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Por qué no alcanzan los candidatos ni los cargos en el Frente de Todos

A horas de definir la estrategia legislativa para tratar y conseguir la aprobación del acuerdo con el FMI, el oficialismo deambula entre la discusión directa entre sus integrantes o la continuidad del status quo. Sin desatar el nudo que los frena, nadie se anima a agarrar un sable y cortar la soga.
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Un funcionario nacional que alterna su trabajo municipal se entusiasmó esta semana porque "el albertismo cada vez está mas cerca de aparecer" de acuerdo a lo que pudo recabar de algunas reuniones que tuvo esta semana y por algunos "gestos que observé" en las recorridas con algunos ministros.

Su esperanza radica en que "es ahora o nunca", como si este dilema jamás hubiera estado en el escenario del entorno oficial. Allí es donde todos los planes se enfrían o se abortan. "Estamos hace dos años así, nadie hace nada para que el otro no se ofenda, pero al final no pasa que se enojen o se amiguen, sino que el gobierno no funciona", admitió hoy un importante funcionario que aprende a pasos agigantados la cotidianeidad de la Casa Rosada y sus adyacencias. 

Algunos se entusiasman con escuchar que un intendente que antes sólo le daba las gracias a la familia Kirchner ahora también le agradece al presidente o nombra dos o tres veces a un ministro de su gobierno en medio de un acto. Demasiado optimismo para un esquema que que termina siendo revisado por la palabra pocas veces política de Vilma Ibarra o los amigos que aún mantiene el presidente Alberto Fernández en su cercanía cotidiana. 

En el campus del Instituto Patria, tampoco reina la tranquilidad. Más de un dirigente que suele expresar el pensamiento que debería verbalizar Cristina Fernández de Kirchner ya empieza a frustrarse por su silencio y ausencia de discusión interna. Inclusive los amigos del hijo de los dos presidentes se han quejado por no compartir su última rebeldía, en la que no sólo renunció a la presidencia del bloque oficialista, sino que lo hizo a través de una nueva carta firmada por la misma familia. 

Sin embargo, ni el presidente ni sus ministros pudieron lograr que los gobernadores ni los intendentes peronistas, siempre tan dispuestos a apoyar cuanto pedido viniera de la Presidencia en las épocas de Carlos Menem, Eduardo Duhalde o durante las gestiones de Néstor y Cristina Kirchner. Hoy nadie puso su firma para lo que en el seno de la cúpula albertista consideran un "relanzamiento final de la gestión. Es ahora o nunca". 

La duda es que puede ser nunca, y la plaza que está ubicada en frente de la Casa Rosada se llena de preguntas. Las mismas que rodean a la vicepresidenta. Quienes la frecuentan la saben enojada y hasta frustrada, pero cuando salen del recoleto edificio del Instituto de la calle Rodriguez Peña, en pleno Congreso, empieza el reproche por su silencio. Al peronismo le cuesta trabajar sin conducción.

Y este es el principal problema que aparece en todo el horizonte oficial. No hay quien conduzca. Hay nexos que toman más o menor protagonismo, como Sergio Massa, quien cada vez que hay una crisis asume su rol de pieza clave. Pasada esa etapa, todo vuelve a la normalidad de la desconfianza. 

Mientras esto sucede, Axel Kicilof trata de reinventar una gestión a la que la política ya le ha marcado la cancha. Las diferencias con Martín Insaurralde son notorias y la distancia de Máximo Kirchner es definitiva. La próxima apertura de la Asamblea Legislativa bonaerense será, también para el gobernador su última nueva oportunidad. 

Entre los parámetros de su discurso seguramente habrá párrafos importantes para la respuesta al turismo y el Recreo que organizó en el período estival, Kicilof tratará de remarcar y hacer entender a sus aliados y a la población en general que hubo muchísimas obras encaradas en medio de la crisis pandémica. Él las denominó el 6 x 6, ya que considera que a los cuatro años de Mauricio Macri se sumó "la otra pandemia" del COVID y que por eso serán necesarios otros seis años para recuperarse y crecer. 

En este nuevo período legislativo el jefe de Estado provincial deberá fijar, por una vez, un ámbito de negociación jamás explorado con la oposición para cubrir numerosas vacantes en organismos públicos y de control. Si es generoso, y a pesar de no recibir la feliz noticia de la designación de Federico Thea como presidente del Tribunal de Cuentas, puede soñar con algún proceso que termine con Julio Conte Grand fuera de la Procuraduría General de la Provincia, a pesar que, el mes pasado, todos los fiscales bonaerenses hayan salido en su apoyo.|

Insidiosos, algunos kirchneristas consideran que Kicilof empezó a mejorar su relación con el presidente de la Nación luego que haya recibido la señal que ya no contaba con todo el crédito que antes le daba la vicepresidente y la distancia que ya tiene con su hijo. Sólo habladurías. Sino, habría que contactarse con Juan José Alvarez, el ex intendente de Hurlingham, uno de los más cercanos allegados del ministro Sergio Berni, para que el funcionario de Seguridad deje de incendiar al gobierno nacional.