La certeza política sobre el escenario 2023 que también incomoda
En un país plagado de incertidumbres, Mendoza tiene algunas certezas sobre lo que va a pasar en año que viene; algo que podría ser una ventaja comparativa pero que, en realidad, plantea un esquema de poder que no es necesariamente bueno. Un resultado electoral que parece cantado, pero con más ambiciones que ideas. Equilibrio en las cuentas como máxima intangible, pero con deuda pesada y sin creatividad para invertir los recursos. Una justicia que trabaja de manera mucho más eficiente, pero que no investiga a los propios. Certezas que generan un escenario con expectativas discretas hacia el futuro.
El panorama electoral en el país es tan incierto que hasta está en duda el mecanismo de votación y las coaliciones que aspiran al Sillón de Rivadavia tienen una crisis interna por pánico escénico o resentimiento. En Mendoza habrá tres escalas electorales con intentos de salvatajes individuales y una diáspora interna dentro del radicalismo que pinta cómo se estructura el poder en ese partido: los precandidatos a gobernador se disputan el poder como quien espera un anticipo de herencia; son jóvenes dirigentes sin rebeldía que disputan el derecho que se creen ganado más por su voto de fidelidad, que por su proyecto de futuro.
Certezas
Mendoza se maneja en la política con varias certezas. La primera de ellas es que Cambia Mendoza mantendrá el poder el año que viene. En base a esa máxima se manejan en el oficialismo, gracias a lo que dicen las encuestas, al enorme favor del Gobierno nacional y a la idea ya enquistada del PJ de ser oposición por siempre. Los radicales están cerca de cumplir algo que se transformó en un fetiche. Se trata de tener tres gobernaciones radicales seguidas, algo que no ocurrió nunca y que solo el PJ logró con Bordón, Gabrielli y Lafalla. El dirigente del PRO Omar De Marchi es la máxima amenaza a esa idea y más allá de las tenciones esperan que el diputado nacional se mantenga dentro de la coalición para dirimir la candidatura en las PASO. Los radicales confían en que habrá algún “aleccionamiento” nacional dentro de ese partido para que De Marchi no saque los pies del plato oficialista como le piden todas las fuerzas políticas que fueron atomizadas en 2021 y que dibujaron un escenario electoral raro: Cambia Mendoza ganó cómodo, pero quedó inflado por el pésimo desempeño del PJ y la mala estrategia de los partidos chicos.
La idea sobe el futuro gobierno aumenta la expectativa en la pelea por el poder interno de Cambia Mendoza, como si fuera la disputa directa por la sucesión. Hay algunos juegos perversos allí. Cornejo parece cada vez más lejos de ese deseo (si accede a volver, sería casi a desgano, como premio consuelo o como simple escalón para un cargo en el Ejecutivo nacional), y los dos dirigentes que más chances tienen de ser elegidos se mueven aún así, como potenciales herederos sin proyecto propio. Tadeo García Zalazar y Ulpiano Suarez no son tan jóvenes como aparentan, pero construyen con la idea de una agenda renovada. Tienen consignas que empatizan, pero se hacen la pregunta errada. Dicen: hay que emitir menos gases efecto invernadero y contaminar menos. Pero si aspiran a gobernar deberían decir “cómo producir, generar empleo y disminuir la pobreza sin contaminar, sin agua y sin generar gases efecto invernadero”. El paso de planificar ciclovías a generar producción es enorme. El Gobernador Rodolfo Suarez opera asegurando que el “elegido” es Ulpiano, pero es más un mensaje de presión hacia Cornejo para que sea candidato que una realidad. Tadeo descansa en ser el único dirigente de real confianza de Cornejo, pero la parsimonia puede jugarle en contra. Y hay un dirigente que aún no entra en el radar rapaz de los operadores y que tiene algunas ventajas. Se trata de Lisandro Nieri, que tiene la ventaja de no tener enemigos internos y un respeto como pocos. El diputado tendrá un rol importante en el futuro, pero no está claro cuál será.
Nuevamente, el “enemigo” a esas aspiraciones radicales está dentro. De Marchi es el candidato interno a vencer, siempre y cuando se mantenga como rival interno. En la vereda de enfrente, los radicales reciben buenas noticias. Que La Cámpora siga dominando el PJ local es un canto dulce para su futuro, pues no les hace falta pensar un discurso más creativo para construir un enemigo.
Orden, sin creatividad y justicia a medias
La otra certeza que tiene Mendoza es que hay alguna conducta fiscal que parece estable. Esto no significa que la economía esté bien, pues ocurre lo contrario. Pero sí que parece haber aprendido rápido la lección del 2015. Como ocurre en otros países, tener las cuentas ordenadas no es un tema de derecha, izquierda, progresistas, conservadores o quien fuera; es un tema de ser serios o no. Rodolfo Suarez propuso que el orden fiscal sea parte de una cláusula en la Constitución y es un dato señero. Ejecutarlo será más complejo para quienes gobiernen en el futuro pues además de heredar esa filosofía, también recibirá los pagaré en dólares que deberá saldar. Más de 500 millones de esa moneda que comenzarán a vencer. Por eso el Gobierno tiene como prioridad improvisar un canje: endeudarse en pesos, ir al central a cambiar por dólares y saldar los compromisos con los bonistas antes.
El orden financiero no está acompañado por la creatividad para invertir. Tanto, que Mendoza tiene recursos que no sabe cómo aplicar y hasta pide financiamiento por segunda vez para una obra tras haber tropezado con sus propios obstáculos (es lo que ocurre con el acueducto ganadero de Montecomán). El Gobernador insiste con la formalidad para el uso de los 1023 millones de dólares que tiene parados, mientras los empresarios de la construcción nucleados en las dos cámaras esperan sentados y se quejan pasivamente, pero sin mayores gestiones propias.
También es cierto que en Mendoza la justicia ha tenido un cambio enorme en su funcionamiento. En ese poder del Estado es donde más reformas se ejecutaron. Procesos orales, más celeridad, resolución rápida de causas gracias a la tecnología; mediación laboral que achica la litigiosidad, procesos civiles orales y una reforma en la Corte que promete mejorar el trabajo y disimular un poco más las fidelidades partidarias de los jueces. La justicia parece funcionar y esa es una buena señal. Parece funcionar, salvo que haya que investigar a alguien propio; a quienes tienen el poder político. Una muestra en frasco chico se vivió con el caso Bonarrico. El subsidio que se le otorgó pecaba de abuso de confianza, pues no se había seguido ningún canal convencional (como hubiera sido otorgarlo vía FIDES).
La causa iba destinada a quedar en nada, pero eligieron el camino más corto para cerrarla; como una muestra de poder. Ningún funcionario se sometió a proceso como “hijo de buen vecino” y prefirieron tirarle el peso de la influencia sobre la justicia arriba. El ministro Víctor Ibáñez, que pretende ir a la Corte, eligió no declarar y todos le hicieron caso, sobre todo en Tribunales. Aunque no someterse voluntariamente a la justicia parezca una prueba de hombría interna, no es una buena señal hacia afuera, como tampoco lo fue el traslado intempestivo de un jefe de fiscales que solo se le ocurrió darle vista a un expediente que denunciaba al exgobernador Alfredo Cornejo. Es una mala señal que tiene repercusiones, como lo tuvo el intento de reforma de la Corte sin cambios y que motivó hasta un editorial de medios nacionales.
Una característica que aún no es certeza pero puede convertirse en lamento eterno es la queja y el golpe a la autoestima mendocina. La provincia pasó de ser orgullosa, a caprichosa. Es real que hay discriminación hacia la Provincia en el reparto de fondos discrecionales, como los subsidios a los servicios, los ATN y las obras. Pero el discurso se parece cada vez más al de La Pampa (queja sin acción) que al de Córdoba (que se queja, pero produce y acciona contra la Nación).
El lamento mendocino va en consonancia con la decadencia. Mendoza se recuperó menos que el resto de las provincias luego de la pandemia y aunque logró mejorar los indicadores de empleo (más gente busca y encuentra trabajo), la calidad de la vida cotidiana empeoró. Los mendocinos trabajan más, pero tienen peores condiciones, menos ingresos y trabajos más precarios. Un dato que ilustra en parte el deterioro de la matriz económica es el de las exportaciones. Mendoza tiene un sector privado potente, pero adormecido. Y hoy exporta menos, en comparación. “Mendoza ocupa el séptimo lugar en el ranking de provincias exportadoras… vendió al mundo USD 802 por habitante en 2021, situándose en el puesto 13 del ranking. El monto por habitante exportado por Mendoza resulta pobre si consideramos que es un 19% menor al monto exportado per cápita hace 10 años”, resumen desde el Consejo Empresario Mendocino.
Las certezas que hoy tiene la política mendocina (que obviamente pueden cambiar por la propia dinámica) no deberían ser un punto de descanso, pues la realidad puertas afuera del poder es mucho menos tranquila que la estabilidad que siente el grupo de alrededor de 1000 personas que rodean al poder político que desde hace 7 años gobierna la provincia en el Ejecutivo y los municipios. Justamente allí está otra certeza que incomoda: hay funcionarios que exceden un mandato de gobierno y hasta se peinan para la misma foto el 9 de diciembre del 2023; una muestra que no alcanza con evitar la reelección del gobernador para que un grupo colonialice el poder.