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Sin hablarse, Cristina Kirchner y Alberto Fernández llevan al Frente de Todos a la fractura

Los funcionarios, legisladores y experimentados operadores del kirchnerismo y el nonato albertismo hablan permanentemente entre sí para frenar la posible fractura del frente oficialista. Con más desconfianza que nunca, piden que el presidente y su vice se vuelvan a juntar y ordenar.

"Está preocupado como todos nosotros". Así, directo y sencillo, un funcionario importante del Gobierno nacional comentó su reciente diálogo con uno de sus pares provinciales. La sorpresa es que no siempre comparten escenarios o miradas políticas pero, en los últimos días, todo se apelmazó y lo que antes necesitaba de un proceso hoy se resuelve con un simple llamado y la posterior juntada. 

Mientras tanto, un intendente que recibió la visita de otro funcionario que dice participar activamente del armado del nonato albertismo, no salió de su asombro cuando su antiguo colega le comentaba, como quien no quiere la cosa, qué hacía los días que no intercambiaba palabra con el presidente Alberto Fernández. "Así es muy difícil", comentaba luego, entre asombrado y preocupado.

Mientras estas y otro tipo de situaciones se suceden casi cotidianamente, Sergio Massa sigue viendo cómo mantiene su relación directa con Máximo Kirchner, con quien nunca dejó de conversar, aunque ya se empiece a preocupar por las futuras votaciones que deberá afrontar. "No todas tendrán que ver con cuestiones tan centrales como las del FMI para conseguir el apoyo de la oposición", dicen en su entorno. 

Por todos los medios Massa, Juan Zabaleta, Gabriel Katopodis Jorge Ferraresi y Martín Insaurralde, entre otros tantos, abrevan en la necesidad de achicar las diferencias que tienen Máximo Kirchner y su madre, Cristina Fernández de Kirchner, con el presidente Alberto Fernández, a quien acusan lisa y llanamente de haber "traído de vuelta al Fondo al país", como si alguna vez se hubiera ido. 

Madre e hijo piensan más o menos lo mismo. Para ellos, el presidente Fernández no debe pretender, de ninguna manera, la reelección para el 2023. Según ellos, lo que para buena parte del oficialismo es una "oportunidad" para volver a empezar tras el entendimiento con los organismos multilaterales de crédito, para La Cámpora y el Instituto Patria, "el Fondo, este año, no hará nada de nada. Pero el que viene, cuando ya entremos en campaña, empezará a exigir cosas y nos dejarán sin plata ni futuro".

Hoy todos los análisis se amontonan y la unidad, que hasta hace poco era indiscutida, hoy ya empieza a verse como algo que preservar ante el posible quiebre del oficialismo. El presidente ya le dijo a todo el planeta que no será quien rompa con quien lo propuso para el cargo que está. Pero, por lo bajo, no hace nada para evitar que todos piensen que ya está harto de soportar tanto tironeo y cartas bombas. 

Mientras tanto, quien hoy cree haber sufrido "fuego amigo" fue el ministro de Vivienda, Ferraresi. El intendente en uso de licencia de Avellaneda percibe cierta mano "amiga" en la filtración sobre el presupuesto oficial que requirió para reconstruir todo el edificio donde se asienta su Ministerio. 

Vicepresidente del Instituto Patria y uno de los sostenes económicos de todos sus gastos hasta 2019, empezó a ser visto como un "traidor" por su corrimiento del kirchnerismo duro y uno de los que más trabajan para la continuidad de Fernández no sólo hasta el fin de este primer mandato.