Cristina nos metió a todos en una cloaca que ella misma creó y ahora odia

Cristina nos metió a todos en una cloaca que ella misma creó y ahora odia

La guerra de los servicios de inteligencia. El abuso de Néstor por las escuchas ilegales a opositores y empresarios. El factor Stiuso. Los mecanismos que aceitaron los Kirchner y que ahora padecen. La oposición con problemas similares.

Pedro Paulin

Pedro Paulin

Néstor Kirchner inauguró un particular hobby para sus fines de semana en 2003 cuando llegó al poder: se recostaba en el sillón del living en su lujoso chalet para escuchar las charlas de periodistas, empresarios y dirigentes opositores que religiosamente entregaba los viernes el jefe de la SIDE de la época, apogeo de Jaime Stiuso. Así pasaron los años, en los que el fanatismo de los Kirchner por los servicios de inteligencia se intensificó y las fotos, las persecusiones, las pinchaduras ilegales y las amenazas se hicieron corrientes, cotidianas, casi legítimas en el sistema Kirchner que Cristina y Néstor compartían. La Justicia encontró las carpetas en el allanamiento a la casa de Cristina y prefirieron no abrirlas, saben que son parte del problema y que hay opositores con los mismos vicios de antaño.

Hoy esa cloaca de violaciones sistemáticas de la intimidad, degradando la Inteligencia nacional y corrompiendo los protocolos que rige la ley par escuchar desde el Estado a los ciudadanos nos arrastra, quieren que nos ensuciemos como ellos y conozcamos el olor del fango de la inmoralidad. Cristina Kirchner quiso entonces, tras haber creado la creatura, contarle a todo el país que el sistema que ella y su esposo inventaron, dañan la calidad institucional, debilitan la democracia y generan mafias paralelas, lo que desembocó en una clase dirigente corrompida y desconfiada de forma transversal. El fallo de hoy fue todo menos mediático y lo demuestra la reacción de la vicepresidenta.

Como siempre, en el manual de Cristina Kirchner, nada de lo sucedido tiene que ver con un error propio, los malos son los de afuera, el mundo complota contra ella y su familia y la oposición es una maquinaria de generar males para debilitar su espacio político, como si no fuera el fuego amigo el que hubiera languidecido el efímero Frente de Todos tal como se lo votó. Los Kirchner siempre fueron incapaces de reconocer errores, pero Néstor supo rodearse de quienes, como Alberto Fernández, marcaba cambios y sugería, por eso siempre dijo en privado que era socio, no empleado de Kirchner. No así con Cristina, quien nunca jamás aceptó otra relación que la asimétrica y sometida, como la que tuvo, tiene y tendrá con Oscar "Pelotudo" Parrilli, como prefiere llamarlo el resto ya no escucha. Alberto tuvo la concreta posibilidad con 80 puntos de imagen positiva de que Cristina dimensione sus debilidades y se achiquen las asimetrías, solo él sabrá por qué eligió no hacerlo.

Cristina piensa que la Justicia es parte del problema, y tiene toda la razón, lo que no puede ver es que esa Justicia es producto de su creación en esos veinte años de injerencia directa sobre ella. Jueces tomados del cuello en los baños, jueces que se mudaban para despistar a la SIDE, fiscales amenazados y uno muerto a un día de exponer su tesis sobre la corrupción kirchnerista, todo una cloaca moral a la que el kirchnerismo, que diseñó los caños e instaló las vías, ahora quiere que transitemos todos los ciudadanos. La oposición no camina por veredas más iluminadas, un juez federal contaba días atrás: "roban los negros kirchneristas, roban los blancos macristas con perfume en Tabac, pierde siempre el país". Sin palabras.

El periodismo también es parte del problema y tiene razón Kirchner, pero no puede entender que haber creado G23 con Sergio Spolzky, cuyo principal logro fue fundir el Banco Patricios y resucitar al tercer día como progresista empresario de medios con pauta millonaria que daba sentido a la existencia del conglomerado de medios sin audiencia. Una promiscuidad, un gastadero de dinero sin audiencias que desgastó el mapa de medios transformándolo en la cloaca que vociferó y persiguió a opositores y miembros de la Justicia, entre otros. 

Cristina entonces detesta todo lo que creó, odia todos los mecanismos que aceitó, detesta los periodistas que engordó con pauta sabiendo que dos más dos le da jueves, pero los hizo millonarios igual, como a Pablo Duggan, quien explicó durante años por qué Cristina era una "ladrona que tiene que ir presa" pero hoy encarnó en la versión pebeta, sensible y alfabetizada de Andrés "Cuervo" Larroque. Lee de corrido y pide a gritos que voten a Cristina, no sabe bien por qué, pero lo pide todos los días.

Otro día más de cloacas y diatribas, de odio, de grieta y de una dirigente que en febrero cumplirá setenta años y dejará la política si cumple con su palabra, habrá sido entonces el final de una de las dirigentes más importantes, históricas impulsivas y corruptas, según la Justicia, de la historia argentina.

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