Tratado de Paz y Amistad: un legado vigente

Tratado de Paz y Amistad: un legado vigente

Se conmemoró un nuevo aniversario de la firma del Tratado de Paz y Amistad de 1984 entre Argentina y Chile. Esta fecha tan importante en las relaciones bilaterales, pasó casi inadvertida para muchos argentinos y chilenos.

Francisco Orrego Bauzá

Bajo la exitosa acción mediadora de la Santa Sede, ambos países lograron poner fin a una serie de divergencias limítrofes, que los tuvieron al borde de una guerra fratricida, junto con establecer las bases de un innovador y complejo sistema de solución de controversias. Han pasado 38 años desde aquel histórico momento en que los Cancilleres de ambos países, dejaban atrás años especialmente complejos en las relaciones bilaterales y renunciaban a perpetuidad al uso de la fuerza para resolver sus diferencias.

Siguieron a la firma de este tratado, un periodo de amplio y fecundo desarrollo y profundización de las relaciones políticas, económicas, comerciales y culturales, como pocas veces vistas en nuestra historia bilateral. Sucesivos gobiernos en ambos lados de la Cordillera de Los Andes, con mayor o menor énfasis, hacían esfuerzos importantes para reforzar estas relaciones.

Conscientes de que los tratados no aseguran per se la ausencia de diferencias o controversias de todo índole, el Tratado de Paz y Amistad tiene el mérito de establecer un mecanismo sucesivo e integral de resolución de conflictos, que comienza con las negociaciones directas, continúa con la conciliación y termina con un tribunal arbitral.

Este mecanismo ha probado ser útil y ambos países han recurrido a él para resolver sus diferencias, privilegiando el diálogo y los acuerdos. Aunque este tratado no asegura la ausencia de conflictos entre ambos países, el Tratado de Paz y Amistad ciertamente da las garantías necesarias de que ellos se resolverán en términos amistosos entre dos países hermanos. Actualmente, ambos países tienen vigente una controversia en torno a la fijación de los límites de la plataforma continental extendida en el Mar Austral, generándose una diferencia interpretativa del texto del Tratado de Paz y Amistad.

Aunque ambos países reclaman para sí vastos y estratégicos territorios marítimos y antárticos, así como la correcta interpretación del derecho internacional aplicable, lo destacable del caso es que se ventila bajo el ámbito de aplicación del sistema de solución de controversias previsto en el Tratado de Paz y Amistad.

Argentinos y chilenos debemos sentirnos agradecidos y orgullosos de todas aquellas personas que, durante los momentos más difíciles y complejos del año 1978, pusieron toda su experiencia, capacidad y voluntad para lograr la paz y superar las diferencias. A ellos debemos que el Tratado de Paz y Amistad sea hoy un legado que perdurará por varias generaciones.

¡Larga vida al Tratado de Paz y Amistad!

* Francisco Orrego Bauzá es abogado y columnista chileno

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