Martín Guzmán volverá a rendir examen con los mercados en varias materias. Debe testear si el paquete de medidas que anunció la semana pasada causa alguno de los efectos buscados. El dólar y el impacto de un Banco Central que sigue poniendo reservas sobre la mesa para pagar importaciones son otro capítulo central del gran dolor de cabeza de la economía. Por ahora, según la portavoz del Gobierno Gabriela Cerruti, no hay ampliación del cepo a la vista; todos sabemos lo que una desmentida en materia económica significa en Argentina.
La segmentación de tarifas que se lanzó junto con ese paquete de medidas tiene por ahora tantas dudas técnicas que varios kirchneristas, por las dudas, ya salieron a criticarla y pasarse a la vereda de enfrente. El problema es que la única certeza relativa que existe sobre la eficacia de esa segmentación es la aplicación de la tarifa plena (sin subsidios) a la franja de ingresos mayores. E inclusive hasta esos usuarios tienen dudas si les toca o no la quita de servicios. El sistema, que por ahora establece la eliminación de todos los subsidios y la obligación de ingresar a un registro especial para poder darlos de alta nuevamente, produce miedo en propios y ajenos.
Guzmán está seguido de cerca por Cristina Fernández de Kirchner, por otro horizonte que también se muestra más que complicado: la situación de la deuda en pesos. El mercado le pide más tasa al ministro y ya faltan solo 8 días para que rinda el examen más difícil de todos: lograr el roll over de $600,000 millones, que son los bonos que vencen a fin de mes. Ningún economista esconde que la vicepresidente lo llama.
El fin de semana la prensa dio cuenta en abundancia de anécdotas sobre el nerviosismo que muestra el kirchnerismo duro por la situación de la economía. Guzmán está en la mira, también Miguel Pesce ya que la segunda gran preocupación de la vicepresidenta es que las reservas no se recuperan y eso es siempre mal augurio, pero Alberto Fernández por ahora los sostiene. Quizás quien mejor resumió la sensación interna del kirchnerismo durante el fin de semana fue el exdirigente del Sindicato de Obreros Marítimos Unidos , Omar “Caballo” Suárez, graficando el peligro de una derrota el año próximo: “Si vuelven, volveremos a la cárcel”.
Alberto y Cristina, entonces, estarán hoy divididos y ya no es sólo porque la reforma judicial no avanzo como lo habían pensado, la ley que amplia la Corte Suprema no tiene chances, o porque el Gabinete no funciona, en términos de la vicepresidenta. La división mas fuerte hoy es por algo mucho más urgente: la economía. Casi podrían copiar la histórica frase de Bill Clinton. Por eso hoy ni pensaron en algún acto conjunto. Alberto estará en las escalinatas del Centro Cultural Kirchner (para tomarle promesa a la Bandera a un grupo de alumnos bonaerenses y Cristina en Avellaneda hablará en un de la CTA, evento que por otra parte algo irritó a la CGT que ya negocia el armado de una nueva mesa política para enfrentar un terremoto que no puede calmar ni siquiera con paritarias al 65% como vino logrando en estas semanas.


