Lo que ningún partido político discutió

Lo que ningún partido político discutió

Los spots de la campaña electoral dieron de qué hablar: las producciones vacías de contenido, las chicanas e insultos cruzados entre uno y otro partido y candidatos, las burlas, los errores. Pero hay algunos datos de los que no hablaron ni el oficialismo ni la oposición

Augusto Guisasola

Augusto Guisasola

Que nos reímos y enojamos, seguro; y cómo no hacerlo. Los spot de la campaña electoral previo a las PASO llegaron a los límites de siempre, es decir, ninguno. La gente y el periodismo habló mucho sobre lo distinguidamente berretas que habían sido las producciones de los spots. Sin embargo, en mi humilde opinión, no fueron más bochornosas que el clásico "dicen que soy aburrido", de De la Rúa, o la simulación de acento provinciano de Massa con su "para vo 'quetajaí'", y que forman parte de lo que circuló en las últimas décadas.

Por poner algunos ejemplos, Guillermo Moreno acudió a una tradicional estética nacionalista y peronista: la vecindad, los trabajadores, la industrialización; Juntos no escatimó experimentos, desde la "Santileta" (una camioneta que se terminó rompiendo y tuvieron que remolcarla) a la payasesca coreografía de Vidal junto a Quirós y Larreta haciendo un juego de apariciones para explicar algo referido a las vacunas; el Frente de Todos acudió al recurso (contrafáctico, si se quiere) de que mañana todo va a estar bien, porque "ahora sí llegó la hora de poner a la Argentina de pie", también acudió a la estrategia de apuntar contra la oposición: "nosotros sí podemos mirar a los ojos", dijeron Tolosa Paz y Gollan en una clara alusión a la oposición. Y así.

La izquierda con el Frente de Izquierda de los Trabajadores imitó a los personajes de la exitosa serie de Damián Szifrón, Los Simuladores; Milei, Espert, es decir, esas terceras fuerzas más o menos consolidadas como tales, también tuvieron lo suyo. Nicolás del Caño con sus tópicos de la lucha salarial de los y las trabajadoras, los libertarios con el registro verborrágico y el libre mercado. Y así.

Pero ninguno habló de un proyecto de país, de soluciones, de lo que es y no es tan claro en Argentina, que presenta indicadores tan preocupantes como los que presentaba en 2000/2001. Casi 50 por ciento de pobreza, la población en edad de trabajar arrastra un lamentable 42 por ciento de empleo cuasiformal, ya sea como monotributista o pagos no registrados, otro 10 por ciento está desocupado, y el resto, ese 48 por ciento, está en la informalidad total.

Según datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) para América Latina y el Caribe, Argentina es el país con mayor desempleo juvenil de Latinoamérica. Para la población de varones de hasta 29 años, la desocupación alcanza un 17 por ciento, mientras que en mujeres es mayor: casi el 25. Con estos números, alcanza para subrayar que alrededor de 6 de cada 10 jóvenes que tienen trabajo en el país lo transitan de manera informal, con condiciones precarias respecto de cobertura social, aportes jubilatorios, obra social, etc.

Actualmente, el Gobierno nacional tiene funcionando 141 programas sociales. Algunos son universales y no implican una contraprestación, como el IFE y la Asignación Universal por Hijo; otros son discrecionales, es decir, que sólo se accede mediante organismo o institución a la que el Estado le baja fondos para que estos se encarguen de repartirlos. Un clásico del clientelismo, se dice. Estos planes y programas, esta presencia del Estado, son en todo caso lo que no permite que el país vuele por los aires al son de los estallidos sociales. Por eso, mejor presencia que ausencia del Estado, por lo menos en estos escenarios y con estos números tan de emergencia. 

Los proyectos que no existen

Parte de los políticos que quedaron marginados son, precisamente, los que señalaban propuestas concretas: Juan Grabois y Eduardo Belliboni son, solo por poner dos ejemplos, algunos de los que sí acercaron propuestas que podían resumirse en "menos planes sociales, más trabajo". Sin embargo, quedaron totalmente marginados de las listas. 

La falta de proyectos por parte de los políticos angustia tanto a la población, joven sobre todo, que sumado a lo que acarreó la pandemia moldean una realidad que, encima, aparenta instalarse por buen rato. 

Habrá que ver qué sucede. La últimas décadas señalaron que la asistencia estatal es indispensable en momentos de crisis profunda, pero también el techo al crecimiento a largo plazo. La solución no puede seguir siendo planes y programas sociales eternos, por lo menos no de manera aislada. A la cultura le está jugando una dudosa partida y son los propios dirigentes sociales los que denuncian esa realidad herida.

Para terminar, lo obvio: el país necesita un programa que supere estos ciclos interminables, este bucle argentino que se repite, que se repite, y repite.

Fuentes: INDEC, OIT

Temas

¿Querés recibir notificaciones de alertas?