En el Frente de Todos ya hay un dicho: "Elijo creer"
Las reservas hoteleras vendidas en su totalidad. Las calles llenas de autos, camionetas y camiones. La mayoría de las pymes trabajando a destajo.
Las reservas hoteleras vendidas porque los que antes se iban ahora se deben quedar en el país. Las calles llenas de carritos llevados por seres humanos que están muy por debajo de la línea de pobreza. Los dueños de los pymes ganando como gerentes, con incertidumbre y sus empleados subiendo y bajando de la línea de la pobreza.
Esta es la rápida síntesis anual de 2022, donde hubo un par de responsables para todo este desaguisado. La maldita tozudez de un grupo de dirigentes que si no lo hacen ellos y con sus métodos nada vale. Se autoperciben como los dueños de los votos.
Sino, preguntarle al exministro Martín Guzmán, que hace dos años venía proponiendo y pedía a gritos hacer lo que ahora está haciendo Sergio Massa. Traducción: se perdieron más de veinticuatro meses.
Se dilapidaron oportunidades como las de trazar un plan de acuerdo nacional que contemple a todos los gobernadores, sindicatos y dirigencia política para sacar del atraso y la inflación al país entero. El mayor responsable en esto es el presidente Alberto Fernández, quien no se atrevió, o quizás no supo, pero jamás quiso explicarle a su socia mayoritaria, Cristina Fernández de Kirchner, que era indispensable conciliar con todos.
Con la ruptura generada en septiembre de 2020, de la que hoy se vuelve hablar porque la Corte Suprema le dio la razón, en parte, al Gobierno de la Ciudad, Alberto Fernández no solo le sacó plata a la administración de Horacio Rodríguez Larreta. También rompió todos los puentes que lo unían a él y a quienes estaban con él con el resto de la oposición de Juntos por el Cambio.
No fue el dinero de la coparticipación que le entregó casi en su totalidad a Axel Kicilof para hacer frente del desaguisado policial del aún ministro Sergio Berni, sino, también, fue la pérdida de la confianza y el valor de la palabra que, en política, es todo, aunque cada vez parezca menos.
En estas horas, el oficialismo atraviesa un insólito microclima de “elijo creer”, como ya irónicamente dicen quienes no comparten las miradas optimistas que en algunos lugares sobrevuelan dentro del oficialismo.
Se pide creer. Falta que repitan a coro lo que instauró Mauricio Macri y del cual Máximo Kirchner se hizo eco en su último discurso de meses atrás: "Sí se puede". Pero no es tan sencillo, la desconfianza y el encono que separan las diferentes partes que componen el Todos del frente oficialista es cada vez más imposible de soportar. Se recelan, se maldicen y hasta se amenazan con despidos masivos.
Cuando Cristina Fernández de Kirchner dijo que no iba a presentarse a nada, pero luego aclaró que lo hizo porque la proscribieron, y con ella a todo el peronismo, el resto del partido y los adherentes al movimiento creado por Juan Domingo Perón mezclaron preocupación con especulación. Y así, días después, se supo que todos quieren ser candidatos y a nadie le importa si ella está, o no, en esa competencia.
Hasta los intendentes amagaron con armar internas y competir, no solo en sus distritos, sino en la provincia de Buenos Aires. Rápido, Axel Kicilof, que no quiere saber nada con ser candidato presidencial, les avisó. “El que quiera competir, que lo haga, está buenísimo, pero renuncian a los cargos que tienen en mi gestión”, aclaró.
El mensaje fue directo para Martín Insaurralde, el que más ganas y apoyo tiene para reemplazarlo. Si sucede eso, se transformará en una guerra que terminará, como también alerta el gobernador, en un “todos afuera en 2023”.
En febrero se tendría que ir Juan Manzur de la jefatura de Gabinete de la Nación. Su sueño es ganar como vicegobernador la elección de Tucumán y después volver y retomar, con el aire triunfal, su precandidatura presidencial. Sí. Es cierto. Piensa eso.
Si se va, ¿Sergio Massa avanzará hacia ese casillero y se quedará con el manejo entero del presupuesto? Por ahora, ni lo piensa, y cada vez que le preguntan los manda muy lejos. Sabe que no tiene margen para andar con otras cosas que no sean seguir haciendo equilibrio con la economía llena de cepos y cerrojos.
¿Y si le ponen un ministro de Economía a su gusto? Martín Redrado se fue a trabajar con su amigo Horacio Rodríguez Larreta. Y el primero que lo recibió fue Carlos Melconián, otro que habla con todos y hasta en algún momento fue tentado por la propia Cristina Fernández de Kirchner para que se sume al Gobierno.
El otro que piensa que puede convocar desde el interior es Sergio Uñac. Su proyecto cierra con un triunfo en San Juan y luego presentarse a nivel nacional. Es el anhelo de muchos. Falta que lo conozcan en la principal provincia del país: Buenos Aires. “Eso se hace en quince días. Sino preguntá cómo hicimos con Néstor Kirchner cuando Eduardo Duhalde nos pidió que le diéramos una mano".
El 2022 termina y el peronismo elije creer. Como hace cinco años, cuando en San Luis, Alberto Rodríguez Sáa lanzó el mensaje de esperanza "el 2019 es posible".


