El peor fantasma del kirchnerismo: una inflación mayor a la del macrismo
Para el kirchnerismo puro y duro hay algo políticamente inaceptable en el dato de la inflación de marzo del 2022. Esto se le reprochará por siempre a Alberto Fernández y a Martín Guzmán. Es que, el 6,7% de aumento en los precios superó cualquier IPC (Índice de Precios al Consumidor) de toda la gestión de Mauricio Macri.
En consecuencia, hacia delante, habrá que aceptar dentro de la coalición oficialista que el macrismo señale al Frente de Todos por haber tenido un dato inflacionario más alto que el del Gobierno anterior. Y a dos años y cuatro meses de gestión y sin decisiones macroeconómicas estructurales importantes que mostrar. Políticamente, analizan en el Senado y el Instituto Patria, se cae una de las banderas que llevaron al oficialismo al poder y representaban una carta de triunfo para la coalición gobernante. Nunca más podrán decir que la estrategia antiinflacionaria actual es mejor que la anterior, y que Macri gobernó peor que el kirchnerismo. Al menos en materia de precios.
Los datos son contundentes y preocupantes para la tesis de la oposición oficialista. El 6,7% supera al 6,5% de septiembre del 2018, el peor mes de toda la gestión de Mauricio Macri. Para peor, el resultado del primer trimestre del 2022 acumula un alza en los precios de 16,1%; con lo que el proyectado para todo el año superaría el 60% total, mientras que desde Economía se defiende aún un total de 55%, un porcentaje que a esta altura podría tomarse como un piso. Si se tomara ese nivel final y se lo compara contra los resultados del gobierno de Mauricio Macri, también la comparación es negativa para el oficialismo. En el 2016 el IPC acumuló un alza de 26,9%; fue de 24,8% en 2017; 47,6% en 2018 y 53,8% en 2019. Este último dato representa el nivel más alto desde el inicio de la década del 90 y la última hiperinflación, y el faro al que el kirchnerismo no quiere superar. Una realidad que, aparentemente, ya no se logrará.
Obviamente Guzmán es el apuntado desde el Senado y el patria por esta realidad es el ministro de Economía; quién, por lo que se sabe, encarará una próxima etapa de concentración en la gestión en otro de los temas que más irrita al kirchnerismo: satisfacer todos los requerimientos de la misión del Fondo Monetario Internacional (FMI) que llegará al país en mayo, y que presentará el primer examen serio luego del Facilidades Extendidas firmado el 25 de marzo pasado en Washington.
El Gobierno confía en que la inflación de abril será sensiblemente más baja que la de marzo que se conocerá hoy. Los datos que se aguardan desde el Ejecutivo, son de una reducción en la presión inflacionaria para este mes, con datos que se muestren hacia mediados de mayo con proyecciones anuales que se acerquen más al 50 que al 60% de marzo. Y que le permitan a Martín Guzmán mostrar una evolución en el mediano- largo plazo más cerca del tope del 48% pactado con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Saben tanto en el país como en Washington, que esa meta es ya inalcanzable.
El acumulado de más de 14% del primer trimestre del año sepulta la medición al proyectar un anualizado más cercano al 60% anual que a la meta máxima negociada con el organismo financiero internacional. Sin embargo creen en el Palacio de Hacienda que marzo fue el peor mes del año, y que hacia delante se podrán mostrar mejores sustanciales en el IPC. Y que los técnicos del Fondo entenderán que el país vivió en esta época del año lo mismo que el resto del mundo (una inflación creciente que llevó a los Estados Unidos a reportar para marzo 1,2% de aumento), agravado por los problemas criollos tradicionales, ya tratados con el FMI. Ante esto se buscará la comprensión del organismo, entendiendo que para el segundo semestre la situación estará algo más acomodada. El problema del país es que la primer misión del FMI llegará en la primer quincena de mayo, cuando estén sobre la mesa solo los datos del primer cuatrimestre ; los que, obviamente, serán muy malos.
El Gobierno confía en que habrá comprensión y que no será tema de alta discusión y eventual pedido de waiver o, aún peor, rompimiento. El gobierno sigue proyectando el piso de 50%. O que, en el peor de los casos, deberá explicar un 5% final; con lo que se confía desde Buenos Aires que el desvío no sea lo suficientemente amplio como para que el acuerdo se dé por caído por la evolución de la inflación; sino que desde Washington se aceptará el incumplimiento y se podrá renegociar la variable a un porcentaje más realidad. Siempre y cuando los dos principales compromisos no se alteren. El déficit fiscal de 2,5% de tope y las reservas aumentando u$s5.800 millones este ejercicio (con una actualización real del tipo de cambio y una reducción de la brecha entre los dólares legales e ilegales), innegociables para el FMI. Suponen en el Ejecutivo que para aquella primera misión estas dos metas serán relativamente fácil de demostrar que se está en el buen camino, con lo que hay optimismo ya en que, para el segundo semestre y pese al alza de los precios, el acuerdo que esta semana tendrá blanqueo desde Washington podría seguir con vida.