Los dos grupos más maltratados que pueden definir la elección
Son los grupos que más sufren la desigualdad y los más golpeados por la pandemia. También ahora, los más buscados para captar el voto. Los jóvenes y los adultos mayores son sujetos de deseo de las últimas horas de una campaña electoral en la que los candidatos no lograron generar empatía con la ciudadanía; a tal punto que la principal duda es el nivel de participación que pueda haber.
Hay una aparente anomia política. Pero la sola argumentación del por qué de esa bronca ya es una actividad política importante. Lo que probablemente pase es que sale a superficie, justo en período electoral, el distanciamiento entre la ciudadanía y sus representantes. También con los partidos. Así, por ejemplo, la participación ciudadana en los partidos políticos es la más baja desde el año 2000 (bajó la cantidad de afiliados a menos de 8,1 millones).
Jóvenes y adultos mayores. En boca de todos, pero fuera de la agenda real. Con "voceros", pero sin voz. Y determinantes en una elección en la que el primer desafío de los candidatos es motivar la participación. Los jóvenes argentinos son los que más sufrían la desigualdad y son también los más golpeados social y económicamente por la pandemia. Fueron los que vivieron casi un año y medio con escuelas y universidades cerradas y quienes están golpeados por la desocupación: el índice de desempleo juvenil duplica al general. Mucho más entre las mujeres.
En la agenda pública ocurre un fenómeno particular: los candidatos intentan seducir a los jóvenes, pero lo hacen a manera de "intérpretes"; no cediendo participación propia sino generando instancias sobreactuadas: hablando de sexo con groserías, disfrazándose de ecologistas y otras artimañas. En realidad los problemas de los jóvenes son mucho más tangibles y evidentes. Lo notaron, por ejemplo, las docentes que cuando abrieron las escuelas secundarias a la presencialidad total vieron más bancos vacíos de lo esperado.
Más de 8 millones de jóvenes de hasta 29 años pueden votar en Argentina. Si lo hacen positivamente son determinantes y por eso el nerviosismo. La generación de la democracia y de la virtualidad, tendrán influencia real. En las listas están subrepresentados. En Mendoza, por ejemplo, salvo algunas excepciones los principales candidatos eran ya parte del establishment político en la época del que se vayan todos.
Esa impronta va más allá de la vidriera de las candidaturas, pues la gestión política de los partidos responde a los mismos cánones que en esa época. Del grupo de electores jóvenes hay 861 mil que no están obligados a votar. Son los que tienen entre 16 y 18 años. Los sub 30 también seguirán con baja representación. Hoy la Cámara de Diputados de la Nación y el Senado tienen un promedio de edad superior a los 50 años.
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En el otro extremo de la pirámide poblacional están los adultos mayores, los que más sufrieron el aislamiento y también el maltrato; desde jubilaciones a la baja, hasta maniobras que rozan la demagogia con la entrega de recursos por goteo (lo que le descontaron con la no aplicación de la sentencia de la Corte y los cambios en la fórmula para calcular los aumentos, lo entregan como "dádivas" a través de bonos).
En Argentina los mayores de 70 años no tienen obligación de votar. Pero los adultos mayores tienen una cultura cívica arraigada y miran la realidad con una perspectiva distinta, tomando mayor distancia que las urgencias de coyuntura. Las elecciones 2021 serán particulares por la pandemia. El 10,2% de la población del país tiene más de 65 años. También puede ser definitorio su voto positivo o si hay más ausentismo del habitual.


