La alegría por el fútbol y la vieja costumbre de mezclar absolutamente todo

La alegría por el fútbol y la vieja costumbre de mezclar absolutamente todo

¿Realmente los argentinos necesitamos que gane la Selección porque somos un fracaso como país? O somos futboleros y punto. Y nos alegra que la pelotita se meta entre los tres palos y punto. Creo en la segunda teoría. Y punto.

Juan Andrés Tuzzi

Juan Andrés Tuzzi

jtuzzi@mdzol.com

Los argentinos tenemos la capacidad de mezclar absolutamente todo. De hacer una ensalada de cosas que no combinan, con tal de encontrar explicaciones o excusas. Con tal de buscarle una explicación lógica a cosas que no las tienen. Con tal, incluso, de reprimir nuestra alegría o emoción por un hecho puntual. Totalmente insano.

Fútbol y política es nuestra ensalada favorita. “Si ganamos el Mundial, dejamos de ser este país espantosamente plagado de pobres, de injusticias, de corrupción, de inseguridad, etc, etc”, piensan. Es más, hasta los propios funcionarios lo creen. Y los de la vereda de enfrente creen que si perdemos, mejor, “así explota todo”. No tiene sentido alguno. Aunque así pensamos.

Pero la idea de esta nota no es seguir mezclando, sino separar los ingredientes de esa ensalada. Pararnos bien lejos de los que creen que “celebramos porque necesitamos una alegría por cómo está el país”.

¿En serio subestiman tanto a la sociedad? ¿En serio creen que si gana la Selección al otro día no nos vamos a acordar de todo lo malo que pasa en este suelo? ¿En serio hay que encontrarle una respuesta lógica a la felicidad ilógica que nos da el fútbol? ¿En serio quieren ser catadores de sentimientos y explicarnos por qué sentimos lo que sentimos por este maravilloso deporte que empezamos a jugar incluso antes de aprender a hablar?

Celebramos, festejamos, lloramos, nos abrazamos con cualquiera que pase cerca porque amamos el fútbol, porque somos fanáticos de este deporte hermoso. Porque nacimos futboleros. No hay explicación lógica y nada tiene que ver la situación política-económica-social de este país arruinado.

Si mañana nos levantamos y la realidad del país es totalmente opuesta a la de hoy, si no hay inflación, si no hay corrupción, si no hay inseguridad, si no hay nada que nos haga mal, vamos a seguir siendo futboleros a muerte y vamos a seguir sufriendo por la Selección, por River, por Boca, por el equipo del barrio y en el picado con amigos.

Al fútbol lo llevamos en la sangre, más allá de los destinos del país. El resto, es discurso. Y una mezcla espantosa que no hace más que subestimarnos como sociedad.

No somos una sociedad que necesita alegrías y que las busca en el fútbol. Somos una sociedad que vive apasionadamente el fútbol, con un amor inexplicable, y punto. Y que, por otro lado, sin que el fútbol tenga algo que ver, sigue esperando las respuestas lógicas de quienes gobiernan.

Ojalá algún día tengamos la capacidad para dejar de mezclar absolutamente todo. Y a la ensalada, la dejemos para el asado del domingo, cuando juega nuestro equipo.

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