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Las señales que anticipan una vendimia triste en el detrás de escena de la visita de Sergio Massa

La orfandad política nacional hizo que se generara una expectativa desmedida detrás de la visita de Sergio Massa. Hubo más gestos políticos que medidas económicas y el sector vitivinícola no despejó algunas dudas de fondo: cómo producir, vender y comprar en una economía destruida.

Demasiadas sonrisas, más abrazos de los esperados y algunos gestos que, aunque algo forzados, no dejan de ser importantes. “Dejemos los egos de lado”, decía el gobernador Rodolfo Suarez para tratar de priorizar la unidad de esfuerzos ante la crisis; al menos en los discursos. Mendoza otras 9 provincias sufrieron duras consecuencias por las heladas tardías y la provincia fue el lugar elegido para anunciar medidas paliativas. Los anuncios no tuvieron el volumen esperado y, además, el ministro de Economía no pudo dar respuestas a las profundas dudas que tienen todas las economías: las dificultades para producir, vender, comprar y exportar.

La visita de Sergio Massa a la provincia generó una expectativa desmedida, quizá porque viene a cubrir una orfandad de presencia del Estado nacional en cualquier problemática local. Massa podía tener un día incómodo porque en Mendoza tiene una presencia ecléctica. Pero, hábil, dejó conformes a todos en lo político, aunque no tanto a los verdaderos destinatarios de las medidas. Desde Jorge Difonso en Cambia Mendoza, hasta Gabriela Lizana en el Frente Renovador, pasando por José Luis Ramón en el Frente de Todos y otros dirigentes en los que Massa diversifica su construcción política local. Juega de local, con camisetas distintas.

Massa decidió venir antes del fin de semana y le llamó al gobernador Rodolfo Suarez para llegar juntos. De hecho lo "pasó a buscar" por Buenos Aires en el avión de una provincia del norte argentino. 

Massistas de distinto origen y un radical, escuchan los anuncios. 

La diferencia con el resto del Gobierno, y que parece alcanzar para ganar relevancia, es que Massa dio la cara y buscó empatizar discursivamente con un problema regional. Hasta ahora todas la medidas proactivas habían mirado solo un sector de Argentina, la pampa húmeda que genera dólares rápidos. Las economías provinciales que crean más trabajo que divisas no habían sido tenidas en cuenta. Solo ahora con la contingencia hubo una mirada desde el poder central.

Los paliativos anunciados requerirán de que la máquina burocrática de los estados nacional y provincial funcionen; y funcionen mucho mejor que hasta ahora. La ingeniería de detalle no está clara, pero sí que muchos pequeños productores que no son sujeto de créditos no podrán acceder a las asistencias formales.

Los ATN que transferirán son fondos discrecionales que dependen del Ministerio del Interior y están creados justamente para contingencias como las heladas que sufrió medio país. Están formados por el 1% de la masa coparticipable, 2% de la recaudación del Impuesto a las Ganancias y el 1% de una parte del Impuesto a los Bienes Personales. Ese grueso de dinero es lo que han usado los Gobiernos para repartir discrecionalmente como un mecanismo de apoyo a los gobernadores amigos, para premiar favores y castigar adversarios. Mendoza está relegada en ese reparto. Ahora recibirá fondos con un destino específico, pero no se sabe en qué magnitud. Tras los anuncios hubo referentes del Gobierno local que hicieron de caza mitos.


 

Massa le pidió ayuda a la provincia en un negocio que conoce de cerca como es el del mercado eléctrico. El pedido apunta a la reducción de la tarifa. Mendoza tiene una línea de subsidio al riego agrícola que ayuda a costear el gasto en electricidad de los pozos de agua. Para el año que viene la provincia tenía previsto destinar 400 millones de pesos para ese fin, mientras que para sostener la tarifa eléctrica se presupuestaron 1350 millones de pesos. No está claro si el pedido de Massa es para sumarle otro descuento a esa ayuda o no. Justamente el presupuesto nacional diagramado por el Ministro de Economía tiene en el servicio eléctrico un eje particular, porque le permite licuar las deudas a las distribuidoras. Es lo que pasa con la mendocina EDEMSA, que debe más de 11 mil millones de pesos por no pagar la energía al mayorista CAMESSA, aun cuando tenía tarifa y recaudaba la plata. Ahora tendrá un plan de pagos de 90 cuotas para pagar, aunque habían recaudado en tiempo y forma. 

Menos empleo y una vendimia triste

Las heladas de noviembre complican la producción de la vendimia 2023.

En el cuarto piso de Casa de Gobierno creen que fueron medidas de bajo impacto porque el volumen de dinero prometido es poco y a repartir con criterios que no están claros. Insisten en que la provincia volcará más de 2 mil millones de pesos para enfrentar la situación.

En el corto plazo preocupa un aspecto clave: creen que habrá menos producción y eso tendrá un impacto directo en el empleo. Por eso el tercer trimestre de 2022 y el primero de 2023, que son históricamente los de mayor trabajo, podrían sentir esa caída. Suarez piensa en medidas que apunten a contener esa situación. “Hay problemas estructurales muy importantes que superan la contingencia de las heladas. Los productores no pueden importar insumos, se los dan a 180 días y los necesitan ahora. El dólar que prometieron no sirve para Mendoza, porque el vino no es la soja: en 30 días no se puede hacer todo y la uva no se guarda. No hubo nada realmente relevante”, describen en el oficialismo. En ese contexto, el sector productivo y el propio Gobierno se prepara para una vendimia triste.